Galicia, tierra de retorno

  • Según los últimos datos oficiales, en 2019 eligieron Galicia para vivir 17.809 personas más de las que salieron, el mejor saldo migratorio positivo de toda la serie histórica
  • En 2019 retornaron 6.574 gallegos, haciendo de nuestra tierra la comunidad autónoma con mayor índice de retorno sobre las personas que entran en el país
21
Dec
2020

Galicia se ha convertido en los últimos años en tierra de retorno; un lugar escogido por miles de personas cada año para impulsar sus proyectos personales o familiares; para venir o para volver; para vivir. Una percepción confirmada por los datos que publicaba hace unos días el Instituto Galego de Estatística y que elevan, a cierre de 2019, hasta los 2.702.592 el número de habitantes de la Comunidad, 2.151 que en el año precedente. 

Una cifra que se alcanza, en gran medida, gracias a la ‘Estadística de Migraciones', que muestra que durante el último ejercicio escogieron Galicia para residir 17.809 personas más de las que salieron, el mayor saldo migratorio positivo de la serie histórica.

Por provincias, A Coruña creció un 0,1%, pasando de 1.122.007 a 1 de enero de 2019 a 1.123.550 en la misma fecha de 2020. Pontevedra mantienen la tendencia al alza, con un 0,3% (941.007), mientras Lugo baja un 0,4% (329.587) y Ourense un 0,3% (307.841).

Según el origen de estos movimientos, los datos confirman la tendencia de los últimos años, tanto en lo que incremento de las entradas procedentes del extranjero se refiere, como en la disminución de las salidas. Con respecto a los movimientos con el resto de España de residentes en Galicia, aumentan también ligeramente las entradas procedentes de otras comunidades autónomas y permanecen prácticamente estables las salidas. 

Más retorno

Galicia también ganó población desde el resto de España, ya que recibió 891 personas más de las que salieron, mientras las entradas de extranjeros en nuestra tierra ascendieron a 16.918, aumentando un 19,3% con respecto al año anterior.

A la hora de valorar el incremento de la inmigración, cabe destacar que las estadísticas no recogen los familiares o descendientes de los gallegos retornados que no cuentan con nacionalidad española, a pesar de formar parte de la colectividad gallega del exterior que regresa a Galicia. De este modo, las cifras van en coherencia con los importantes datos de retorno de los últimos años, que suponen un aumento tanto en las cifras de los retornados de origen gallego como de sus parejas o hijos sin nacionalidad que también forman parte de las estadísticas del saldo migratorio positivo, aunque se computen como inmigrantes.

En 2019 retornaron a Galicia 6.574 gallegos, convirtiendo a Galicia en la comunidad autónoma con mayor índice de retorno sobre las personas que entran en el país.

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Un mojón del Camino en Buenos Aires

  • El hito, colocado cerca del antiguo Puerto de la ciudad lugar al que llegaron cientos de miles de gallegos durante el último siglo, simboliza ese lazo perpetuo de unión entre Galicia y Argentina
18
Dec
2020

El Camino de Santiago es parte de la personalidad de nuestra tierra; de esa Galicia abierta e inclusiva que lanza un mensaje de acogida a todo el mundo.

Galicia ha sido, es y será, pese al Covid -a fin de cuentas, todo pasa- anfitriona de españoles y europeos, de asiáticos y americanos, de africanos. De gente llegada de cualquier lugar de la tierra, porque también desde cualquier lugar del mundo se puede peregrinar a Compostela.

Desde Buenos Aires, por ejemplo, donde a 9.990 kilómetros de Santiago luce ya un mojón coronado por la flecha amarilla y la vieira.

Emplazada en el espacio verde María Esther de Miguel, en el cruce de las avenidas Macacha Güemes y De Los Italianos, del barrio porteño de Puerto Madero, la piedra es ya un nuevo símbolo de esa perpetua unión entre Galicia y Argentina. No en vano, a pocos metros de allí se situaba el antiguo puerto de Buenos Aires, lugar a donde llegaron cientos de miles de gallegos durante el último siglo.

Esta donación surgió tras la entrevista que tuvo el año pasado la diputada legisladora de la ciudad autónoma de Buenos Aires, Cecilia Ferrero, con el Secretario General de la Emigración, Antonio Rodríguez Miranda, y el delegado de la Xunta en Argentina, Alejandro López Dobarro. Ambas instituciones pudieron trabajar de manera conjunta en una iniciativa que ha permitido instalar este símbolo identitario de la ruta xacobea a las puertas de un nuevo Año Santo.

Imagen de la inauguración del mojón del Camino de Santiago en la capital argentina.

En este marco, Ferrero destaca que “el mojón simboliza un lazo con nuestras raíces, nuestros orígenes. Galicia no puede explicarse sin Buenos Aires, sin su migración, y nosotros tampoco podemos explicarnos sin Galicia”.

Idea compartida por López Dobarro al afirmar que “Buenos Aires sigue siendo una ciudad con una presencia muy importante de gallegos, por lo que es apropiado que su emplazamiento se ubique cerca de la puerta de entrada por la que pasaron nuestros emigrantes cuando llegaron al país”.

Una vez más, y a pesar de los tiempos del Covid, Galicia y Argentina vuelven a hermanarse, como ayer, como hoy y como siempre. Queda pendiente, eso sí, una inauguración oficial, con toda la comunidad gallega. Un acto a la altura de Santiago y Buenos Aires, y de ese Camino universal.  

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La UNED facilita a la colectividad gallega en el exterior el acceso a los grados universitarios con el bachillerato homologado

  • La Universidad permite este año académico matricularse directamente en los grados que oferta con los títulos de bachillerato obtenidos antes del curso 2015/2016
15
Dec
2020
Centro de la UNED en A Coruña

La Secretaría Xeral de Emigración informa a la colectividad del exterior, así como a los emigrantes retornados, sobre las posibilidades que ofrece la Universidad a Distancia (UNED) para acceder a la formación superior en Galicia.

De este modo, las personas interesadas en cursar una carrera en una de las tres universidades gallegas, tienen que realizar el PCE, que son las pruebas comunes específicas, sumando el resultado final de este examen a la nota media del bachillerato homologado por la Xunta de Galicia.

Sin embargo, estas pruebas no son necesarias para cursar los grados que la UNED oferta, ya que esta Universidad permite acceder directamente con el bachillerato homologado (o con el justificante de pagar los trámites correspondientes). Los estudiantes permanecen un año en este centro, y luego pueden continuar allí sus estudios o solicitar su traslado de expediente a las universidades presenciales que lo deseen, ganando así un año de formación académica. 

A mayores, la UNED permite este año académico matricularse directamente en los grados que oferta con los títulos de bachillerato obtenidos antes del curso 2015/2016

Además, cabe destacar que con el acceso para mayores de 25 años superado, obtienen el equivalente a la ESO, y si posteriormente se matriculan en un grado universitario de la UNED y superan al menos 15 créditos ECTS, consiguen el equivalente al bachillerato. 

ENLACES CON LA INFORMACIÓN DE LA UNED: (pinchar aquí para descargar en pdf)
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'Fardel do Esiliado' o cómo hacer de la poesía una reflexión sobre la emigración y el exilio

  • Luis Seoane nos narra en este poemario icónico, rescatado ahora por el Consello da Cultura Galega y la Secretaría da Emigración, dos caras convergentes en una idéntica realidad, caracterizada, en sus páginas, por la enajenación y la exclusión social
11
Dec
2020
Una de las ilustraciones realizadas por el propio Seoane.

En 1949, Luis Seoane ponía, por primera vez en trece años de exilio en Argentina, los pies en el continente europeo, donde pasa cinco meses entre París y Londres. En la travesía de regreso a Buenos Aires, aprovechando una escala técnica que realiza el Highland Princess en el puerto de Vigo, él y su mujer pueden verse y conversar con algunos viejos amigos durante tres breves horas. Ya de nuevo a bordo del paquebote, aguijoneado por un sentimiento de derrota personal y generacional, Luis Seoane acomete, por la pura necesidad de expresar su malestar, la composición de «Desde el Highland Princess», el segundo de los dos poemas que utilizará de pórtico en 'Fardel de eisilado', cuando se decide a publicar el poemario en 1952.

Para ilustrar lo que era su primer libro de poemas, el artista empleará además los dibujos que había realizado de los emigrantes que compartieron con él las largas horas de ocio en el «combés de tercera» del barco.

De este modo surge un libro icónico que ahora rescatan el Consello da Cultura Galega y la Secretaría Xeral da Emigración en el marco de la colección que vienen impulsando de modo conjunto "Clásicos de la Emigración". Un conjunto de obras que pretende ofrecer un reflejo fiel de lo que supuso la emigración gallega, tanto para aquellos que la vivieron desde sus países de destino como para los que los vieron marchar. 

En este sentido, Seoane enuncia en 'Fardel de eisilado' su personal reflexión sobre la emigración y el exilio; según el poeta, dos caras convergentes en una idéntica realidad, caracterizada por la enajenación y la exclusión social. La lírica gallega se orienta así hacia los campos del socialrealismo, sirviéndose de un lenguaje de intención prosaica pero de ambición épica.

Colección "Clásicos da emigración"

'La emigración en Galicia' publicada por Ramón Castro López en 1923 fue el punto de apertura de esta colección integrada por una docena de títulos de diferentes géneros que hoy en día son difíciles de encontrar en bibliotecas o librerías y que, así, pueden ser más accesibles para el público investigador, pero también para cualquier persona interesada en el tema.

Reúne las distintas perspectivas que marcaron uno de los fenómenos demográficos más importantes de los últimos siglos en Galicia a través de obras que abarcan tanto ensayos como literatura de ficción o biografías, entre otros géneros, escritos entre principios del siglo XX y los años 60, aproximadamente. Cada uno de los volúmenes está prologado por un especialista contemporáneo en la materia, como Ramón Villares, Raúl Soutelo o Xosé M. Núñez Seixas, entre otros. 

Arquivo da Emigración Galega

El Arquivo da Emigración Galega es un centro que desarrolla proyectos de investigación que intentan aproximarse al fenómeno migratorio desde los más diversos enfoques, con un carácter netamente interdisciplinar. Entre sus áreas de trabajo está la difusión de estudios sobre el fenómeno migratorio, a través de publicaciones de obras de interés cultural y científico. Está dirigido por Xosé Manoel Núñez Seixas y cuenta entre sus miembros con Antía Pérez, Xesús Fraga, Raúl Soutelo o Luis Domínguez.

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Un pedacito de Galicia en Marsella

  • Manuel Silva llegó a Francia hace más de 40 años. Hoy preside el Centro Gallego de Marsella, disfruta de su hija y su familia, y atraviesa la pandemia con esa tranquilidad tan gallega, sabedor de que a fin de cuentas todo pasa
10
Dec
2020
La directiva del Centro Gallego de Marsella

Nadie sabe muy bien cuando comenzó aquel trajín de gente; de idas y venidas en blanco y negro, color adecuado a la nostalgia; de maletas cargadas de ropa y de esperanza, de abrazos furtivos para combatir a la morriña. Porque esa ausencia de comienzo, precisamente, confiere mayor sentido y certeza a la diáspora gallega por el mundo. En barco, al otro lado del inmenso azul Atlántico. Por carretera, muchas veces, a esta Europa también acogedora.

Como aquellos que llegaron a Marsella, pleno corazón de la costa azul francesa. Gallegos como Manuel Silva, que dejó Moraña (Pontevedra) atrás con apenas 19 años, hace casi medio siglo, y que hoy contempla la vida con la pausa propia que da cualquier mirada atrás. Un pedacito de Galicia en Marsella que ofrece una visión en la que se entremezclan proyectos de trabajo y personales, la creación de una familia, su hija Sabrina, y de fondo, el Centro Gallego de Marsella, que preside desde hace 15 años.

También en época de Covid. Esa pandemia que se llevó por delante, por ejemplo, la celebración del 41 aniversario de la asociación o el festival Celta previsto para abril.

“En nuestra región la pandemia va bajando poco a poco. Llegamos a tener casi cada día 110 pacientes en el hospital, y ahora tenemos unos 65”, expone Sabrina, también vicepresidenta del Centro, que traza sus recuerdos al lado de Manuel: el primer confinamiento que obligó a cerrar las puertas de la entidad hasta finales de mayo; la reapertura un par de sábados en junio; las vacaciones en julio y agosto; otro pequeño paréntesis en septiembre…

Ahora, Marsella, como Europa, vive en un toque de queda permanente. Hasta el 15 de diciembre, en Francia sólo se puede salir para trabajar y para hacer la compra, teniendo que estar en casa a partir de las nueve de la noche. La hostelería permanecerá cerrada hasta el 20 de enero y, por supuesto, no habrá fiesta de fin de año en el Centro Gallego de Marsella.

La asociación agrupa hoy a unos 170 socios, de los cuales 86 son gallegos nacidos en nuestra tierra. Ellos, como el resto, viven al día en época de Covid.

Manuel y su hija Sabrina.
El grupo folclórico del Centro, con el secretario de Emigración Antonio Rodríguez Miranda, durante la celebración de los 40 años de la entidad.

“¿Que qué plan tenemos para estas fiestas? Gran parte de nuestra familia está aquí, por lo que nosotros nos quedaremos, aunque por ahora sólo podemos salir a menos de 20 kilómetros durante tres horas”, detalla Manuel, que reconoce que muchos gallegos se marcharon en verano y todavía no han regresado.

Es Francia en tiempos del Covid. El país suma más de 225.000 infectados por coronavirus y se aproxima a los 60.000 fallecidos. Allí residen cerca de 17.000 gallegos, muchos en esa Marsella que vio llegar a Manuel hace más de cuarenta años.

Hoy él, como el resto, disfruta de su tierra de acogida sin olvidar esa Galicia tan suya y tan querida que, como todos, se adapta a la época del Covid. “Pienso que es igual para todo el mundo”, resume con esa flema gallega que ni el tiempo, ni Francia y la distancia han logrado enterrar. Y no le falta razón. 

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Más de 1.000 gallegos en Venezuela se benefician de una nueva campaña de entrega de medicamentos

  • Esta iniciativa, promovida por el gobierno de Galicia, busca atender a los gallegos en situación más vulnerable, para lo que incrementa su presupuesto un 20% el próximo año ante las dificultades derivadas de la pandemia del coronavirus
03
Dec
2020

Más de 1.000 gallegos residentes en Venezuela se han beneficiado de una nueva campaña de entrega de medicamentos, que acaba de recibir la Hermandad Gallega de Venezuela, y que destinará, en colaboración con el Centro Gallego de Maracaibo, el de Puerto La Cruz y la Hermandad Gallega de Valencia, a aquellos que se encuentran en una situación más vulnerable en el país.

Esta nueva campaña de medicamentos ha contado con un presupuesto de 166.000 euros por parte de la Xunta de Galicia. Una cuantía que el próximo año se verá incrementada en un 20%, hasta alcanzar los 200.000 euros, elevando de esta forma el número de beneficiarios. El objetivo es poder afrontar, del mejor modo posible, las complejas situaciones que están viviendo muchos gallegos residentes en Venezuela a causa de la difícil situación económica del país y de la actual pandemia del Covid-19.

Esta actividad, que se impulsa gracias a la colaboración de las entidades gallegas en el país sudamericano, centra su actividad en la entrega de medicamentos para los gallegos nacidos en Galicia y sus hijos, que carezcan de recursos para acceder a ellos.

Personal administrativo de las oficinas de atención social de los centros gallegos, así como profesionales médicos, prestan apoyo a los interesados en recibir ayuda, tanto a la hora de completar los trámites legales como a la de recibir asesoramiento en materia sanitaria. 

De este modo, se facilita el acceso a los medicamentos y tratamientos médicos a los gallegos residentes en Venezuela y sus hijos y nietos menores, permitiéndoles el tratamiento de enfermedades crónicas o patologías que revisten gravedad y requieren un sistema de distribución en modalidad de monodosis, siempre y cuando se acredite la carencia de medios económicos para acceder a su compra. Como novedad, este año, además, también se hizo entrega de insulina.

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De Berlín Son: panderetas contra la nostalgia y contra el Covid

  • Julián Lamas Rodríguez, gallego, 38 años, vive en la capital de Alemania y es uno de los socios de De Berlín Son, asociación cultural gallega puesta en marcha el año pasado. Hoy, media pandemia después, mantienen las clases entre medidas y precauciones mientras que planifican dónde pasar la Navidad
01
Dec
2020

Han pasado ya nueves meses desde marzo. Un embarazo completo en el que Galicia, España y Europa han ido tomándole el pulso a la pandemia. Confinamientos domiciliarios, cierres perimetrales, estados de alarma, índices de positividad, presión asistencial… Palabras y expresiones que han encontrado un hueco en nuestras charlas, asentándose con sigilo, casi sin querer, como esa visita exasperante que no acaba de entender que tienes sueño.

“Y no se podían creer que en un día el mundo se había puesto patas arriba y que vivían en uno distinto. En el mundo de Chernóbil”. O en el de Covid. La misma sensación de extrañeza y caos que relata Svetlana Alexievich en sus Voces de Chernóbil.

Voces que hoy, como las de la galleguidad, llegan de todas partes del mundo. Por ejemplo, desde el corazón de Alemania, donde la asociación De Berlín Son suma año y medio de existencia con el objetivo de “apoyar la cultura gallega” en el país.

Nos lo cuenta Julián Lamas Rodríguez, gallego, 38 años, que ha dejado atrás su tierra por trabajo: “Surgió la oportunidad y me quedé. Soy gestor de proyectos en una empresa de software”. Algo que no le impide seguir con una de sus aficiones, que ha trasladado hasta Berlín: la pandereta.

“La asociación nació con unos objetivos muy amplios y generales de apoyar la cultura gallega en Berlín, pero nuestra principal actividad es la pandereta”, resume Julián, al tiempo que recuerda que un “primer año muy activo” en el celebraron un par de foliadas, un concierto en Navidades, o participaron en el Carnaval de las Culturas de Berlín, un festival intercultural e internacional.

Pero luego, claro, llegó el Covid, obligando a “cancelar un montón de cosas”: fiestas, reuniones, actividades… “Últimamente quedamos una vez a la semana para practicar con la pandereta”, continúa Julián, que detalla que va menos gente que antes, y que “algunos prefieren no quedar”. Todo pese a las medidas de seguridad, a la restricción de accesos, a las mascarillas y las mamparas de metacrilato que ahora adornan el local.

Peajes en tiempos de pandemia que enrarecen la atmósfera, algo extensible a toda la ciudad. “El ambiente está un poco apagado para ser Berlín: es como Münich el resto del año”, bromea Julían, que reconoce que no sabe qué hará estas Navidades.

“No sé si podré volver a casa, empezando porque no sé si podré hacerme la prueba. Todo el mundo quiere marcharse al mismo tiempo y los laboratorios están saturados. Hay gente que ya ha arreglado, pero otros estamos dudando, mirando a ver qué es lo que pasa”, relata Julián, partidario, en cualquier caso, de esa prudencia tan gallega: “Si no se puede, trasladamos la Navidad a febrero o marzo, cuando se levanten las medidas, ya esté la vacuna y sea todo más seguro”, ironiza. 

Y no le falta razón, pese a la “congoja” que produce pensar en una Nochebuena berlinesa. Cenar en casa, hablar vía ‘Zoom’, quedar, tal vez, con algunos amigos que tampoco hayan hecho las maletas… Quizá, quién sabe. Pero seguro que de fondo sonará una pandereta.

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Galicia evocada por Perales

  • La historia de Belén Casal, 31 años, es un compendio de la emigración: de Galicia hacia América y del otro lado de Atlántico hacia nuestra tierra. Hoy disfruta de su familia y mira hacia el futuro con optimismo. Lo hace tras haber vuelto a casa gracias a una beca BEME
26
Nov
2020
Belén Casal con el diploma acreditativo de la beca BEME.

Su infancia son recuerdos de una letra de Perales. Acordes que huelen a caña y a café; a guayaba, a piel morena y a tabaco. A futuro y libertad, al menos al de aquella ‘América’ soñada por el artista hace casi 30 años. “Cuando era chica en casa se escuchaba mucho a Perales. ‘América’ era una de las canciones que más sonaba, y a mí me evocaba a mi otra tierra, a Europa, a Galicia, a aquello lejano y querido”, recuerda Belén Casal, un compendio de la emigración en apenas 31 años.

Porque Belén, como tantos otros, es gallega de Montevideo; o uruguaya de Compostela, qué más da. Aunque sería más correcto hablar de Barciademera, el pueblo de Eduardo Casal, su padre. O de Piñeiro de Areas, la segunda tierra de María Gil, su madre. Dos pedacitos de mundo apenas separados por cinco kilómetros de fincad y montaña.  

María había nacido en Uruguay, pero pasaba largas temporadas en Galicia. Eduardo era de aquí, donde su familia regentaba una panadería. En el medio, como nexo de unión de dos historias tan cercanas, aún sin saberlo, una fiesta del pueblo. “Se conocieron ahí de adolescentes, y se casaron en Vigo años más tarde, en 1972”, cierra el círculo Belén.  

Un matrimonio del que saldrían 4 hijos -la propia Belén, que es la pequeña; Pablo, María y Francisco-, en un constante ir y venir entre Galicia y Uruguay. “Con el tercero, mis padres decidieron quedarse allí. Volvíamos en verano”, detalla Belén, que inicia entonces su “lazo afectivo con Galicia”. Recuerdos que van y vienen, “no tanto de acentos sino de olores”. Aromas de julio y agosto que huelen a monte y a plaza… a Perales.

Y para matar la morriña, surge entonces el Centro gallego de Montevideo, con sus clases de baile: “Mi otra familia”. El tiempo pasa y los lazos se estrechan a través de diferentes programas que va ofreciendo la Xunta: Escolas Abertas, monitora en los Campos de trabajo… “Estas actividades acompañan tu vida, refuerzan los lazos con Galicia que quedan para siempre en la memoria psicoafectiva. Te sientes muy cerca, más allá de los kilómetros. Sientes como tuyos los dos países”.

Y tal vez llega uno a comprenderlos y quererlos hasta el punto de realizar el trabajo final de carrera -Comunicación Social allá, Periodismo, aquí- sobre los emigrados gallegos a Uruguay entre los 40 y los 60. Un instante en la vida de Belén en el que se cruza otra de esas enseñanzas que a veces nos golpea de modo inesperado, como una ráfaga de aire frío en el invierno; como el hambre después de una comida.

La familia de Belén en el pueblo, en la década de los 60.
Su padre y sus abuelos.
De niña con su familia.

“Me lo dijo una de las señoras con las que hablé, y no se me olvidará nunca: ‘Cuando fue la emigración, sentí que muchos tuvimos que bajar del barco para que se mantuviera a flote’”. Una metáfora perfecta de aquella Galicia en blanco y negro, que apuraba los problemas de postguerra buscando un futuro mejor en otro lado. En una América hermana, siempre hospitalaria.

La oportunidad de volver a casa

Las tornas ahora han cambiado, y los hijos y los nietos de aquellos que un día tuvieron que partir para que el barco no se hundiese, retornan hoy a Galicia para impulsar aquí sus proyectos vitales y profesionales.

Es también el caso de Belén, que gracias a las becas BEME, que cada año ofrece la Xunta para que la juventud gallega en el exterior pueda cursar aquí sus estudios de postgrado, ha vuelto a casa. Y lo ha hecho en compañía de su marido, Juan Manuel, y su hija, Elisa. “Galicia nos ha dado la oportunidad de retornar cerrando el círculo”.

Un círculo, eso sí, perfecto, con un máster en la Universidad de Santiago finalizada con un trabajo sobre los emigrantes retornados y su integración social en función de los estudios. Cómo no. Porque cerca ya de devorar el primer cuarto del siglo XXI, hay barcos que continúan amenazando con hundirse. Pero ya no es Galicia, que ha pasado de ser los recuerdos de Perales y los olores a montaña y a verde, a convertirse en una “realidad mayor que la expectativa”.

Con su familia ya en Galicia.
Con su madre.
Con su marido y su hija.

“Tú eliges Galicia, pero también Galicia te escoge a ti”, subraya Belén al tiempo que defiende la calidad humana y el sentido de comunidad de nuestra tierra, “el lugar idóneo para hacer crecer nuestra familia”. “Se lo recomendaría a todas las familias. Es un lugar maravilloso”.

Identikit verbal: proyecto de empresa y de familia

Tanto como para montar tu propia empresa. Algo que Juan Manuel y Belén no han dudado en hacer y para lo que han contado con la ayuda del programa de retorno emprendedor que ofrece también el Gobierno gallego.

“Vinimos con mucho trabajo de Uruguay. Y ahora hemos puesto en marcha nuestro proyecto -Identikit verbal-, sobre identidad verbal de empresa: cómo se constituye, define y presenta una compañía en su ámbito comunicacional. Cuál es su narrativa; cuáles sus atributos y cómo los va a comunicar”, detalla Belén.

Una inserción laboral que ella misma define como “un desafío”, pero que está dispuesta a afrontar en compañía de los suyos para seguir aquí, en esa Galicia evocada por Perales cuando cantaba a América. Curiosidades de la vida; o de dos tierras hermanas que no hacen más que añorarse eternamente.

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Un concurso para amenizar la Navidad

  • Los cuentacuentos del programa 'Un Nadal de contos' del Aula GaliciaAberta incorporan un certamen para que los más pequeños puedan enviar sus creaciones sobre cada una de los 10 relatos que comienzan a emitirse mañana
24
Nov
2020

La Navidad, aun en época de Covid, continúa siendo uno de los momentos más esperados del año para los más pequeños de la casa. Instantes de ilusión, de alegría, de familia, de la incertidumbre de saber qué nos traerán los Reyes Magos, de relatos que evocan otra época. Como los cuentacuentos del programa “Un Nadal de Contos” del Aula GaliciaAberta, que comienzan a emitirse mañana, y que incorporan un nuevo concurso para todos los niños que quieran participar.

Así, los más pequeños tendrán la ocasión de tomar parte, de un modo más activo, en cada una de las diez historias que componen la iniciativa, y que alternarán cuentos de Navidad con otros sobre el Xacobeo o relatos de figuras célebres como el pirata Benito Soto

Para ello, sólo tendrán que realizar sus creaciones relacionados con los cuentacuentos y enviarlas a la dirección de correo electrónico aulagaliciaaberta.emigracion@xunta.gal. Los dibujos deberán remitirse al concluir la emisión de cada uno de los diez cuentacuentos. El regalo consistirá en una mochila, un polo y una gorra. Las bases del concurso se publicarán mañana, antes del inicio del primero de los cuentacuentos.

Las sesiones, llevadas a cabo por Polo Correo do Vento, se emitirán a través del Facebook Live de GaliciaAberta los miércoles y sábados de 20 a 21 horas de España, desde mañana y hasta el 26 de diciembre. 

Aquellos que no puedan verlo en directo tendrán la oportunidad de visualizarlo posteriormente en las redes sociales de la Secretaría Xeral da Emigración, e incluso en su web institucional, donde quedará colgado tan pronto finalice la actividad.

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El mirador del Monte Alba: una mezcla perfecta de Vigo y de su Ría

  • Si estás en Galicia, o si tienes pensado volver una vez que pase la pandemia, aquí te dejamos otra de nuestras propuestas que no te puedes perder: el mirador del Monte Alba, o lo que es lo mismo, una de las mejores vistas sobre parte de las Rías Baixas
19
Nov
2020

La carretera de Valladares, en Vigo, discurre tranquila, atravesando la parroquia de lado a lado con la misma calma con la que el agua se desliza, sedienta, entre las rocas. Un puñado de líneas blancas que llegan a unirse ante los ojos, en contraste con el gris oscuro del asfalto.

Casi al final, la ruta gira a la derecha y comienza una rápida ascensión, demasiado pronunciada a veces, demasiado vertiginosa a ratos. El sol de la tarde devora las últimas hojas del otoño, que comienza a pintar de ocre la ladera.

Un macizo gris y verde que sube hacia el azul morado, malva oscuro, con el que van tiñéndose las nubes de un cielo despejado en el que, al fondo, sobre la delgada línea que marca el horizonte, comienza a fundirse el sol entre bocados.

A un lado, el Cepudo, al otro el Monte Alba. Los dos, con Vigo naciendo entre los dedos de sus pies, allá abajo, muy abajo, más de 500 metros en línea descendente hacia la Ría, que ahora refleja los últimos retazos del crepúsculo confiriendo toda su pureza a las Cíes, al este, y a Baiona, hacia el Oeste. 

La Capilla de Nuestra Señora del Alba contempla la vista como siempre: en silencio, acrecentada por esa luz del ocaso que refuerza su tono de piedra granítica, asentada sobre roca natural, antigua vestigio del Castelo del Alba, baluarte sobre el que dominar, antaño, un páramo desierto.

Dos senderos suben hacia ella. Uno, de arena y piedras flanqueadas por arces que mezclan rojos distorsionados de naranja, salpicados de retamos amarillos que dulcifican una escena dominada de otoño hasta la médula. El otro, una escalera, que serpentea alejando Valladares, Vigo, la Ría, la ciudad, el más allá.

El sol se pone ya ofreciendo una escena perfecta que se eleva desde el azul del mar hacia el gris clarito que dibuja el contorno de las Cíes, flanqueadas -parece casi al lado- por Toralla. Ahora todo es naranja, malva, rojo y amarillo, con el sol, transparente -semeja una bombilla-, partido en dos mientras que entrega el mirador del Monte Alba al silencio de la noche oprimido por el viento que no cesa.

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