• El de Lorena Becco es uno de esos relatos a caballo entre dos tierras -Galicia y Uruguay- en una época marcada por el Covid-19
  • La investigadora, de padres y abuelos gallegos y que da clases en el Centro Social y Cultural Bergantiños y Casa de Galicia de Montevideo, trabaja en un proyecto conjunto entre el Instituto Pasteur, la Universidad de la República, a la que pertenece, y la empresa ATGen, dónde trabaja
23
Jul
2020
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Con su grupo de pandereta "O Son Da Ruxidoira", en la romería de diciembre del Hogar Español de Ancianos de Montevideo.

La madre de Lorena Becco nació en Campo Lameiro hace tal vez demasiado. El tiempo pasa rápido y provoca olvidos en cosas que, a la postre, son intrascendentes. Entonces, como ahora, Campo Lameiro era un pedacito de tierra verde escondido en la provincia de Pontevedra, famoso por sus petroglifos, esos que nos recuerdan que antes de nosotros ya hubo otros, con distintos problemas e inquietudes, pero otros, a fin de cuentas.

“Mi madre y mis abuelos se vinieron hace 63 años, e intentaron volver cuando mamá tenía 12 años. Mis abuelos, que también eran de Campo Lameiro, ya fallecieron”, relata Lorena desde el hoy, desde el ahora, desde ese Montevideo que, una vez más, cruza y entremezcla una historia gallega y uruguaya al mismo tiempo.

Un relato de galleguidad y de vanguardia, de cultura y de innovación, que pasa por la Casa de Galicia en Montevideo, donde Lorena, uruguaya de nacimiento y gallega hasta la médula, da clases de pandereta, canto y baile tradicional gallego a un grupo de, en su mayoría, “señoras mayores con mucha morriña de su tierra”.  

“También hay alguna uruguaya que adoptamos como propia”, bromea esta investigadora cuyo relato nos sitúa delante de la realidad de nuestro tiempo, de esa pandemia que ha puesto el mundo patas arriba, a la espera de una vacuna capaz de devolvernos a la ‘vieja normalidad’.

Un kit de PCR y un kit de detección de anticuerpos del Covid-19 en sangre

Mientras tanto, la ciencia no descansa. Tampoco en Uruguay, donde Lorena trabaja en un proyecto conjunto en el que participan el Instituto Pasteur, la Universidad de la República, a la que pertenece, y la empresa ATGen, que guarda una estrecha relación con la institución académica.

Tres patas de un mismo banco que sostienen una iniciativa compartida: un kit de diagnóstico molecular y un kit de detección de anticuerpos del Covid-19 en sangre. “La meta es conseguir un mejor seguimiento y diagnóstico de la pandemia”, resume Lorena con la sencillez propia de la ciencia. Nunca es tan fácil, claro. Digamos que el virus sufre distintas fases, haciéndose a veces indetectable, dependiendo, por ejemplo,  de en qué etapa de la enfermedad se encuentra puede variar en qué parte de las vías respiratorias se localice. En sangre, si se generan anticuerpos, se puede detectar.  

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Lorena Becco durante el proceso de investigación.

La principal dificultad es hallar muestras de sangre, porque en Uruguay el virus, hasta la fecha, está perdiendo la batalla: poco más de un millar de contagiados y 33 fallecidos. “La obtención de muestras no ha sido fácil, porque aquí tenemos bastantes pocos casos”, expone Lorena, que alude también a los inconvenientes de depender de donaciones voluntarias de sangre al no poder pagarlas como sucede en otros países.

El kit de deteccón de anticuerpos está ahora terminando su validación, poniendo a punto “umbrales y zonas grises”. En las próximas semanas debería estar disponible, permitiendo conseguir un mejor seguimiento y diagnóstico de la pandemia.

Por otro lado, en cuanto al kit de diagnóstico molecular mediante la técnica de “reacción en cadena de la polimerasa en tiempo real” (RT-PCR, su sigla en inglés) “al comienzo de la pandemia se requería de  cuatro reacciones sobre cada muestra: una de control y tres para detectar el virus de forma específica”. Ahora, con la sensibilidad adecuada, ya se logrará el mismo resultado en una única reacción, lo que permitirá aumentar la tasa de diagnóstico de la pandemia

La Agencia Nacional de Investigación e Innovación de Uruguay ha encargado 500 unidades, permitiendo cada una de ellas mil detecciones. Un paso más en la lucha contra el Covid-19 de un país en el que, como siempre, se entremezclan historias de dos tierras -Galicia y Uruguay- y un único sentir.

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