• Manuel Silva llegó a Francia hace más de 40 años. Hoy preside el Centro Gallego de Marsella, disfruta de su hija y su familia, y atraviesa la pandemia con esa tranquilidad tan gallega, sabedor de que a fin de cuentas todo pasa
10
Dec
2020
Centro Gallego de Marsella 3
La directiva del Centro Gallego de Marsella

Nadie sabe muy bien cuando comenzó aquel trajín de gente; de idas y venidas en blanco y negro, color adecuado a la nostalgia; de maletas cargadas de ropa y de esperanza, de abrazos furtivos para combatir a la morriña. Porque esa ausencia de comienzo, precisamente, confiere mayor sentido y certeza a la diáspora gallega por el mundo. En barco, al otro lado del inmenso azul Atlántico. Por carretera, muchas veces, a esta Europa también acogedora.

Como aquellos que llegaron a Marsella, pleno corazón de la costa azul francesa. Gallegos como Manuel Silva, que dejó Moraña (Pontevedra) atrás con apenas 19 años, hace casi medio siglo, y que hoy contempla la vida con la pausa propia que da cualquier mirada atrás. Un pedacito de Galicia en Marsella que ofrece una visión en la que se entremezclan proyectos de trabajo y personales, la creación de una familia, su hija Sabrina, y de fondo, el Centro Gallego de Marsella, que preside desde hace 15 años.

También en época de Covid. Esa pandemia que se llevó por delante, por ejemplo, la celebración del 41 aniversario de la asociación o el festival Celta previsto para abril.

“En nuestra región la pandemia va bajando poco a poco. Llegamos a tener casi cada día 110 pacientes en el hospital, y ahora tenemos unos 65”, expone Sabrina, también vicepresidenta del Centro, que traza sus recuerdos al lado de Manuel: el primer confinamiento que obligó a cerrar las puertas de la entidad hasta finales de mayo; la reapertura un par de sábados en junio; las vacaciones en julio y agosto; otro pequeño paréntesis en septiembre…

Ahora, Marsella, como Europa, vive en un toque de queda permanente. Hasta el 15 de diciembre, en Francia sólo se puede salir para trabajar y para hacer la compra, teniendo que estar en casa a partir de las nueve de la noche. La hostelería permanecerá cerrada hasta el 20 de enero y, por supuesto, no habrá fiesta de fin de año en el Centro Gallego de Marsella.

La asociación agrupa hoy a unos 170 socios, de los cuales 86 son gallegos nacidos en nuestra tierra. Ellos, como el resto, viven al día en época de Covid.

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Manuel y su hija Sabrina.
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El grupo folclórico del Centro, con el secretario de Emigración Antonio Rodríguez Miranda, durante la celebración de los 40 años de la entidad.

“¿Que qué plan tenemos para estas fiestas? Gran parte de nuestra familia está aquí, por lo que nosotros nos quedaremos, aunque por ahora sólo podemos salir a menos de 20 kilómetros durante tres horas”, detalla Manuel, que reconoce que muchos gallegos se marcharon en verano y todavía no han regresado.

Es Francia en tiempos del Covid. El país suma más de 225.000 infectados por coronavirus y se aproxima a los 60.000 fallecidos. Allí residen cerca de 17.000 gallegos, muchos en esa Marsella que vio llegar a Manuel hace más de cuarenta años.

Hoy él, como el resto, disfruta de su tierra de acogida sin olvidar esa Galicia tan suya y tan querida que, como todos, se adapta a la época del Covid. “Pienso que es igual para todo el mundo”, resume con esa flema gallega que ni el tiempo, ni Francia y la distancia han logrado enterrar. Y no le falta razón. 

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