Serra da Capelada: un lugar casi inalcanzable

  • Comenzamos otra semana viajando por Galicia: en esta ocasión nos desplazamos a la Sierra da Capelada, que esconde uno de los acantilados más altos de Europa. Si aún no lo conoces, este mes de agosto tienes una oportunidad inmejorable.
03
Aug
2020

Comenzamos la semana y el mes con otro viaje por Galicia. En esta ocasión nos desplazamos hacia el norte, hasta la Serra da Capelada, donde se encuentran unos de los acantilados más altos de Europa.

Su pico más alto es el de Vixía Herbeira, a 620 metros sobre el nivel del mar. Desde allí podréis apreciar toda la grandiosidad y magnitud de estos acantilados, los más altos después de los fiordos noruegos, pues a su elevada altitud se suma una pendiente de más del 80 %.

Las vistas son impresionantes: su maravillosa panorámica del océano Atlántico y de la agreste costa en las cercanías de Santo André es, sin duda alguna, de las más excepcionales de todo el litoral europeo.

Y, hablando de Santo André, no dejéis pasar la oportunidad de acercaros hasta el santuario que se encuentra en el camino de ascenso a la Serra da Capelada. Se trata de uno de los más venerados de Galicia al cual, como reza el dicho, “vai de morto quen non foi de vivo”. Si queréis cumplir con la tradición, depositad una piedra en los “milladoiros” (montoncitos de piedras) que hay en el camino como prueba de vuestra visita. Y, si lo que queréis es buscar pareja, haceos con la hierba de enamorar; nunca se sabe…

Una vez en la Serra da Capelada, continuad vuestro camino y aprovechad para visitar al Cabo Ortegal con su faro, allí os quedaréis asombrados ante la fuerza del mar que bate contra los “Aguillóns”, rocas punzantes que emergen del mar y en las que las olas rompen con toda su fuerza. Vuestra experiencia se verá reforzada si os coincide llegar con temporal, pues entonces conoceréis la bravura del mar en todo su esplendor, una sensación de poder que jamás olvidaréis. Una vez allí, respirad hondo y sentid la inmensidad de la tierra, la fuerza del viento y la paz que transmite este lugar.

Si bajáis hasta Cariño y las fuerzas os flaquean, no olvidéis que podéis degustar un delicioso “guiso de raya” o un “revuelto de erizos y algas”,productos típicos de la gastronomía local que os inundarán con el sabor del salitre.

Sin la menor duda, el final de este viaje estará marcado por el rugir del viento, el salitre en la piel y el pelo enredado, pero, sobre todo, por la sensación de que habéis estado en un lugar de parajes únicos, casi inalcanzables, o más bien… inolvidables.

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Una historia de ciencia y galleguidad

  • El de Lorena Becco es uno de esos relatos a caballo entre dos tierras -Galicia y Uruguay- en una época marcada por el Covid-19
  • La investigadora, de padres y abuelos gallegos y que da clases en el Centro Social y Cultural Bergantiños y Casa de Galicia de Montevideo, trabaja en un proyecto conjunto entre el Instituto Pasteur, la Universidad de la República, a la que pertenece, y la empresa ATGen, dónde trabaja
23
Jul
2020
Con su grupo de pandereta "O Son Da Ruxidoira", en la romería de diciembre del Hogar Español de Ancianos de Montevideo.

La madre de Lorena Becco nació en Campo Lameiro hace tal vez demasiado. El tiempo pasa rápido y provoca olvidos en cosas que, a la postre, son intrascendentes. Entonces, como ahora, Campo Lameiro era un pedacito de tierra verde escondido en la provincia de Pontevedra, famoso por sus petroglifos, esos que nos recuerdan que antes de nosotros ya hubo otros, con distintos problemas e inquietudes, pero otros, a fin de cuentas.

“Mi madre y mis abuelos se vinieron hace 63 años, e intentaron volver cuando mamá tenía 12 años. Mis abuelos, que también eran de Campo Lameiro, ya fallecieron”, relata Lorena desde el hoy, desde el ahora, desde ese Montevideo que, una vez más, cruza y entremezcla una historia gallega y uruguaya al mismo tiempo.

Un relato de galleguidad y de vanguardia, de cultura y de innovación, que pasa por la Casa de Galicia en Montevideo, donde Lorena, uruguaya de nacimiento y gallega hasta la médula, da clases de pandereta, canto y baile tradicional gallego a un grupo de, en su mayoría, “señoras mayores con mucha morriña de su tierra”.  

“También hay alguna uruguaya que adoptamos como propia”, bromea esta investigadora cuyo relato nos sitúa delante de la realidad de nuestro tiempo, de esa pandemia que ha puesto el mundo patas arriba, a la espera de una vacuna capaz de devolvernos a la ‘vieja normalidad’.

Un kit de PCR y un kit de detección de anticuerpos del Covid-19 en sangre

Mientras tanto, la ciencia no descansa. Tampoco en Uruguay, donde Lorena trabaja en un proyecto conjunto en el que participan el Instituto Pasteur, la Universidad de la República, a la que pertenece, y la empresa ATGen, que guarda una estrecha relación con la institución académica.

Tres patas de un mismo banco que sostienen una iniciativa compartida: un kit de diagnóstico molecular y un kit de detección de anticuerpos del Covid-19 en sangre. “La meta es conseguir un mejor seguimiento y diagnóstico de la pandemia”, resume Lorena con la sencillez propia de la ciencia. Nunca es tan fácil, claro. Digamos que el virus sufre distintas fases, haciéndose a veces indetectable, dependiendo, por ejemplo,  de en qué etapa de la enfermedad se encuentra puede variar en qué parte de las vías respiratorias se localice. En sangre, si se generan anticuerpos, se puede detectar.  

Lorena Becco durante el proceso de investigación.

La principal dificultad es hallar muestras de sangre, porque en Uruguay el virus, hasta la fecha, está perdiendo la batalla: poco más de un millar de contagiados y 33 fallecidos. “La obtención de muestras no ha sido fácil, porque aquí tenemos bastantes pocos casos”, expone Lorena, que alude también a los inconvenientes de depender de donaciones voluntarias de sangre al no poder pagarlas como sucede en otros países.

El kit de deteccón de anticuerpos está ahora terminando su validación, poniendo a punto “umbrales y zonas grises”. En las próximas semanas debería estar disponible, permitiendo conseguir un mejor seguimiento y diagnóstico de la pandemia.

Por otro lado, en cuanto al kit de diagnóstico molecular mediante la técnica de “reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real” (RT-PCR, su sigla en inglés) “al comienzo de la pandemia se requería de  cuatro reacciones sobre cada muestra: una de control y tres para detectar el virus de forma específica”. Ahora, con la sensibilidad adecuada, ya se logrará el mismo resultado en una única reacción, lo que permitirá aumentar la tasa de diagnóstico de la pandemia

La Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Uruguay ha encargado 500 unidades, permitiendo cada una de ellas mil detecciones. Un paso más en la lucha contra el Covid-19 de un país en el que, como siempre, se entremezclan historias de dos tierras -Galicia y Uruguay- y un único sentir.

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El Camino vuelve a la vida

  • Después de más de tres meses de silencio, la ruta jacobea alcanza su ‘nueva normalidad’ simbolizada en la apertura de la Catedral –para visitas y para culto-, de la Oficina Internacional de Acogida al peregrino, y de la red de albergues públicos
02
Jul
2020

“Hoy es un día de ansiadas vueltas. Hoy, Galicia vuelve a ser uno de los lugares de mayor tradición europeísta, uno de los pilares de la concordia, y vuelve a poner en valor lo que significa el Camino: unión, solidaridad y esfuerzo”. Con estas palabras, el presidente del gobierno gallego, Alberto Núñez Feijóo, acogía ayer la llegada del Camino de Santiago a la ‘nueva normalidad’.  

Después de más de tres meses de silencio, la ruta jacobea recobraba el leve trasiego de los hombres que anhelan llegar a Compostela, venciendo cualquier dificultad. Incluso al Covid-19. Porque, a fin de cuentas, “el Camino lleva siglos vivo” y “es más duro que una pandemia”, como nos recuerda Isaías Calvo, director de la Sociedad Anónima de Xestión del Plan Xacobeo.

El primero en llegar habla de esa universalidad de nuestro apóstol, de esa Galicia abierta al mundo alrededor de una ruta milenaria. Liam Duam. Un ciudadano afincado en Madrid y que encuentra en Galicia la seguridad que tanto anhela. “Allí (en la capital) tenía más miedo”, recuerda al tiempo que muestra eufórico su ‘Compostela’.

Entre Liam y el primer peregrino de la historia, el rey Alfonso II de Asturias, han pasado más de 1.200 años. Durante todos estos siglos, la ruta nunca había permanecido cerrada. Sin duda, cualquier tiempo pasado era otro tiempo, pero el dato refleja la excepcionalidad de lo vivido ayer, de ese reestreno del Camino de Santiago simbolizado a través de la apertura de la propia Catedral –para visitas y para culto-, de la Oficina Internacional de Acogida al peregrino, y de la red de albergues públicos.  

Todo bajo estrictas medidas de seguridad. Todo en época de Covid. Pero todo, a fin de cuentas, reabierto al fin. Sin duda, y como reconoce Calvo, cuando finalice 2020 y entremos de lleno en el próximo Año Santo, las estadísticas, en la comparativa interanual, reflejarán un “fuerte descenso” en el número de peregrinos. "El perfil del Camino es internacional y el golpe ha sido duro", asegura.

En cualquier caso, y por ahora, la maquinaria ya está en marcha. Cerca de 30 albergues de los 70 que conforman la red pública están abriendo sus puertas; la oficina expide ‘Compostelas’; y en la Catedral, el apóstol espera impaciente el ir y venir de peregrinos mientras que el culto se retoma incluso en obras.

La seguridad en los albergues

Entre las medidas de seguridad de los albergues, figura la reducción de un 50% del aforo. Además, el peregrino encontrará otros factores distintivos de esta ‘nueva normalidad’: medición de temperaturas al llegar; cartelería con información sobre cómo actuar; bolsas de plástico para botas y mochilas; e itinerarios marcados en el suelo que garanticen la ya célebre distancia de seguridad. Todo ello sin olvidar las mascarillas y los geles desinfectantes, por supuesto.  

Otra peculiaridad será la reserva previa, si bien, como el propio Calvo señala, "no se trata de una central de reservas convencional o booking", porque el Camino "no es un producto turístico". "Hay que respetar el espíritu de la peregrinación", señala.

Así, solo se permitirá la reserva a través de una página web centralizada con un día de antelación, de forma que se podrá reservar desde las 13.00 horas del día anterior a la pernocta hasta las 13.00 horas del día de alojamiento. A partir de ahí, si quedan plazas libres, será posible alojarse sin reserva.

En esta misma línea se expresa el presidente Núñez Feijóo. “Es cierto que tenemos que reorientar esta celebración, pero lo que no tenemos es que reorientar los valores que lo impulsan: la calidad, la sostenibilidad y la cercanía de sus gentes. Preparación, seguridad y hospitalidad es lo que ofrecemos y juntos vamos a seguir trabajando para salir de esta crisis y ofrecer la Galicia de siempre, la Galicia de los caminos”, argumenta.

La reapertura de la Catedral

Una Galicia y un camino que concluyen en una catedral que espera, por fin, con los brazos abiertos. Algo que no sucedía desde el 13 de marzo. Más tiempo había pasado desde la última misa –diciembre de 2019-, como consecuencia de las obras de restauración  

Catedral de Santiago

La entrada al templo, no obstante, cuenta también con sus propias medidas de seguridad. El aforo se ha reducido: pueden acceder entre 150 y 200 personas para visitas, frente a las 700 de antes; y sólo 75 para el culto, frente a las más de 1.000 de antes.

Las personas que quieran acceder para culto deberán recoger un número, por orden de llegada, en la puerta de Platerías. Las Misas del Peregrino se celebrarán a las 12.00 horas en la Capilla del Centro Internacional de Acogida al Peregrino y la de las 19:30 será la que se realice en la propia catedral.

Mientras tanto, los trabajos de restauración avanzan. Retrasados por la pandemia, pero con la voluntad de que todo esté listo para la apertura del año jubilar. Por ahora, el Camino vuelve a vivir y la catedral ha abierto sus puertas, que no es poco.

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“El corazón escogió Galicia”

  • María Loira Gago se fue a Malta para aprender idiomas y descubrir cómo es la vida lejos de casa
  • Siempre quiso tener su propia clínica dental: la experiencia y la añoranza la trajeron de vuelta a Pontevedra
26
Jun
2020
María en Malta.

Escondida a la sombra de Sicilia -esa isla italiana que se lleva la fama y el relato bajo el peso mafioso de ‘La Cosa Nostra’-, Malta es apenas un punto diminuto en cualquier plano. Un pedacito de tierra en tres espacios. Tres islas rodeadas por el Mar Mediterráneo, devoradas de azul turquesa en cada playa, y con infinitud de rincones por vivir. Su capital de nombre literario, La Valletta; la antigua ciudad fortificada de Birgu; o el Hipogeo de Hal Saflieni, una impresionante necrópolis subterránea que ya estaba allí antes de griegos y romanos.

Un lugar de vacaciones; pero también un lugar para vivir. Eso pensó, al menos, María José Loira Gago, gallega de Bueu, cuando en 2013 decidió emprender una aventura. “Me fui en primer lugar para mejorar el inglés, y para tener la experiencia de vivir en el extranjero”, expone, reforzando el argumento con el peso que te da tu propia historia: “Cuando sales de casa y vives en otro país, aprendes a vivir en desventaja y eso hace que te superes a ti mismo”.

María lo hizo, pero labrando el camino con sus manos, dibujando cada paso con la convicción de quien tiene claro el objetivo. Licenciada en Odontología, elaboró un listado de clínicas de Malta, a las que fue entregando su currículum durante unas vacaciones en Malta. Al cabo de unos meses retornó a Galicia a terminar el Máster Oficial en Ciencias Odontológicas entregando su TFM, lo que antes llamábamos tesina de pre-doctorado, antes de decidir dejarlo todo e irse a vivir allí. “De vuelta en Malta, me contrataron en una clínica nada más llegar y pronto empecé a colaborar en 2 más como especialista. Las semillitas que había ido plantando dieron fruto”, recuerda.

Buceando en Malta.
Malta.

Entonces, con 27 años, comenzó un periplo profesional cargado de atractivo. Dentista en Malta. Un binomio evocador y “una experiencia muy enriquecedora”. No en vano, ese diminuto rincón del Mediterráneo, esconde miles de nacionalidades: europeos, estadounidenses, chinos, árabes, filipinos, brasileiros, africanos… “Te abre la mente y te permite alimentarte de otras culturas”, razona. “Además me convertí en la dentista de los españoles que vivían en Malta”.

En el trayecto, a su lado, como hoy, su chico, Carlos, instructor de buceo. “También era un buen destino para él”. Y tanto. Pero como siempre, llega un momento en el que el camino topa con una encrucijada. A un lado, Malta; al otro, Galicia. “Había ido ahorrando como la hormiguita, poco a poco, y siempre quise tener mi propia clínica. Tenía que elegir dónde montarla. O allí o en mi tierra”, apunta María.

Y la tierra, esa tierra, tira. Porque Galicia es muchas cosas que, arrasados por el marketing, resumimos en colores: es verde, es azul, es roja, es amarilla. Es el mar y la montaña, los montes y sus campos. Pero sobre todo, Galicia, como cualquier otro lugar, son sus gentes. “Los sitios los hacen las personas. Echábamos de menos a nuestros padres, a los amigos, el no poder estar allí en las fechas señaladas”, relata María.

Un cumpleaños, un aniversario, o incluso a veces, porque la muerte también es parte de la vida, eso, un adiós. “Falleció el abuelo de Carlos y no pudimos venir”, lamenta, cargada de morriña. De esa misma morriña que decantó la balanza hacia el origen: “El corazón escogió Galicia”. Y quién no. 

Retorno emprendedor: volver para regalar sonrisas  

Hoy María dirige su propia clínica en pleno corazón de Pontevedra: Dental Studio Dra Maria Loira. Un lugar que ya había escogido antes de vivirlo: “Lo vimos a través de Google Earth, y nos enamoramos del sitio. Nos hicimos con él antes de haberlo pisado”. Luego, una obra, un proyecto, seis meses de trabajo y papeleo. Y por fin, en junio de 2017, la apertura.

Trabajando con el cirujano Dr James Galea.
Compañeros de trabajo de la Naxxar Dental Clinic.
Compañeros de trabajo de la Demajo's Dental Clinic.

Entre tanto esfuerzo, alguna ayuda. Como la del programa de apoyo al retorno emprendedor, que cada año promueve la Xunta de Galicia. Se trata de una iniciativa que busca, precisamente, eso: traer de vuelta a casa el talento gallego esparcido por el mundo.

Una línea que ha facilitado la vuelta de casi 200 gallegos, que han montado aquí su propia iniciativa empresarial. Porque “los comienzos siempre son duros”. “El primer año empiezas de cero; de cero radical”, resume María, mientras relata uno de sus sueños: “Cambiar el mundo de la odontología; que la gente confíe en el dentista”.

Clínica Dental Studio en Pontevedra.

Y para ello, un proyecto especialmente ilusionante: el diseño digital de sonrisas. “Tenemos un estudio fotográfico personal; escáner intraoral que hace capturas de la boca en tres dimensiones; todo digitalizado…”, describe María. Y lo hace consciente de que el resultado final resulta, tal vez, indescriptible: “Cuando a una persona le devuelves la sonrisa…”. Y se agotan las palabras, sabedora de que basta con los puntos suspensivos.

Para llegar aquí, María anduvo su propio camino. Malta le abrió las puertas del futuro. Y le permitió aprender mucho más cosas que un idioma. Allí maduró y continuó con sus estudios doctorales, investigando en el extranjero, para doctorarse luego ‘cum laude’ y con una mención internacional, y ser miembro, hoy, de la Academia de Ciencias y Salud Ramón y Cajal. Muchos hechos que, al final, conducen siempre a un mismo destino: Galicia. Porque el corazón tira.        

¡SI ERES EMPRENDEDOR Y VUELVES A GALICIA, SOLICITA YA TU AYUDA!
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Un ejemplo contra el Covid-19

  • Uruguay, con más de 41.000 gallegos, apenas suma 24 fallecidos y 849 casos detectados hasta la fecha sin un confinamiento obligatorio
  • La rapidez para decretar la emergencia sanitaria y el buen hacer de la población, claves del éxito
  • Pese a todo, no se espera una gran participación el 12 de julio. “Ya venimos mal desde que se implantó el voto rogado”, recuerda Adriana Pérez, desde la Delegación de Galicia en Montevideo
19
Jun
2020

Uruguay se tumba arrumado entre el Río de la Plata y el Atlántico. Así ha sido siempre, y así seguirá siendo. Un pedacito de mundo entre dos tierras, Brasil y Argentina, que tiene su propia historia y su propio orgullo. La época del Covid-19 lo ha vuelto a demostrar. “Uruguay es quizás el país que mejor lo está llevando de toda la región”, comenta Alejandro López Dobarro, delegado de la Xunta de Galicia en Montevideo.

Y lo hace sobre la certeza de los datos: 24 fallecidos y 849 casos detectados hasta la fecha. Un lugar tranquilo para la colectividad. Más de 41.000 gallegos entre los que aún no se conoce ningún contagio.

El éxito de los datos se fundamenta en varios factores. El primero, la premura. Luis Lacalle Pou no lo podría imaginar. Tras su victorial electoral, asumió el cargo de presidente el 1 de marzo. Esos días el mundo ya dudaba sobre qué hacer con aquel virus lejano, que había saltado de un mercado de Wuhan al estrellato.

Pero Lacalle no duda: decreta emergencia sanitaria el 13 de marzo, recomendando un asilamiento preventivo. En ese instante Uruguay sumaba apenas un puñado de casos activos: cuatro para ser exactos. Y, pese a todo, se suspendieron clases y espectáculos.

El Montenvideo Rock, con 35.000 entradas ya vendidas, se canceló”, recuerda Adriana Fernández, desde esa misma delegación en Uruguay, que prosigue su relato explicando el distanciamiento preventivo: “Nunca hubo cuarentena obligatoria. Se produjo una fuerte exhortación a quedarse en casa”. La población cumplió; y los sectores económicos, también. Por ejemplo, el turismo. A las puertas de la Semana Santa, los establecimientos cerraron sus puertas.

Uruguay

Igual que hicieron los centros gallegos. Las actividades culturales y sociales se pararon en la Casa de Galicia y en La Española. “En el Hogar Español se testeó a todo el mundo, y no hubo ningún positivo”, relata López Dobarro. El Hogar es una residencia fundada en la década de los 60 del año pasado, que nace en el seno de la propia colectividad, y que hoy sigue atendiendo a un amplio grupo de mayores con raíces españolas y gallegas.

Lo mismo sucedió en la propia Delegación. “Tuvimos cerradas las oficinas públicas una temporada”, prosigue López Dobarro su relato. Lo hace ahora desde otra perspectiva. La que da la apertura paulatina de parte de aquellas cosas que cerraron. Como las escuelas, abiertas estos días.

Científicos brillantes

El virus, como en todas las regiones, ha puesto a prueba la capacidad del país y de su ciencia. Vacunas, test, medicamentos, material sanitario… Palabras que se han asentado en los quehaceres cotidianos durante varios meses. En Uruguay también.

Allí se ubica la sucursal del Instituto Pasteur. La ciencia que cambia el mañana, y también el presente. El esfuerzo de científicos y profesionales permitió generar kits propios para detectar la enfermedad. Ahora, el único riesgo, es la frontera con Brasil, donde el Covid-19 cabalga desbocado.

“Ya venimos mal desde que se implantó el voto rogado”   

En este escenario, a diferencia de otras zonas del continente, votar podría ser una opción. Porque sí, pese a todo, el 12 de julio hay elecciones en Galicia, también para los 41.000 gallegos de Uruguay. No obstante, Adriana no lo ve claro. “Ya venimos mal desde que se implantó el voto rogado”, coincide con la mayoría de la colectividad. Lo mismo han dicho en Argentina, en Venezuela, en Brasil...

Y pese a todo, hay sigue el sistema, a la espera de tiempos mejores, que no parecen los del Covid. “Este año se nos ha ofrecido la posibilidad de solicitar el voto por internet, pero la gente está en otra cosa”, lamenta Adriana, que sin embargo lo tiene claro: “Yo siempre les digo, voten, porque con su voto marca una presencia y un interés”.     

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Venezuela o las contradicciones del Covid-19

  • Más de 32.000 gallegos residen en el país bolivariano, que decretó el estado de alarma el 13 de marzo y viene de prolongarlo otros 30 días
  • “Si tuviésemos una crisis sanitaria, no la podríamos atender”, lamenta Roberto González Perez, presidente de la Federación de Centros Españoles
  • Los centros gallegos siguen cerrados, si bien la Hermandad de Caracas continúa, en colaboración con la Xunta, la campaña de reparto de medicamentos
17
Jun
2020

Como la mayoría de los relatos de intriga, el del Covid-19 comenzó en un momento indeterminado. Sabemos el dónde -una zona cualquiera de un mercado de Wuhan-, pero no el cuándo. Muchos meses después, o quizá ya un año, quién sabe, se sigue especulando sobre un virus que al principio no dejaba de resultar un tanto exótico, oriental para entendernos, pero que con el paso del tiempo y de los meses ha terminado por parar el mundo. Una crisis global que se puede abordar desde diferentes perspectivas. Hoy lo hacemos desde Venezuela -donde residen más de 32.000 gallegos-, acompañados por Roberto González Perez, presidente de la Federación de Centros Españoles.

En la república bolivariana todo comenzó un 13 de marzo. Ese día se confirmaron los dos primeros positivos por coronavirus, paradojas del destino, ambos relacionados en mayor o menor medida con viajes a España. Y ese mismo día el régimen de Maduro decretaba el estado de alarma, imponiendo una cuarentena social y colectiva de 30 días en 7 estados. Al mismo tiempo se suspendían las actividades laborales y comerciales de los sectores no esenciales. “Si sumamos a todo eso que no había gasolina o había poca, con lo que los desplazamientos desaparecieron, el país se paralizó”, recuerda Roberto desde la atalaya del tiempo: ya más de tres meses.

No en vano, ese aislamiento obligatorio se extendió a todo el país apenas tres jornadas después, el 16 de marzo. “Sólo funcionaban la alimentación y las farmacias, y en un horario muy reducido”, continúa González. Las clases comenzaron a seguirse por televisión, se suspendieron los vuelos internacionales, se clausuraron las fronteras con Colombia y con Brasil… En definitiva, se paró un país, hasta el 13 junio, con determinadas flexibilizaciones desde hace poco.

Primero establecieron 5 días de trabajo y 10 de cuarentena. Luego lo modificaron a una semana en activo, y otra parado. Esta semana –expone Roberto refiriéndose a la pasada (momento en que atiende esta entrevista-, nos toca en cuarentena”.

26 fallecidos

Los datos, sin embargo, arrojan una realidad contradictoria. O tal vez desnudan la realidad de Venezuela. Apenas 26 fallecidos para un país que acaba de extender su estado de alarma otros 30 días; igual que ha hecho con la suspensión de los vuelos internacionales. “Aquí, si tuviésemos una crisis sanitaria, no la podríamos atender”, explica Roberto.

Y lo hace desde la perspectiva de un número de contagios que, en las últimas semanas, ha venido incrementándose. “Desde que se han abierto las fronteras con Brasil y con Colombia, han subido exponencialmente. Antes teníamos algo más de un centenar de casos al mes, y ahora esa cifra la sumamos cada día”, detalla.

No en vano, sólo en el mes de mayo se han disparado los contagios un 60%. Un escenario en el que la Academia de Ciencias Físicas, Naturales y Matemáticas alerta sobre el retraso en el desarrollo de la pandemia en el país, lo que podría multiplicar las cifras y hacer prácticamente imposible su atención por el sistema sanitario.

“No vamos a tener oportunidad de votar”

En este contexto, pensar en votar puede resultar prácticamente una utopía. Pese a todo, el próximo 12 de julio hay elecciones, y esa colectividad gallega de más de 32.000 personas tiene derecho a ejercer su voto. No obstante, el propio Roberto muestra sus reservas: “Pese a que este año se puede solicitar por internet –el plazo expiraba ayer-, en la situación del país es complicado. Creo que este año no vamos a tener oportunidad de votar”.

Tal vez no le falte razón, porque más allá de las trabas burocráticas del voto rogado, cuyo cambio han pedido al gobierno español en numerosas ocasiones, la realidad de Venezuela es la que es. “Ya en condiciones normales, no llega el correo. La correspondencia privada funciona fatal. Aquí, envías una carta, y puede tardar 2 ó 3 meses en llegar”, resume Roberto con la tranquilidad de quien asume la extraordinariedad de lo ordinario.

Mientras tanto, “las calles siguen muy solas” y la vida está parada. También para los centros gallegos y españoles, que suman meses de puertas cerras, sin ingresos y sin perspectiva de mejora. Lo que sí que continúa, por fortuna, en la Hermandad Gallega de Caracas es el plan de medicamentos que impulsa en compañía de la Xunta de Galicia. Leve consuelo para un país desconsolado.   

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Argentina: más de 80 días confinados a la espera “del contacto, el reencuentro y la gastronomía”

  • La colectividad gallega en el país sufre una de las cuarentenas más estrictas del mundo, que comienza a aliviarse estos días. Nos lo cuenta Susana Carbia, miembro del Consejo de Residentes Españoles y representante en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior
  • “En estas circunstancias, votar va a ser una odisea”, expone
11
Jun
2020
Ciudad de Buenos Aires

Argentina suma hoy poco más de 730 muertos por Covid-19. Con casi 45 millones de habitantes, la cifra es similar a la que ha sufrido, por ejemplo, Galicia, la otra patria, la patria chica: 619 fallecimientos por el virus. Pero aquí, claro, con apenas 2,7 millones de habitantes. Y pese a todo, el país mantiene una de las cuarentenas más estrictas del mundo. Tras más de 80 días confinados, el pueblo, entre el que figura una colectividad de alrededor de 180.000 gallegos, comienza a ver un poco de esperanza.

“Iniciamos una cuarentena muy temprana. Hubo tiempo para reforzar protocolos en hospitales, equiparse, tomar las medidas necesarias. La contención fue buena, pero la gente ahora lleva 80 días sin salir a trabajar”. El relato corresponde a Susana Carbia, miembro del Consejo de Residentes Españoles (CRE) y representante en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

Susana no duda a la hora de valorar estas acciones. Sin embargo, echa en falta un acompañamiento, el tan manido refuerzo económico. “Acá decimos, si no mueres de coronavirus, mueres de hambre”. Un resumen gráfico de un confinamiento mayor que el de Wuhan. En días, seguro. Y tal vez en las normas secundadas.

"ACÁ DECIMOS, SI NO MUERES DE CORONAVIRUS, MUERES DE HAMBRE"

Lo sabe Carbia, que continúa su relato hilvanando recuerdos de esta época, de cuatro paredes siempre iguales que requieren de “permisos” para poder ser abandonadas. “Mi suegra tenía la cadera fracturada. Para asistirla, diariamente mi marido y yo teníamos que pedir un permiso que dura 24 horas. No podemos trasladarnos sin él. Hay controles, multas… Comienza a haber manifestaciones… Llevamos encerrados desde el 20 de marzo.

Un par de días después de esta entrevista, Argentina ha entrado en Fase 5, que viene siendo esa que conduce del simple aislamiento al distanciamiento social. Quedan excluidas el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y otras cinco localidades. Allí, la vida seguirá igual hasta el 28 de junio por lo menos. Es el miedo que dicta cada paso. “Tenemos barrios de emergencia, donde viven 43.000 personas. Si el virus entra en ellos, si explota ahí, será un desastre”, expone Susana.

Colas de correo
Colas de correo.

No obstante, el martes fue el día con mayor número de contagios, lo que abre una puerta hacia el pasado, a la marcha atrás con algunas de las medidas adoptadas, al retorno a un aislamiento más estricto... “La gravedad se medirá por camas ocupadas, y por ahora vamos por el 43%”, chequea Susana.

 

La odisea del voto

Un escenario que complica, y mucho, la participación de la colonia gallega en las próximas elecciones del 12 de julio. Da igual que se haya ampliado el período de solicitud del voto hasta el día 16 de este mes; o que se pueda solicitar de modo telemático. El miedo es libre y a veces resulta el camino más rápido al absurdo.

“El otro día le envíe la correspondencia a una persona mayor. ¡No la había tocado! Le pregunté el motivo: dijo que tenía que desinfectarla durante tres días”, expone Susana, que no duda en reclamar algo que llevan haciendo mucho tiempo: la sustitución del voto rogado por un sistema efectivo que permita, de verdad, la participación ciudadana.

Y como a perro flaco todo son pulgas, entre el 7 y el 10 de julio, Argentina pagará, a través de correos, la cuota a los trabajadores no bancarizados. Algo que, como es obvio, alejará a mucha gente de las oficinas. Son tantos, que el gobierno está estudiando alternativas para pagarles los próximos refuerzos de esta ayuda (IFE) con el objetivo de que no se junte tanta gente en el correo y prevenir contagios.

“Votar va a ser una odisea. Es una lástima, porque en abril había mucha voluntad de voto. Parecía que iba a haber una buena participación”, lamenta Susana

Mientras que lo hace, continúa marcando muescas que suman días hacía la nueva normalidad. Esa que tal vez permita, más pronto que tarde, recuperar un pedacito de vida cotidiana. Como la de los centros gallegos, cerrados todo este tiempo, y privados así de una parte muy importante de sus ingresos por alquiler de instalaciones.    

“Recibimos apoyos de la Xunta de Galicia. Pero las entidades están sufriendo muchísimo”, prosigue Carbia, que se conforma, por ahora, con las actividades online. Pero no es lo mismo, claro. “Te falta el contacto, el reencuentro, la gastronomía…”. Llegará. Aunque tal vez haya que esperar más de 100 días. El confinamiento más largo del mundo. Y no es Wuhan

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Una celebración frustrada por el Covid-19

  • El Centro Espanhol e Repatriaçao de Santos tuvo que cancelar la celebración de su 125 aniversario a causa del coronavirus
  • La colectividad gallega y española comienza a registrar los primeros casos de contagios
  • Desde el Consejo de Residentes Españoles en Sao Paulo, Amanda Barrio nos narra la situación que atraviesa el estado brasileño, y aprovecha el escenario preelectoral para pedir un cambio normativo: “El nuestro no es un voto rogado, es un voto implorado”
03
Jun
2020
Celebración de un aniversario en el Centro Español de Santos.

Esta historia, o parte de ella, comienza con el primer día del año 1895. Y lo hace en un lugar inopinado: un anuncio cualquiera en un diario cualquiera de la ciudad de Santos. Aquel texto fue escrito por José Bojart y tenía como objetivo fundar una sociedad española, un lugar de encuentro para esas mareas de sombras que alternaban el blanco con el gris constituyendo durante décadas el relato de la emigración gallega y española.

125 años después de aquel 1 de enero, el Centro Espanhol e Repatriaçao de Santos se disponía a celebrar tan insigne aniversario. No uno cualquiera, sino ése. El que simboliza, aglutina y reúne los recuerdos de un siglo entero ya pasado y un cuarto de otro aún por pasar. “Iba a ser el 28 de marzo con una gran celebración. Había más de 400 personas invitadas”, recuerda Amanda Barrio Estévez, que vive en Santos y es miembro del Consejo de Residentes Españoles en Sao Paulo y del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

La culpa, ya se lo imaginan, la tuvo el coronavirus. Apenas unos días antes, el 24 de marzo, el gobernador de Sao Paulo, João Doria, decretaba un confinamiento voluntario -“sin multas”-, que desde entonces cumple alrededor del 60% de la población del estado.  

Un mensaje de prudencia que entra en conflicto con el que lanza el presidente Bolsonaro, que aboga por seguir trabajando al tiempo que considera el Covid-19 “el destino de todo el mundo”.

Hoy ese destino camina desbocado, con Brasil batiendo récords y sumando, en apenas 24 horas, más de 1.200 muertes por el coronavirus. El país llora alrededor de 33.000 víctimas desde el inicio de la pandemia. Y sólo en Sao Paulo se contabilizan cerca de 8.000 fallecidos, recuenta Amanda con la seguridad de quien relata su propia historia. “Estamos padeciendo dos virus: el Covid-19 y el presidente”.

Primeros casos en la colectividad

Lo cierto es que las cifras no paran de crecer, día a día, minuto a minuto, de suspiro a suspiro. “Esta semana empezamos a conocer los primeros casos de contagios entre españoles y gallegos. El virus está cada vez más cerca de nosotros”, prosigue Amanda. Tanto, que casi es posible seguir su rastro en el boca a boca. Como en el caso de Enrique, pertrechado entre las cuatro paredes de su casa, y contagiado pese a todo. “Él no salió, pero recibió la visita de su sobrina…”, lamenta Amanda.

Más de medio año después de saltar a la opinión pública –qué lejos queda hoy aquel mercado de Wuhan-, si algo sabemos del coronavirus es que no hace demasiadas distinciones. Resulta algo así como un virus proletario, que no entiende de fronteras y se expande fácilmente si no se toman las medidas oportunas. Poco a poco, su sombra crece, hasta el punto de paralizar una región, un país, el mundo entero.

Hospital Vitória (Santos)

Brasil no iba a resultar un caso aparte. Este mismo martes, la OMS alertaba que el foco del virus se ha situado en Latinoamérica. Así, mientras Europa acumula semanas de ‘desescalada’, al otro lado del Atlántico se mantienen medidas y restricciones por igual.

“No se ha reabierto el comercio. Sin embargo, la playa estaba llena este fin de semana, y las plazas casi a tope”, prosigue Amanda un relato cargado de preocupaciones: “En Santos casi no quedan plazas de hospitales. Y la asistencia sanitaria no es como en España. Hay gente que espera 8 ó 9 meses para hacer un examen”.

Mientras tanto, la ciudad transita en un duermevela. Como el Centro Espanhol, cerrado desde antes de la gran fiesta y hasta hoy. “Hay clases de español y de baile por internet, pero el alquiler de la instalaciones para fiestas no se puede hacer”, apunta Amanda. O como el centro de mayores Rosalía de Castro: “Estamos acercando las donaciones a las casas de los ancianos”.

Un voto implorado

Esta situación, como es lógico también afecta al proceso electoral ya en marcha.

Lo del voto rogado es complicadísimo. El correo, tradicionalmente, no funciona. Y ahora es todavía peor con el tema de la pandemia. El gobierno español debe buscar una alternativa que facilite que la gente pueda votar. Lo que hay ahora, más que un voto rogado, es un voto implorado”, lamenta Amanda.

Y lo hace desde su casa, donde suma ya 73 días confinada. “No sabemos cuándo será el final”. Lo que sí que sabe es lo que hará cuando todo esto pase: “Cuando termine, haremos la fiesta pendiente. Aún más grande que la que teníamos prevista”. A fin de cuentas, 125 años no se cumplen todos los días. Tampoco en la época de Covid.  

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Galicia, Patrimonio de la Humanidad

  • La Ribeira Sacra es finalista para optar en 2021 al reconocimiento de la Unesco, que ya tienen en la comunidad el Casco Histórico compostelano, el Camino de Santiago, la Muralla de Lugo y la Torre de Hércules
01
May
2020
Paisaje de la Ribeira Sacra
Viñedos en la Ribeira Sacra

Es algo único que solo puedes contemplar en Galicia. Un paisaje inmenso de escarpadas laderas sembradas de viñedos, dos ríos, el Miño y el Sil, y siglos de historia en las piedras de sus monasterios. Es Galicia, es la Ribeira Sacra, un patrimonio de todos los gallegos y cada vez más cerca de ser Patrimonio de la Humanidad en 2021. Una distinción de la Unesco que ya ostentan cuatro bienes gallegos. El casco histórico de Compostela, en 1985, abrió la lista, seguido del Camino de Santiago, la Muralla de Lugo y la Torre de Hércules coruñesa, la última en conseguirlo, en 2009. 

El próximo año, coincidiendo con la celebración del Xacobeo, podría sumarse la Ribeira Sacra, oficialmente finalista y candidata gallega y española, según acaba de comunicar la Unesco. 

La candidatura competirá con otras 22 del resto del mundo, pero para Galicia tiene todas las de ganar. Porque quien conozca la Ribeira Sacra, quien ha recorrido en catamarán el cañón del Sil y mirado hacia arriba y pensado en el trabajo de los heroicos viticultores cultivando las vides en esas terrazas, desafiando la gravedad; quien ha contemplado desde el claustro las piedras del monasterio de Santo Estevo de Ribas do Sil; quien se ha imaginado allí a romanos, monjes benedictinos, protagonistas de 1.500 años de historia; ya sabe que es un lugar único. 

Una zona de la Galicia interior, de Lugo y Ourense, con un valor universal excepcional y testigo de la cristianización del occidente de Europa. ¿Sabías que aquí se desarrolló un movimiento de eremitas y anacoretas que ocuparon los valles del Sil y del Miño? La implantación monacal dio lugar a conjuntos arquitectónicos de extraordinaria singularidad que no se deben dejar de visitar. Empieza por descubrir la Ribeira Sacra aquí y aquí.

Monasterio de Santo Estevo de Ribas do Sil, Ribeira Sacra, Galicia

¿Quieres saber más?

El casco histórico de Santiago de Compostela inauguró la lista de bienes gallegos Patrimonio Mundial de la Unesco. Lo hizo en 1985, un conjunto de iglesias, conventos, plazas, de piedras centenarias, liderado por una Catedral de Santiago con 800 años de historia, un conjunto arquitectónico con una belleza que ni la Unesco ni nadie podría ignorar. Aunque llueva. Porque, ¿has callejeado alguna vez por sus “rúas”? ¿Conoces San Martín Pinario, Praterías, A Quintana?

Unas calles a las que llega un Camino, el de Santiago, reconocido en 1993 por la Unesco, como una ruta tradicional de peregrinación y al que se unió en 2015 la inclusión de las rutas de los Caminos del Norte.

Es otro de los protagonistas del próximo año, porque el Camino traerá a Santiago a medio millón de peregrinos, una oportunidad histórica, el Año Santo, que en estos tiempos se hace imprescindible para poner en valor el patrimonio y la cultura de Galicia a nivel internacional.

Camino de Santiago, Galicia
Catedral de Santiago, Galicia

Y como peregrinos, si seguimos el Camino Primitivo, uno de los reconocidos en 2015, y a casi 100 kilómetros de la plaza del Obradoiro, se encuentra la Muralla romana de Lugo, la única del mundo que se conserva entera y que le valió ser Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Con más de 2 kilómetros y 10 puertas, dicen que puedes sentir el poder de Roma y de sus 17 siglos de historia si caminas por lo alto de la muralla, un poder que elevan sus 71 torres (85 en origen). La leyenda cuenta que los romanos la construyeron para proteger no la ciudad de Lugo, sino un bosque, el “Bosque Sagrado de Augusto”, en latín “Lucus Augusti”, un misterio el del bosque que ha dado nombre a una ciudad.

Romano también es, del siglo II d.C. y también desafía al paso del tiempo el faro símbolo de A Coruña.

La Torre de Hércules, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 2009, es el faro más antiguo en funcionamiento del mundo.

A lo largo de los siglos la Torre ha sido castillo defensivo, fortaleza, cantera, ha sido abandonada, reconstruida, ha sido y es un testigo de la humanidad, a la que ha guiado y guía con su luz. Ahora le toca iluminar el camino de la Unesco hasta la Ribeira Sacra.

Muralla de Lugo
Torre de Hércules de A Coruña
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La Galicia de Manoliño Nguema

  • La vida de Marcelo Ndong transcurre con una asombrosa naturalidad entre Guinea Ecuatorial y Galicia; entre Malabo y Ourense; hasta el punto de mutar, sin darse cuenta, en Manoliño Nguema.
  • Una existencia apasionante que Antonio Grunfeld ha sabido rescatar y llevar a la gran pantalla a través de un magnífico documental, merecedor del Mestre Mateo, que ha visto la luz bajo ese mismo nombre: Manoliño Nguema.
27
Apr
2020
Manoliño Nguema, Russo y Gorsy Edú en una de las escenas del documental.

“Lo que me hizo saber que las cosas habían cambiado fue el frío. Las calles congeladas, el sonido del mar. Recuerdo el olor de las castañas. Lo único que me queda de eso es esa enorme... morriña”. ¿Qué es la morriña?, interrumpe su lectura Russo. Enfrente, Marcelo Ndong, o Manoliño Nguema, qué más da, duda atrapado por la nostalgia de quien se sabe guineano y gallego al mismo tiempo. Tan gallego, fíjense, que rechaza esa misma nostalgia para definir a la morriña: “Nostalgia no dice nada, la morriña se debe cantar; no se puede explicar”. Y suena de fondo Cunqueiro -No miño novo do vento hai unha pomba dourada. Quén poidera namorala!-. Y ya todo cobra sentido, porque Guinea Ecuatorial, a fin de cuentas, no es tan distinta de Galicia.   

Lo sabe bien Marcelo, una vida entre dos mundos que se unen por un hilo conductor. El de su propio yo, capaz de devorar cualquier pantalla. O al menos eso pensó Antonio Grunfeld, Alcoy (1983), que por esas cosas del destino se encontraba en Malabo hace no mucho. Con él, Rocío Cadahía, su pareja, que es gallega. Algo importante en el relato, ya verán.  

“Me había puesto en contacto con unos chicos de una asociación de cine para hacer unas fotografías”, relata Antonio, que recuerda el día y la anécdota con la seguridad de quien se topa de bruces son su historia.  

“NOSTALGIA NO DICE NADA, LA MORRIÑA SE DEBE CANTAR; NO SE PUEDE EXPLICAR”. Y SUENA DE FONDO CUNQUEIRO -NO MIÑO NOVO DO VENTO HAI UNHA POMBA DOURADA. QUÉN POIDERA NAMORALA!-. Y YA TODO COBRA SENTIDO.

“Me recogieron en una C15 completamente destartalada y fuimos a buscar al protagonista”, prosigue. Marcelo se presenta. Antonio hace lo propio. Y añade, por el motivo que sea, probablemente por la cortesía que requiere cualquier primera conversación entre dos desconocidos: “Mi chica es gallega”. Respuesta: “Como yo”. “¿Cómo que como tú?”. Vencida la incredulidad por la enorme sencillez del personaje, el viaje concluye con los protagonistas cantando a dúo: Qué din os rumorosos / na costa verdecente. Otra vez Galicia y Guinea Ecuatorial estrujadas por el mismo hilo conductor. El de Marcelo. 

La historia 

“Nada más llegar a casa le dije a Rocío que ese hombre tenía una historia”, cuenta emocionado Antonio. Y vaya si la tenía. ¿Por dónde comenzar? Tal vez resulte más fácil seguir el relato cronológico. Una elección que nos conduce a 1968; un año que “tiene muchas cosas”. “Guinea gana la independencia, Macías gana las elecciones y a mí se me concede una beca para ir estudiar a España, en concreto al Circo de los Muchachos en Ourense”, describe Marcelo ya en el documental.  

Los tres protagonistas en un momento de la obra de teatro.
Marcelo delante de la tumba del padre Silva.

La cinta fluye con la suavidad del propio personaje, y navega a través de una obra de teatro que comprende las tres etapas de su vida: la del joven becado que descubre un mundo sorprendente; la del hombre que regresa a su país; la del actual, capaz de cerrar un círculo perfecto.  

Una obra dentro de otra obra, premiadas ambas gracias a la genialidad del protagonista y a la visión del narrador. Porque el documental Manoliño Nguema acaba de ganar, sin ir más lejos, un Mestre Mateo. Pero es que el guion construido por Rocío a través de esa obra de teatro ha sido capaz de saltar de la ficción a la realidad, haciéndose un hueco en carne y hueso. “Obtuvieron el premio del público en la Miteu de Ourense; la han representado en Madrid varias veces, en Carballo...”, destaca Antonio entusiasmado. 

EL VIAJE CONCLUYE CON LOS PROTAGONISTAS CANTANDO A DÚO: QUÉ DIN OS RUMOROSOS / NA COSTA VERDECENTE. OTRA VEZ GALICIA Y GUINEA ECUATORIAL ESTRUJADAS POR EL MISMO HILO CONDUCTOR. EL DE MARCELO.

Para construir ambas ficciones, fue necesario un mes en Guinea Ecuatorial -“es un país complicadísimo, y además lo cogimos paralizado por una huelga de taxis”-, y tres semanas en Galicia, con el objetivo de “cerrar el viaje vital”. 

“No sabíamos abrigarnos”, narra Marcelo recordando aquella Galicia que descubrió en marzo del 69. Una Galicia, igual que hoy, lluviosa, húmeda, con escarcha: “Tenías la sensación de vivir dentro de una nevera”. Y una Galicia que se abría al mundo con sorpresa: “Éramos los primeros negros (…). La gente subía para vernos. ¡Tedes unha cara tan difícil! (risas)”.  

La Ciudad de los Muchachos 

Pero allí, en Ourense, todo cambiaría para siempre. Con el Padre Silva y su ‘Ciudad de los Muchachos’. Un proyecto pionero -“entonces la única escuela de circo estaba en Rusia”- que llevó a Marcelo por el mundo antes de traerlo de vuelta hasta Santiago. “La gente de los pueblos el domingo venía a verme”. Tal era la atracción del propio personaje.  

El equipo durante el rodaje.
Antonio y su equipo con el Mestre Mateo. Foto: @academiagalegaa

Y allí conoció a Amparo, gallega y rubia; casi como él, vamos. Pero el amor, como es sabido, no hace distingos. “Se convirtió en mi vida”. Hasta el punto de que tuvieron dos hijos y ella no dudó a la hora de volver con él a casa: “Es muy difícil encontrar gente que te acompañe hasta el fin de mundo”. Esa era Amparo.  

Pero la Guinea de 1990 nada tenía que ver con la de antaño. “No había ni calles”. Y tampoco ningún apoyo institucional para alguien que traía consigo una “blanca” y un “coche”. “Éramos enemigos del pueblo”. Y claro, en esa situación Amparo y los niños se van por un lado, Marcelo por el otro. “Había cosas que hacer aquí”, afirma entre convencido y devastado.  

Lo cierto es que algo de razón tenía, porque allí, en Malabo, Marcelo se va a convertir en Manoliño Nguema para los suyos, y en el padre del teatro moderno en el país. Un escuela en la que se han formado miles de alumnos guineanos, entre ellos nuestro Russo -el que preguntaba por el significado de morriña-, o Gorsy Edú, el otro protagonista del documental, el del Marcelo hombre que regresa a su país.  

El documental 

Juntos, tres generaciones distintas que Antonio ha sabido llevar a la pantalla. "Lo primero fue hablar con Marcelo y sonsacarle. Nos costó que nos contase que había estado con García Márquez, con Picasso, con Dalí, con Chaplin...”. Pedacitos sueltos de una vida gigantesca que, imagínense, no llegan a salir en el documental. “Es muy humilde”, resume Antonio. 

Marcelo Ndong en la portada del documental.
Manoliño Nguema en otra de las escenas del documental.

De hecho, costó convencerlo. “Marcelo tenía sus reticencias, y sólo aceptó cuando le explicamos que la obra buscaba reconocer a las siguientes generaciones”. Entonces, sí, el proyecto de Manoliño Nguema empezó a cobrar vida. De modo muy altruista, pero vida a fin de cuentas.  

Porque esto tampoco iba a ser fácil. “Conseguimos una pequeña subvención de Agadic (Axencia Galega das Industrias Culturais) y con eso pagamos el viaje y las condiciones de la estancia en Guinea Ecuatorial. Nadie cobraba, pero por lo menos podíamos estar cómodos y trabajar a gusto”, recuerda Antonio, que desde el presente añade valor añadido a lo ya hecho: “Queremos volver a abrir las becas, con una doble vía que ponga en relación la técnica y el entrenamiento de Galicia, por un lado, con las etnias y los instrumentos de Guinea, por el otro”.

"LO PRIMERO FUE HABLAR CON MARCELO Y SONSACARLE. NOS COSTÓ QUE NOS CONTASE QUE HABÍA ESTADO CON GARCÍA MÁRQUEZ, CON PICASSO, CON DALÍ, CON CHAPLIN...”. PEDACITOS SUELTOS DE UNA VIDA GIGANTESCA.

Para ello cuentan con el mejor embajador posible, Russo, que sigue en Galicia en la Escuela de Teatro de la Miteu, en Ourense. “Él está sin beca. Ya traerlo fue complicadísimo. Los trámites empezaron en septiembre y concluyeron en febrero”, describe Antonio, que no duda en la voluntad de cualquier retornado de “volver a traer a su país todo lo aprendido”. “Si le das una oportunidad, la devuelven como motor de desarrollo”, añade.  

Lo sabe bien Marcelo Ndong, que un día partió hacia lo desconocido y descubrió una tierra que lo ha hecho suyo para siempre. La Galicia de Manoliño Nguema. No se la pierdan. Un relato cargado de esperanza para el que sólo necesitan hora y media 

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