El Día del Libro se reinventa en una fiesta virtual para fomentar la lectura

  • La cultura sigue activa en Galicia en los tiempos del coronavirus y bibliotecas, autores y editoriales organizan actividades a través de las redes sociales para mantener viva la fecha
23
Apr
2020
"Balcóns de lectura". Foto: Biblioteca Pública de Lugo

Será un día atípico tal y como estamos acostumbrado a vivir el Día del Libro. Una fecha simbólica para celebrar e impulsar la cultura, la lectura y reconocer la labor de todos los que nos permiten sumergirnos en historias ajenas o viajar a través de páginas, o dispositivos electrónicos. Pero este año no habrá eventos en las librerías ni en las bibliotecas, ni ferias, ni firmas de los autores. En 2020 el Día del Libro se reinventa y traslada a Internet una fiesta virtual que ofrece en Galicia un largo índice de actividades y propuestas. Hoy no importa en qué lugar estés, todas están a tu alcance. ¿Quieres conocerlas? ¿Tú cómo celebras la lectura?

Las bibliotecas públicas de la Xunta se han lanzado a las redes para seguir en contacto con los lectores y usuarios organizando iniciativas como “Balcóns de Lectura” en la de Lugo.

Una ruta digital por librerías, escritores y mediadores culturales que desde sus balcones dejan sus sugerencias y sus textos para luego publicarlas en Internet y que podamos disfrutarlas. Recomendaciones que también impulsa la Biblioteca Pública de Ourense a través de distintas acciones en redes.

En A Coruña, la González Garcés puso en marcha el concurso “Encriptados”, en el que los participantes dejan un mensaje en su Facebook con el título del libro que están leyendo durante el confinamiento descrito en emoticonos. A partir de hoy podrá verse el resultado y ¡habrá que adivinar a qué libros corresponden!

La red de bibliotecas municipales coruñesas también ha lanzado la campaña “Mollámonos polo libro” a través de sus canales virtuales y se presentará la iniciativa “Lemos para ti”, un conjunto de narraciones orales que los bibliotecarios difundirán en Spotify y en la radio.

La censura literaria a lo largo de los siglos es el eje de la exposición virtual que impulsa la de Pontevedra. “Libros prohibidos” que podrás conocer hasta el 15 de mayo en su página web. 

Y si lo que quieres es viajar sin salir de casa, la biblioteca pública de Vigo Juan Compañel invita a sus usuarios a llenar en sus redes sociales una guía de viaje y una guía de lectura con sus lugares y libros destacados. Este particular mapa podrá recorrerse hoy, como también la exposición virtual “Libros y ciudades: calles, relatos, caminos convergentes”. En ella se repasan obras significativas de la literatura gallega e internacional, destacando fragmentos que describen los lugares en los que transcurren.

Y tú, cómo lees, ¿en papel?
¿o en formato electrónico?

Por su parte, la biblioteca de Santiago Ánxel Casal ha puesto en marcha el relato colectivo "Conto a moitas mans", una historia colaborativa a través en este caso de Twitter

Desde la Cidade da Cultura, la Biblioteca de Galicia destacará algunos títulos con ejemplares únicos que se encuentran en la red de bibliotecas gallegas.

Además, la Librería Institucional de la Xunta propone que visites distintas obras, desde infantiles y juveniles a históricas y epistolares.

Recuerda que la plataforma Galicia Le ha facilitado el acceso a todos los públicos y sólo tienes que registrarte online para disponer de más de 4.500 títulos.

Los museos también participan de la celebración del Día del Libro. Los que forman parte de la red de la Xunta realizan todos los años un “bookcrossing”, un proyecto conjunto con bibliotecas de museos y centros de arte de toda España que en esta ocasión ha tenido un gran espacio en las redes. Cada centro participante compartirá en línea un libro de su colección o catálogo para consultar o descargar. La Biblioteca Artium de Victoria será la encargada de elaborar un vídeo y difundirlo.

Biblioteca Pública de Galicia. Cidade da Cultura

Otra de las propuestas que el Día del Libro ofrece en Galicia es la lectura a través de las redes. La editorial gallega Hércules de Ediciones lo hace a través de sus perfiles en Facebook e Instagram. A partir de las 13.30 horas abren sus obras y sus pantallas José María Paz Gago, Isabel Villanueva y Estefanía Padullés, entre otros.

Los autores gallegos y las editoriales se vuelcan en las redes para conectar contigo

La campaña #envozpropia de Xerais permite que escuchemos de la voz de los propios escritores fragmentos de sus obras. Si quieres conocer a los autores gallegos contemporáneos no dejes pasar esta oportunidad: Manuel Rivas; Pedro Feijoo; Rosa Aneiros; Ledicia Costas; María Xosé QueizánMaría Reimóndez; María Solar; Antonio García Teijeiro; Marcos Calveiro; Diego Ameixeiras y Yolanda Zúñiga son algunos de ellos. Sigue en redes sociales las etiquetas #envozpropia; #librosxerais; #literaturagalega; #quedanacasa.

A nivel nacional, el grupo Penguim Random House programa una fiesta en directo entre las 9.30 y las 22.00 horas en su Instagram @Megustaleer en la que participarán autores gallegos como Manuel Rivas, Andrés Suárez, Arantza Portabales y Manuel Jabois.

Como ves, tienes mil y una propuestas para rendir homenaje a la lectura. Un viaje por la literatura y por Galicia sin salir de casa. ¡Celebra hoy la fecha, pero lee todos los días!

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BOX Purefy, un contenedor que desinfecta y reduce la transmisión del coronavirus

  • La empresa gallega MyBOX Experience fabrica en Ourense el primer túnel de desinfección portátil, que además mide la temperatura corporal y permite la comunicación con centros sanitarios
28
Apr
2020
Túnel de desinfección. Foto: MyBOXExperience
Recreación del box en la entrada de un hospital. Foto: MyBOXExperience

Galicia tiene un nuevo mapa, que ahora está señalado con puntos de solidaridad, talento, investigación, tecnologías innovadoras de empresas que reinventan su producción para estar al servicio del bienestar de los demás. Uno de estos puntos está en el polígono de San Cibrao das Viñas, en Ourense, desde donde MyBOX Experience plantea espacios a partir de containers marítimos. Desde 2014, reutiliza, rediseña y da vida y forma a las ideas, desde stands comerciales a piscinas y viviendas vacacionales. Con la llegada del coronavirus, descartaron parar y decidieron buscar un proyecto que pudiera ayudar en la protección de las personas.

Así nace BOX Purefy, un contenedor que desinfecta exteriormente en seis segundos y toma la temperatura a las personas para evitar la propagación del Covid-19.

Al ser portátil y de fácil instalación, está concebido para situarlo por ejemplo, a la entrada de hospitales, estaciones de transporte, universidades, o centros, de trabajo o de ocio, con gran tránsito.

¿Y cómo funciona? El túnel tiene un pasillo de entrada y otro de salida, ideado de modo bidireccional para el paso de varias personas. Cuenta con dispensadores de hidrogel, control de temperatura corporal con infrarrojos y cámaras térmicas, y zona de alfombra húmeda para desinfectar también la suela de los zapatos; así como diferentes opciones de control de accesos y de presencia. 

Cuando caminas por el interior, el box desprende una solución que reduce la carga viral y bacteriológica, y te desinfecta, eliminando gérmenes, bacterias, hongos y virus, un tratamiento que es además natural, porque la ecología también importa en este proyecto. 

La empresa ultima la fabricación de Box Purefy. Foto: MyBOXExperience
Box cedido para la recogida de muestras en Ourense. Foto: MyBOXExperience

MyBOX Experience utiliza como tecnología Airlite, una pintura exterior e interior que purifica las superficies pintadas y el aire. La ecopintura convierte las paredes en un purificador natural del aire, gracias al efecto de la luz, eliminando microorganismos y otros productos contaminantes. Un box completamente ecológico.

La innovación de esta empresa gallega, con su CEO, David González Rey al frente, está trabajando también para dotar al contenedor de interconectividad con los departamentos de Recursos Humanos o de Sanidad con el usuario a través del móvil, para aprovechar la medición de la temperatura corporal e informar de si está bien o no para así hacerle un test rápido. En el caso de que fuera positivo las autoridades sanitarias estarían informadas.

El prototipo de Box Purefy se fabrica en Ourense, con el asesoramiento y apoyo de instituciones públicas, científicas y sanitarias, y el interés de una multinacional. Además, los componentes con los que producen son 100% nacionales.

Desde MyBOX Experience ultiman los detalles de su túnel de desinfección y ahora también una versión "mini", un arco para locales más pequeños, así como el testado de todos los productos para que sea lo más ecológico y funcional posible, probando desinfectantes neutros inocuos para las personas o animales.

El contenedor marítimo sigue creciendo en su proceso de transformación y comercialización, a la vez que empiezan los pedidos y aumenta el interés de varias empresas para verlo colocado en Galicia, España o Europa. Por el momento el que ya cumple su función es el container que MyBOX ha cedido al Sergas en Ourense para acoger la recogida de muestras del estudio de seroprevalencia que se realiza estos días en la comunidad. Que la innovación gallega no pare.

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La automoción gallega desarrolla respiradores artificiales para luchar contra el coronavirus

  • La planta de Vigo de PSA y el Centro Tecnológico de la Automoción de Galicia se han unido al proyecto solidario de la tecnológica coruñesa Bionix y fabrican una unidad de impulsión de aire reutilizando componentes de los coches
17
Apr
2020
Desarrollo de respiradores artificiales. Foto: Groupe PSA

La industria gallega se ha transformado para luchar contra el coronavirus, empresas que no paran, pero cambian su producción para sacar miles de mascarillas o batas de sus máquinas de coser, y sectores como el de la automoción que reutilizan componentes de los vehículos para colaborar en la fabricación de respiradores para los pacientes de Covid-19. 

Es el caso de lo que está ocurriendo en Vigo, donde el grupo PSA y el Centro Tecnológico de la Automoción de Galicia trabajan en el desarrollo de la unidad de impulsión de aire para los respiradores artificiales que ha ideado la compañía de alta tecnología Bionix.

Son la colaboración y las sinergias que se crean entre todos las que se marcan objetivos y consiguen poner en marcha ideas para ayudar a los demás, y eso es lo que se está haciendo en Galicia, unir fuerzas,  solidaridad, tecnología y mucho talento gallego para avanzar lo más rápido posible hacia la posible industrialización de un recurso imprescindible para la supervivencia  de los enfermos más graves.

La tecnológica coruñesa Bionix lidera en Galicia un consorcio de empresas volcadas en sacar adelante este proyecto solidario que pueda aportar una solución a las necesidades de los hospitales.

Se trata de que en el caso de un posible recrudecimiento de la pandemia, poner a disposición de la sanidad, si así lo demanda, una solución que permitiría complementar las capacidades existentes en equipos de respiración cumpliendo todas las exigencias de validación médica.

El papel que juegan PSA y CTAG se centra, como explican, en “tareas de diseño, prototipado y pruebas funcionales y de robustez, colaborando en el desarrollo del sistema electrónico de regulación de la mezcla de oxígeno con el aire y de sistemas alternativos de impulsión de aire”

Para ello se aprovecha la reutilización de componentes de los vehículos fabricados en la planta de Vigo, que ofrecen “alta fiabilidad”.

¿Y cómo se consigue llevar a cabo una empresa de tal importancia? 

El 18 de marzo, apenas cuatro días después de que se decretara el estado de alarma, el proyecto de Bionix nació para paliar un posible colapso sanitario. Constató la necesidad que hay de respiradores cuando las cifras de afectados no habían hecho más que empezar a sumar. 

Ese mismo día comenzaron con el diseño conceptual de mecánica, hidráulica y software y el Clúster TIC Galicia coordinó la integración de otras empresas, del sector metalmecánico, de la impresión 3D y la electrónica, un “equipazo”. Y de la automoción.

Respiradores desechables. Foto: Ceaga

Teniendo la tecnología, el material y la capacidad de fabricar en serie consiguieron un prototipo asesorados por personal médico, la Fundación Novoa Santos también participa. La compañía tiene experiencia en la obtención de certificados por parte de la Agencia Española del Medicamento y conoce el procedimiento para homologar el prototipo, que el pasado 24 de marzo ya fue presentado a responsables de la Xunta para su ensayo en centros hospitalarios.

Pero es que todo lo que ha venido después es un paso tras otro de solidaridad y tecnología. Bionix dona el software de forma gratuita y el consorcio ya cuenta con las aportaciones de Cinfo, Electrónica y Comunicaciones, 3DAtlántico, Grupo Caamaño y Tatto Contract, y del sector de la automoción del CTAG, PSA, y el Clúster de Empresas de Automoción de Galicia (Ceaga).

Precisamente de esta última colaboración con Ceaga empezaron a producirse las primeras válvulas de los respiradores de patente gallega.

Tres empresas que participaron en la Business Factory Auto, de la Red Gallega de Aceleradoras, Lupeon, Nort3D e Inmake se unieron a la iniciativa sin ánimo de lucro y tienen una capacidad para fabricar en conjunto 900 válvulas desechables para los ventiladores hospitalarios cada 10 horas.

“Estas tres compañías, competidoras entre sí, compartieron recursos para montar en poco tiempo prototipos de válvulas desechables para respiradores, respiradores automáticos y sistemas de protección”, explica Ceaga, que aporta fondos para la compra de los materiales necesarios.

El proyecto apenas tiene un mes de vida y continúa avanzando con talento gallego, solidaridad y tecnología al servicio de la sanidad. Esperamos poder contar pronto que estos respiradores artificiales se están fabricando en serie para ayudar a salvar vidas en los hospitales de Galicia. No dejes de ver el siguiente vídeo del CTAG, que quiere agradecer a su personal el enorme esfuerzo que hacen y su colaboración en iniciativas solidarias como esta con el fabricante de coches PSA para producir respiradores mecánicos.

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La energía eólica sopla con fuerza en Galicia y generará más de 8.000 nuevos empleos en diez años

  • El potencial de este sector empuja a la comunidad a liderar la transición energética contra el cambio climático, con una producción que evita la emisión de nueve millones de toneladas de CO2
15
Apr
2020

Soplan nuevos tiempos para la eólica, con la fuerza del viento gallego y un aire limpio que sitúa a las energías renovables como la gran apuesta de una Galicia que quiere ser todavía más verde. Adiós energías contaminantes, las fuentes limpias y eficientes han llegado para quedarse y la comunidad se está preparando para liderar la transición energética contra el cambio climático con todo el empuje de la eólica.

El impacto medioambiental no solo suma para que este sector sea clave para Galicia. También el económico, con cifras tan millonarias e inmensas como las palas al viento que giran en los altos gallegos. Palas que superan los 50 metros de largo y aerogeneradores que quieren rozar el cielo con su altura de casi 100 metros. Números gigantescos.

Y el impacto se traduce también en empleo estable y de calidad. Se espera que en la próxima década la construcción de parques eólicos en la comunidad generará más de 8.000 nuevos puestos de trabajo. Y aquí te lo vamos a contar.

Porque el 2019 ha sido el año del resurgir de la eólica en Galicia. Porque la comunidad se ha convertido ya en una referencia en energías limpias y es la tercer española con nueva potencia instalada en 2019. Las cifras así lo demuestran, con la entrada en funcionamiento de 18 plantas eólicas con una potencia de 416 megavatios. Y no solo por los datos del año pasado, en total instalada solo la superan Castilla y León y Castilla La Mancha.

La construcción de estas 18 infraestructuras en 2019 supuso una inversión de 509 millones de euros y dio empleo a casi 2.400 personas. Seis de ellas son de la gallega Norvento, capaces de suministrar electricidad a 90.000 hogares

Más cifras interesantes. La generación de esta energía en 2019 permitió cubrir el 45% de la demanda eléctrica, y se espera que este año represente el 35% del total, superando con creces las medias estatales. El objetivo, que en cinco años Galicia produzca energía cien por cien renovable. Es un camino ambicioso en la lucha contra el cambio climático. Y es que la producción eólica evitó el año pasado la emisión de siete millones de toneladas de CO2.

Parque eólico en Cabo Ortegal, Galicia

¿Y cuáles son las perspectivas para 2020? Durante este año podrían empezar a operar otros seis parques, y Galicia podría llegar a cerca de 4.000 megavatios de potencia en 187 plantas. 

De cara a la década que acaba de comenzar, las previsiones apuntan a que se crearán otros 4.500 MW nuevos hasta alcanzar los 8.000 en 2030, lo que duplicará la potencia actual, y se generarán más de 8.000 puestos de trabajo nuevos, superando los 12.000 vinculados directamente con este sector. Son cifras de EGA Asociación Eólica de Galicia, que apunta a una inversión de los promotores de 5.000 millones de euros.

La importancia de estos números radica en lograr el mantenimiento de los 400 MW al año de nueva instalación de aquí a 2030, lo que repercutiría económicamente y con un gran impacto en las empresas de servicios y auxiliares gallegas.

El volumen de empleos que pretende generar este sector no es un reto, pero sí afronta un obstáculo mayor que el orográfico, encontrar los trabajadores cualificados que necesita.

La formación y la especialización jugarán un importante papel en los próximos años, pero esta industria, como otras del metal como el naval, demanda mano de obra básica, electricistas, electrónicos, gestores de energía, operadores de EPR.

Si crees que tu futuro puede estar en este sector, tienes que saber que en proyectos educativos innovadores la comunidad es pionera.

Galicia ha creado la primera FP dual de eólicos de España

El Centro Integrado de Formación Profesional As Mercedes de Lugo cuenta desde el curso 2018/2019 con Energías Renovables, el primer ciclo superior especializado en el mantenimiento de eólicos de España.

Es toda una oportunidad por la proyección de futuro que tiene el sector de las energías renovables. Puedes consultar aquí toda la oferta formativa de este centro y cómo se organizan este y otros ciclos innovadores.

 

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La cultura gallega sigue viva en los tiempos del coronavirus

  • La plataforma GaliciaLe abre el acceso a 4.500 títulos de libros, revistas o películas en formato digital para disfrutar de la cultura durante el confinamiento
  • Entra ahora y descarga de manera gratuita obras para todos los públicos y en hasta en ocho idiomas
02
Apr
2020

Es una pausa, un parón en una rutina que nunca volverá a tener el mismo sentido. En los tiempos del coronavirus las prioridades están cambiando y los hábitos y el ocio, obligados a quedarse en casa, también. Aunque hay un hábito, el de la lectura, que forma parte de nuestras vidas, y en el caso de que no fuera así, ¿por qué no aprovechar esta pausa para disfrutarlo más que nunca? 

Porque estamos encerrados, es el mejor momento para leer libros y revistas, ver películas, recorrer exposiciones de manera virtual, para que la cultura siga viva.

¿Conoces GaliciaLe? Es una plataforma de préstamos de obras en formato electrónico de las bibliotecas públicas gallegas. Para entrar, habitualmente es necesario tener un carné de usuario, pero ahora, para facilitar el acceso, se abre a toda la población para que desde todos los hogares se disfrute de la cultura durante el confinamiento que ha provocado la pandemia del coronavirus.

¿Y qué puedes encontrar en GaliciaLe? Más de 4.500 títulos de libros, revistas o películas que puedes descargar y ver en tus dispositivos electrónicos: ordenadores, tabletas o teléfonos móviles. La mayoría están en gallego y en castellano, pero también en otros seis idiomas: inglés, portugués, francés, italiano, catalán y euskera. Los hay para todas las edades, obras infantiles y juveniles, y si lo que quieres es otro tipo de entretenimiento, hay 31 revistas y 300 audiovisuales hechos en Galicia, desde largometrajes y cortos hasta documentales. Todo un catálogo de cultura gallega.

Para entrar en la plataforma solo tienes que registrarte a través de este formulario disponible en la página web de GaliciaLe. Es muy fácil y rápido. Tras rellenarlo, recibirás en tu correo electrónico las claves de acceso. Cuando finalice el estado de alarma, los usuarios dispondréis de 30 días para recoger el carné y seguir disfrutando de las ventajas de la red de bibliotecas públicas de Galicia y de este catálogo.

¿Ya tienes tus claves? Entonces prepárate para bucear entre una gran marea de páginas e imágenes. Eso sí, en formato digital. Para los amantes del papel y del olor y el sonido que hacen las hojas al pasar, habrá que esperar un poco para entrar en las bibliotecas o en las tiendas a adquirir cultura. Si tienes las estanterías de casa llenas de libros, eres un afortunado. Para todos, ¡aprovechad la pausa y la oportunidad que abre GaliciaLe!

Un viaje por el tiempo dentro de Galicia

Esta medida se enmarca en la campaña #aculturasegue de la Consellería de Cultura. Y para seguir sumando iniciativas a favor del ocio desde el hogar, los archivos gestionados por la Xunta (Archivo de Galicia; e históricos, del Reino de Galicia, Lugo, Ourense y Pontevedra) proponen un viaje por el tiempo dentro de Galicia. Puedes ver exposiciones virtuales en 3D y recorridos 360 grados o las muestras del Archivo del Reino.

Aunque los museos no estén abiertos físicamente, sí lo están en modo virtual. En la mayoría, de los gestionados por la Xunta, puedes recorrer sus exposiciones, por ejemplo en el Centro Gallego de Arte Contemporánea en Santiago o en el Museo de Bellas Artes de A Coruña

Y lejos de las ciudades, conoce el Museo del Castro de Viladonga y el propio castro, el Massó y contempla desde dentro las pallozas de O Cebreiro. Aquí tienes todas las visitas virtuales.

¿Sigue viva o no la cultura gallega en los tiempos del coronavirus? Disfrútala y difúndela.

 

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Drones contra minas antipersona, un proyecto gallego premiado con los Oscar del Espacio

  • CX-Geodrone, impulsado por la Universidad de Vigo y la de Oviedo, utiliza sensores radar para detectar también masas forestales, vertidos de hidrocarburos o basura en el mar
  • La ingeniera de Telecomunicaciones Yolanda Rodríguez es una de las promotoras y además una investigadora retornada tras estudiar el doctorado en Estados Unidos
26
Mar
2020

Y el Oscar del Espacio a la mejor idea es para... el proyecto CX-Geodrone. Como estrellas tuvieron que sentirse los promotores de esta iniciativa cuando recogieron el Space Oscar 2019 imponiéndose a más de 300 propuestas emprendedoras de toda Europa basadas en la navegación por satélite. ¿Y quiénes son los ganadores? La Universidad de Vigo y la de Oviedo, que llevan más de ocho años colaborando y han materializado una idea que consiste en instalar sensores radar en drones en vuelos de baja altura, lo que abre todo un nuevo abanico de posibilidades de uso.

Entre las aplicaciones en las que están trabajando está la localización de minas antipersona enterradas, la detección de masas forestales o de vertidos como fuel oil o basura en el mar, o incluso restos arqueológicos.

La localización de minas antipersona es un problema muy grave en varios países africanos, donde en Angola, por ejemplo, podrían quedar sin detectar dos millones de dispositivos que mutilan cada día a personas y que no permiten hacer uso de buena parte de la superficie productiva. El sistema, mediante un radar montando en un dron, detecta con una precisión alta minas y dispositivos enterrados, según Yolanda Rodríguez, una ingeniera de Telecomunicaciones promotora de esta iniciativa y también una investigadora retornada. 

 

Estudió Teleco en la UVigo y el doctorado en la Northeastern University de Boston. Regresó de Estados Unidos en 2015, cuando el grupo de Antenas, Radar y Comunicaciones Ópticas, integrado en el centro de investigación atlanTTic de la UVigo, la reclutó. Además ha conseguido una beca nacional Juan de la Cierva. Todo un currículum de talento gallego.

El reto de este proyecto es llevar de manera exitosa esta tecnología al mercado y solucionar problemas reales.

Y es que se trata de una tecnología que no existía hace diez años y por eso el mérito y valor de la iniciativa es todavía mayor. Así lo valoró también el jurado de la Mejor Idea del Año Galileo Masters 2019, que reconoció, además de los beneficios sociales de CX-Geodrone, su clara visión empresarial.

El objetivo es que el proyecto se convierta este año en una empresa. Y otro de los nichos de mercado en el que pueden volcarse para ser sostenibles es el de detección de masa forestal, ya que el radar podría detectar con exactitud  y con poca inversión cuántas toneladas de madera hay en una zona.

Por el momento el proyecto cuenta con el apoyo de Zona Franca de Vigo, que patrocinó la fase regional del concurso, y les proporciona la incubación en el vivero del edificio Aeroespacial de Porto do Molle durante un año. El reto no ha hecho más que despegar.

¿Qué son los Oscar del Espacio?

Es un premio de la convocatoria Galileo Masters promovida por la Agencia Europea GNSS, la Agencia Espacial Europea, el Centro Aeroespacial Alemán y el Ministerio Federal Alemán de Transporte e Infraestructuras Digitales. La gala, que se celebró en Helsinki a finales del año pasado, está promovida por el Gobierno finlandés y la Comisión Europea. Acudieron a recoger el Oscar del Espacio, acompañados de representantes de la UVigo y del Consorcio Zona Franca, varios de los diez integrantes del proyecto, y además de Yolanda Rodríguez, estaban el catedrático de la UVigo Antonio Pino y el catedrático de la Universidad de Oviedo Fernando Las Heras.

¿Sabías todo lo que puedes conseguir si estudias en una universidad gallega? 

CX-Geodrone se enmarca en el proyecto RadioUAV, una iniciativa en la que participan diez investigadores de las Universidades de Vigo y Oviedo, y que cuenta con una ayuda de más de 300.000 euros del programa Ignicia de la Xunta. También fue seleccionada para participar en el modo incubadora de la primera edición de la aceleradora Business Factory Aero.

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DE GALICIA AL CAPITOLIO

  • El de Francisco Castro es otro más de los miles de relatos que construyen la diáspora gallega; un ir y venir con el Atlántico como telón de fondo y que, en este caso, termina en nuestra tierra con el apoyo del programa de retorno emprendedor que cada año promueve la Xunta
27
Jul
2022

El relato de la diáspora es la historia de la Galicia de entonces y de ahora; de aquellos que marcharon y que marchan; de la añoranza propia de las imágenes en blanco y negro, casi gris, o de la morriña más moderna del color, de la tecnología, de las distancias. Un ir y venir de generaciones y de gente, tan vivo, tan actual, tan presente, que, sin ellos, Galicia nunca hubiese llegado a ser Galicia.

Lo sabe bien Francisco Castro Freijo, gallego que, como tantos, hizo las Américas antes de retornar a nuestra tierra, a Sanxenxo, donde ahora, instalado de vuelta en el taller de su padre, continúa sacando de cada piedra su secreto, un pedacito de alma que la transforma en algo único.  

“Me fui por una oferta de trabajo que llegó desde allá”, relata este escultor gallego que aceptó una de las ofertas que la Escuela gallega de canteiros anunciaba buscando “gente dispuesta a ir para allá”. ¿Para dónde? Para América, para Washington, para el Capitolio.

Francisco participa en la restauración del edificio más significativo de Estados Unidos, ese que alberga las dos cámaras del Congreso, y que no hace tanto fue noticia, triste, por otros motivos. “Me parecía surrealista”, rememora Francisco al valorar el asalto al Capitolio de enero de 2021. “Estuve tres años y medio allí trabajando, y aunque coges confianza, todos los días tenías controles, te miraban con lupa, las herramientas que llevabas, todo. Era una fortaleza”, sentencia.

Pero esa es otra historia en un plano diferente del relato. El de Francisco, ya entonces, transcurría de vuelta a nuestra tierra para reencontrarse con la familia que había dejado atrás. “Cuando me hicieron la propuesta, mi mujer, Lucía, estaba embarazada”. Hablamos del año 2017 y Pedro, el pequeño de los Castro -su hermana Paula tiene 7 años- nació lejos de su padre. Un punto más de conexión con la diáspora, con la de antes y con la de hoy, que demanda siempre algún esfuerzo en la búsqueda de ese final feliz, que a veces surge, a veces no.

“Me fui solo para allí, con otra persona de aquí a la que no conocía”, prosigue Francisco, que vuelve por primera vez tras el parto del pequeño Pedro. “Estuve un mes”, y otra vez de vuelta sobre el azul inmenso del Atlántico. Allí le espera más trabajo, más arte, más pedacitos de alma en cada piedra, en cada talla. El Cementerio Nacional de Arlington o el museo botánico son algunos de los ejemplos

Pero Francisco añora y la tierra tira. “Cada tres meses me venía casi un mes”. Hasta que el Covid lo cambia todo. “Durante la pandemia tuve que permanecer nueve meses allá sin poder viajar”. Una situación a la que suma la incertidumbre, la única certeza del hoy, del ahora y del aquí: “No sabías qué iba a pasar, daba un poco de miedo estar lejos de la familia en otro país en el que tampoco conoces el idioma”.

Porque Francisco se fue sin dominar el inglés y volvió sin dominar el inglés –“trabajamos de noche y no podía compaginar las clases con el trabajo”-, añorando Galicia a cada instante, en cada esquina, en cada comida gallega no gallega, como esos cocidos “con otros ingredientes, aunque de esencia gallega”.

Pero volvamos al Covid, al retorno a Galicia. “Vine en 2020, pero después de que me cancelaran cinco vuelos para venir a mi familia pensé que había llegado el momento de irme y no volver”, detalla Francisco con la seguridad que otorga hablar de algo ya vivido. El presente es siempre más incierto.

Un retorno para el que contó con el programa de apoyo al retorno emprendedor que cada año promueve la Xunta de Galicia con el objetivo de facilitar la vuelta a casa de aquellos que un día tuvieron que partir.

El vínculo, no obstante, permanece: “Tengo un trabajo ahora de mármol para el Capitolio: trozos de capiteles que una vez que los mande los ensamblan”. Francisco sigue así creando, uniendo dos puntos que parecen muy lejanos, pero que se tejen a través de una montaña de relatos construidos por gallegos de aquí y de allá. Buena gente que, al final, escoge nuestra tierra para vivir, para construir su relato personal y colectivo. El de una Galicia emigrante que retorna, porque extraña, porque aquí “se vive mejor”, con la familia y todo un futuro por delante.

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MUCHO DE BAHÍA EN NUESTRA TIERRA

  • Karol Farias (Salvador de Bahía, 1979) esconde varios relatos circulares: el personal, que transita en un ida y vuelta que une Galicia con Brasil; y el profesional, basado en una visión de la moda sustentada en la propia economía circular. Un proyecto que ha impulsado gracias al apoyo de la Xunta
29
Apr
2022
Karol Farias y su abuelo.

Todas las historias de diáspora tienen un punto de partida; un pedacito de tierra guardado en la memoria del olvido, ese lugar de sombras desde el que se rescata la nostalgia para comenzar a construir un buen relato. En este caso nos situamos en la parroquia de Verducido, concello de A Lama, uno de esos espacios tan gallegos que mezclan, de modo casi perfecto, un verde húmedo de morriña con un gris perenne de añoranza, y que, a su modo, se resume en las paredes de la iglesia parroquial, donde el moho decora desde siempre la piedra centenaria.

Allí nació hace mucho o poco tiempo -todo depende del contexto con el que se afronte el devenir de cada día- Armindo Rodeiro Piñeiro, uno de esos niños gallegos que la guerra, la vida y el hambre se llevó lejos de aquí. Tan lejos que puso de por medio todo el azul eterno del Atlántico hasta arribar a Salvador de Bahía, donde creció, se hizo hombre y soñó con el futuro.

Armindo fue el único de sus hermanos que se casó con una brasileña, Cremilda, para que luego digan que la tierra no tira hasta el final. Un matrimonio feliz del que nacieron cuatro hijos. Una de ellas, Cristina, que se casaría con Humberto antes de incorporar otras tres personas al árbol familiar, Rafaela, Humberto y Carolina Farias, por fin, protagonista principal de nuestra historia, que ocho décadas después continúa el relato familiar de emigración, pero a la inversa, deshaciendo hacia Galicia las infinitas millas del Atlántico.  

“Siempre estuvimos muy conectados con Galicia”, recuerda Karol Farias, aludiendo a la gran comunidad de gallegos con la que cuenta Salvador de Bahía. Una unión que se plasma a través de deseos, de anhelos infantiles de retorno que crecen, como ella, hasta madurar, sin dejar de estar ahí: “Desde niña quería venir a Galicia, pero no encontraba cómo”.

El abuelo de Karol con sus padres y hermanas.
La madre de Karol, la bisabuela y ella de bebé.

Una búsqueda que se intensifica y que la conduce, muchas veces, hasta el Consulado de España, en un afán permanente por devolver a nuestra tierra el relato familiar. Pero no iba a ser el Consulado, sino la Xunta de Galicia, quién le abriese de par en par las puertas del retorno.

“En 2019 vi un anuncio en Facebook de las becas BEME”, detalla, en referencia al acrónimo, en gallego, de las Bolsas Excelencia Mocidade Exterior, que cada año promueve el gobierno de Galicia para traer de vuelta a casa a todos aquellos jóvenes gallegos, hijos o nietos de gallegos, que un día tuvieron que partir.

Sin embargo ese Mocidade (juventud), apellido ineludible de las becas, la disuadió en un primer momento. “Yo tenía 39 años y pensaba que eso no era para mí”, recuerda, entre risas, pensando, equivocada, que no era joven siéndolo. La duda, ese sentimiento tan humano de despejar cualquier incógnita, por suerte, hizo el resto y Karol consultó los requisitos: “Vi que estaba contemplado, que aún era joven, y me apunté a la beca”.

Porque más allá del tópico, la juventud es, sobre todo, un sentimiento, un sentirse joven, un querer emprender e impulsar, desde aquí, desde la tierra de sus bisabuelos, de sus abuelos, de su familia, de ella misma, un proyecto familiar y personal.

Ese es el primer requisito para iniciar el camino de retorno, la ruta que trajo a Karol, gracias a las BEME, de vuelta a casa, a donde regresó para cursar un Máster en dirección de empresa en la Universidad de Santiago, campus de Lugo, donde finalmente se quedó. Gracias a él perfeccionó una idea de negocio que ha plasmado, finalmente, en Aoba Upcycling, marca de moda circular que puso en marcha en diciembre del año pasado.

Salvoconducto
Salvoconducto

Un proyecto con el Karol Farias sigue reforzando su vínculo con Galicia a través de la creación de diferentes prendas hechas con retales de otras que ya no se usan, a las que da una nueva vida. Esta unión con nuestra tierra la reconoce cuando habla de una colección que busca, precisamente, eso: “Contar la historia de mi emigración”.

“Me gusta todo de Galicia. Me gusta que tiene mucho contacto con la naturaleza, que está muy conservada en términos ambientales; me encanta la gente y la cultura”, señala, antes de avanzar que “la próxima colección estará inspirada en el Entroido”. “La foliada, las panderetas… veo mucho de Bahía aquí”

Programa Merlo y ayudas al retornado emprendedor

Para desarrollar este proyecto, Karol ha contado, también, con el asesoramiento que ofrece el programa Merlo, que impulsan Xunta y Fundación Ronsel, y con los apoyos que facilita el gobierno gallego para el retorno emprendedor. Una base sobre la que ha ido abriéndose un hueco y que ha conducido a su empresa a la Circular Fashion Week Madrid, en donde ahora se encuentra tras ser una de las 18 seleccionadas de un total de 80 solicitudes.

Antes de todo esto, Karol Farias nunca había estado en Galicia, aunque sabía y sentía casi todo de ella desde niña, desde que descubrió un relato familiar único, de diáspora, que entrelaza vidas que crecen, que van para volver, ofreciendo testimonios inimaginables que guardan un fondo de nostalgia y de morriña. El fondo de Galicia; de esa Galicia a la que ha vuelto con su hijo, Lucas, y en la que quiere seguir escribiendo este relato de emigración capaz de unir como si nada Verducido con Bahía.

Collar con el árbol genealógico de la parte de su familia que emigró.
Traje gallego en el desfile
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DE VENEZUELA A GALICIA PARA MIRAR HACIA EL FUTURO

  • Juan Carlos Pesquera Lorenzo nació en Caracas en 1994 y hoy vive en nuestra tierra, a donde llegó gracias a una beca BEME que le abrió las puertas de una vida mejor; un destino que, en cierta medida, ya intuía gracias al relato de su abuela
19
Apr
2022
Camino de Santiago, Semana Santa 2021.

Esta, como todas las historias de la emigración gallega, empareja dos mundos tan diferentes como iguales, dos tierras que se miran al espejo ofreciendo una imagen de lo que fueron, lo que son, lo que tal vez vuelvan a ser. Recuerdos en blanco y negro que crecen hasta hoy, desde un pasado no muy lejano hasta una Galicia plena de color, moderna y acogedora, a la que retornan muchos de aquellos que algún día hubieron de partir.

Es el caso de Juan Carlos Pesquera Lorenzo, natural de Caracas, Venezuela, a punto de cumplir los 28 y ya con una vida y dos continentes que llenan la mochila de un relato que comienza, como tantos, en nuestra tierra. En Paredes de Arriba, un pequeño pueblo del rural de Lugo, verde, húmedo y gallego, muy gallego, como Consuelo, la abuela paterna de Juan Carlos, que nació en aquella España de 1925, que caminaba, sin saberlo, hacia el desastre, y que emigró con 30 años y se casó con Antolín, su marido, natural de Asturias, tierra también de ir y venir, de huir de aquel país devastado por la guerra y por el hambre para acabar en Venezuela.

El nudo, como en todas las historias de diáspora, se aprieta en cada suceso cargado de sentido y de nostalgia, de una pareja que se conoce en la inauguración del centro asturiano de Caracas, “porque una de las hermanas de mi abuela estaba emparejada con un asturiano”, resume Juan Carlos. Más emigración, más tierra por vivir.  

Consuelo y Antolín tienen un hijo, Juan Carlos, padre del Juan Carlos protagonista del relato, que se casa con Maribel Lorenzo, a quien conoce, cómo no, en el centro asturiano. Otro nudo que se aprieta, otra vuelta de tuerca del destino, siempre caprichoso, más en aquellas historias que resumen el ir y venir de una familia de emigrantes a quien la guerra, como a tantas, les cambió la vida para siempre.  

Hoy Juan Carlos va relatando la novela golpe a golpe, párrafo a párrafo agitado de recuerdos, de todas aquellas vivencias que lo han traído desde lo que fue a lo que es sin renunciar a su esencia, a ser gallego en Venezuela o venezolano en Galicia, que a fin de cuentas es lo mismo.

Aquí, en Vigo, ha cursado el Máster MBA en Gestión Empresarial del deporte de la Universidad Vigo, en el Campus da Auga, en Ourense. Una aventura que emprendió gracias a una beca BEME, acrónimo en gallego de Bolsas Excelencia Mocidade Exterior, que cada año ofrece la Xunta de Galicia para facilitar la vuelta a casa de los hijos y nietos de gallegos que un día tuvieron que partir. 

Consuelo (su abuela), días antes de partir a Venezuela desde Barcelona (1955).
Acto de entrega de certificados BEME 2020/2021. Ciudad de la Cultura, 2021.
Consuelo y Juan Carlos, en la residencia en Caracas, Venezuela (2019).

Juan Carlos llegó a ellas durante la pandemia: “El secretario xeral da Emigración (Antonio Rodríguez Miranda) dio una charla explicando a los jóvenes de allá la convocatoria”. La opción estaba ahí, y el confinamiento resultó el momento adecuado para “juntar papeles y requisitos”, paso previo a ser seleccionado. Una suerte que también favoreció a su hermano Luis Pesquera, que obtuvo otra BEME emprendiendo juntos el camino del retorno.

Galicia, por primera vez

Se cierra así el círculo abierto por su abuela, que, en cierta medida, permanecía incompleto en la historia personal de un nieto de gallega y asturiano que nunca había pisado nuestra tierra.  “Había ido a Canarias, porque mi abuelo por parte de madre es canario. Y ellos se establecieron allí después de su vida en Venezuela: se vinieron a Tenerife y yo visitaba Tenerife en verano”.

Pero nunca Galicia; esa Galicia con la que creció en la Hermandad gallega de Caracas, entre pulpo, vieiras y bailes tradicionales, y de la que ahora disfruta a cada instante. De sus paisajes, de sus campos, de su verde, de la mezcla perfecta del rural con “ciudades industrializadas”.  Y también, por qué no decirlo, de su seguridad, de poder salir por la noche sabiendo que el coche va a estar allí cuando vuelvas, de poder pararte en un semáforo sin miedo, de respirar sin precauciones.

Voluntad de quedarse

“Te planteas cosas, y tener una familia allí quizás no sea lo más inteligente”, resume Juan Carlos, que condensa los recuerdos de momentos “bastantes agrios” en los que prefiere no pararse. Una definición que muestra, en cierta medida, el grado de normalidad de lo anormal, el motivo que lo impulsa a dejar atrás su vida para emprender otra aquí, en Galicia, a donde ha venido también su novia, Ana Gabriela.

“Habíamos montado una distribuidora y trabajábamos con chocolate en la zona de Caracas. Pero, aunque trabajes, no hay futuro. Tienes dudas y te plantes si no estarás perdiendo el tiempo. No me quiero ir porque aquí están mis bases, mi familia, todo, pero parece que no va a cambiar. Es mejor adelantarte a los hechos y no estar esperando”, reconoce con crudeza este licenciado en radiología por la Universidad Central de Venezuela. 

Hoy Juan Carlos trabaja de administrativo en un negocio cerca del aeropuerto de Santiago, donde pone en práctica muchos de los conocimientos adquiridos. Lo hace con la voluntad de quedarse, de seguir disfrutando de esa Galicia de su abuela, que nada tiene que ver con el pasado y abre las puertas al futuro. Un futuro por escribir y que permite seguir tejiendo, de modo imperceptible, el inmenso relato de nuestra emigración.

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“SUPER PARTE DE GALICIA” ANTES INCLUSO DE LLEGAR

  • Ágata Tubio (Buenos Aires, 1991) nunca había pisado nuestra tierra hasta que las becas BEME le ofrecieron la oportunidad; sin embargo, gracias a sus abuelos, ya era gallega antes de serlo: ellos le enseñaron costumbres y comidas y le hablaron de ese “verde” del que ahora disfruta desde aquí
08
Apr
2022
En el Concello de Valga.

Esta historia comienza en una España de guerra y de post guerra, en blanco y negro, en la que solo al pensar se levantan sentimientos de tristeza y esperanza. Tristeza por lo sucedido, esperanza por lo que hemos llegado a ser. Un tiempo distinto en el que, con frecuencia, sucedían cosas diferentes, como casarse separados; unirse para siempre estando lejos; darse el sí quiero queriendo estar sin resultar.

Es el caso de Felisa y de Manuel, oriundos de Valga, Pontevedra, un pequeño municipio que hoy esconde parte del encanto siempre latente de las Rías Baixas, y que entonces, como tantos, se dibujaba cargado de añoranza por cualquier tiempo mejor. Una morriña que obligaba a muchos a emigrar. A Argentina, por ejemplo, a Buenos Aires, donde Manuel contrajo matrimonio con Felisa, que acudió a la Iglesia en Valga, de blanco impoluto de novia a 9.947 kilómetros de distancia. Apenas un suspiro cuando el amor se impone.

El relato nos sitúa en la quinta década del siglo XX, y continúa con mucho esfuerzo, sacrificio y dedicación para consolidar un viaje, entonces, sin retorno. Manuel trabaja de obrero, de peón, pluriempleado, en una fábrica de dulces, de sereno, de mozo de carga, de cualquier cosa que, a fin de cuentas, no deja de ser “el inicio de cualquier emigrante”.

Nos lo aclara, ya en presente, Ágata Tubio, su nieta y verdadera protagonista de esta historia. Pero vayamos por partes y completemos el árbol genealógico. Tras consolidarse después de mucho esfuerzo, Manuel y Felisa tuvieron dos hijos, Jorge y Óscar. Éste, con el tiempo, se casó con Andrea, de ascendencia italiana, y tuvieron otros dos pequeños, Ágata y su hermano, Kevin, lo que conduce la historia a nuestro tiempo, a una Argentina de la que ahora emigran los gallegos que un día fueron acogidos.

De bebé.
Con el presidente gallego Núñez Feijóo, recibiendo el diploma de la beca BEME.
Con su marido, Juan Pablo.

Como Ágata, que nunca había venido a Galicia hasta que las becas BEME le ofrecieron la oportunidad. Aunque, entre dos tierras tan unidas que ni el inexorable azul eterno del Atlántico logra separar, cuando llegó se sentía “super parte de Galicia” pese a no haber estado nunca. “Me criaron mis abuelos porque mis papás trabajaron mucho toda la vida. Sentía muy propias las costumbres, las comidas… crecí con todo eso y con muchísimo amor hacia Galicia”, resume.

Ayuda para el retorno

Las BEME son unas becas que cada año ofrece la Xunta para facilitar la vuelta a casa de jóvenes gallegos, hijos o nietos de gallegos, descendientes de todos aquellos que un día tuvieron que partir. Un apoyo que permite retornar a cientos de emigrados, que cursan aquí sus estudios de post grado y que miran, desde la tierra de sus raíces, un futuro cargado de optimismo.

Es, también, el caso de Ágata, que ha terminado en Lugo un Máster en ingeniería en procesos de alimentos, y que emprendió la aventura de Galicia con Juan Pablo, su marido. “Nos casamos en 2018, y de luna de miel fuimos a España, Francia y Grecia. Nos enamoramos de Europa y de España, que ya se nos quedó rondando en la cabeza. Entonces comenzó a germinar la idea”.

Un proyecto que da a luz en esa Galicia de sus abuelos de la que se prendó nada más llegar: “Fue pisar Galicia y me enamoré: del verde, de sus paisajes, de la comida, de la cultura...”, explica alguien que ya intuía todo eso, y que había tomado la decisión de venir a nuestra tierra antes, incluso, de las BEME.

Unas becas a las que llegó de casualidad cuando, preparándose ya para la aventura de emigrar, le hablaron de ellas en la Delegación de la Xunta en Buenos Aires. “Enseguida me interesó y me proporcionaron toda la ayuda para los trámites, los papeles…”, expone Ágata mientras apunta algo más de incertidumbre: Juan Pablo se vino sin trabajo.

En familia.
Sus abuelos.
Con amigos.

El trayecto, así pues, no fue fácil. Nunca lo es cuando se trata de cambiar tu propia vida, de dejar atrás tu tierra, aunque el destino sea ‘tu otra tierra’. “Fueron seis meses de incertidumbre marcados por la pandemia. Ya habíamos renunciado a nuestros trabajos cuando se cerró todo y nos cambiaron la fecha de vuelo tres veces”, rememora con la tranquilidad que da el presente.

Un ahora que se escribe desde esa Galicia imaginada que otorga “calidad de vida y oportunidades laborales”. Un continuo sentirse feliz: “Nunca me sentí tan feliz como cuando logramos estabilizarnos aquí, cumplir el objetivo que nos planteamos, el desafío”. Algo así como aquella “satisfacción del deber cumplido” de la que hablaba Luis Aragonés tras hacer campeona a España en 2008. Eso sí, salteado todo de “un verde que no se ve en ningún otro lugar”. Un verde cargado de “frescura” y de futuro.

Con un grupo de amigos.
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