• La colectividad gallega en el país sufre una de las cuarentenas más estrictas del mundo, que comienza a aliviarse estos días. Nos lo cuenta Susana Carbia, miembro del Consejo de Residentes Españoles y representante en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior
  • “En estas circunstancias, votar va a ser una odisea”, expone
11
Jun
2020
Buenos Aires
Ciudad de Buenos Aires

Argentina suma hoy poco más de 730 muertos por Covid-19. Con casi 45 millones de habitantes, la cifra es similar a la que ha sufrido, por ejemplo, Galicia, la otra patria, la patria chica: 619 fallecimientos por el virus. Pero aquí, claro, con apenas 2,7 millones de habitantes. Y pese a todo, el país mantiene una de las cuarentenas más estrictas del mundo. Tras más de 80 días confinados, el pueblo, entre el que figura una colectividad de alrededor de 180.000 gallegos, comienza a ver un poco de esperanza.

“Iniciamos una cuarentena muy temprana. Hubo tiempo para reforzar protocolos en hospitales, equiparse, tomar las medidas necesarias. La contención fue buena, pero la gente ahora lleva 80 días sin salir a trabajar”. El relato corresponde a Susana Carbia, miembro del Consejo de Residentes Españoles (CRE) y representante en el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior.

Susana no duda a la hora de valorar estas acciones. Sin embargo, echa en falta un acompañamiento, el tan manido refuerzo económico. “Acá decimos, si no mueres de coronavirus, mueres de hambre”. Un resumen gráfico de un confinamiento mayor que el de Wuhan. En días, seguro. Y tal vez en las normas secundadas.

"ACÁ DECIMOS, SI NO MUERES DE CORONAVIRUS, MUERES DE HAMBRE"

Lo sabe Carbia, que continúa su relato hilvanando recuerdos de esta época, de cuatro paredes siempre iguales que requieren de “permisos” para poder ser abandonadas. “Mi suegra tenía la cadera fracturada. Para asistirla, diariamente mi marido y yo teníamos que pedir un permiso que dura 24 horas. No podemos trasladarnos sin él. Hay controles, multas… Comienza a haber manifestaciones… Llevamos encerrados desde el 20 de marzo.

Un par de días después de esta entrevista, Argentina ha entrado en Fase 5, que viene siendo esa que conduce del simple aislamiento al distanciamiento social. Quedan excluidas el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y otras cinco localidades. Allí, la vida seguirá igual hasta el 28 de junio por lo menos. Es el miedo que dicta cada paso. “Tenemos barrios de emergencia, donde viven 43.000 personas. Si el virus entra en ellos, si explota ahí, será un desastre”, expone Susana.

Colas de correo
Colas de correo
Colas de correo.
Colas de correo.

No obstante, el martes fue el día con mayor número de contagios, lo que abre una puerta hacia el pasado, a la marcha atrás con algunas de las medidas adoptadas, al retorno a un aislamiento más estricto... “La gravedad se medirá por camas ocupadas, y por ahora vamos por el 43%”, chequea Susana.

 

La odisea del voto

Un escenario que complica, y mucho, la participación de la colonia gallega en las próximas elecciones del 12 de julio. Da igual que se haya ampliado el período de solicitud del voto hasta el día 16 de este mes; o que se pueda solicitar de modo telemático. El miedo es libre y a veces resulta el camino más rápido al absurdo.

“El otro día le envíe la correspondencia a una persona mayor. ¡No la había tocado! Le pregunté el motivo: dijo que tenía que desinfectarla durante tres días”, expone Susana, que no duda en reclamar algo que llevan haciendo mucho tiempo: la sustitución del voto rogado por un sistema efectivo que permita, de verdad, la participación ciudadana.

Y como a perro flaco todo son pulgas, entre el 7 y el 10 de julio, Argentina pagará, a través de correos, la cuota a los trabajadores no bancarizados. Algo que, como es obvio, alejará a mucha gente de las oficinas. Son tantos, que el gobierno está estudiando alternativas para pagarles los próximos refuerzos de esta ayuda (IFE) con el objetivo de que no se junte tanta gente en el correo y prevenir contagios.

“Votar va a ser una odisea. Es una lástima, porque en abril había mucha voluntad de voto. Parecía que iba a haber una buena participación”, lamenta Susana

Mientras que lo hace, continúa marcando muescas que suman días hacía la nueva normalidad. Esa que tal vez permita, más pronto que tarde, recuperar un pedacito de vida cotidiana. Como la de los centros gallegos, cerrados todo este tiempo, y privados así de una parte muy importante de sus ingresos por alquiler de instalaciones.    

“Recibimos apoyos de la Xunta de Galicia. Pero las entidades están sufriendo muchísimo”, prosigue Carbia, que se conforma, por ahora, con las actividades online. Pero no es lo mismo, claro. “Te falta el contacto, el reencuentro, la gastronomía…”. Llegará. Aunque tal vez haya que esperar más de 100 días. El confinamiento más largo del mundo. Y no es Wuhan

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