• La historia de Belén Casal, 31 años, es un compendio de la emigración: de Galicia hacia América y del otro lado de Atlántico hacia nuestra tierra. Hoy disfruta de su familia y mira hacia el futuro con optimismo. Lo hace tras haber vuelto a casa gracias a una beca BEME
26
Nov
2020
Belén Casal
Belén Casal con el diploma acreditativo de la beca BEME.

Su infancia son recuerdos de una letra de Perales. Acordes que huelen a caña y a café; a guayaba, a piel morena y a tabaco. A futuro y libertad, al menos al de aquella ‘América’ soñada por el artista hace casi 30 años. “Cuando era chica en casa se escuchaba mucho a Perales. ‘América’ era una de las canciones que más sonaba, y a mí me evocaba a mi otra tierra, a Europa, a Galicia, a aquello lejano y querido”, recuerda Belén Casal, un compendio de la emigración en apenas 31 años.

Porque Belén, como tantos otros, es gallega de Montevideo; o uruguaya de Compostela, qué más da. Aunque sería más correcto hablar de Barciademera, el pueblo de Eduardo Casal, su padre. O de Piñeiro de Areas, la segunda tierra de María Gil, su madre. Dos pedacitos de mundo apenas separados por cinco kilómetros de fincad y montaña.  

María había nacido en Uruguay, pero pasaba largas temporadas en Galicia. Eduardo era de aquí, donde su familia regentaba una panadería. En el medio, como nexo de unión de dos historias tan cercanas, aún sin saberlo, una fiesta del pueblo. “Se conocieron ahí de adolescentes, y se casaron en Vigo años más tarde, en 1972”, cierra el círculo Belén.  

Un matrimonio del que saldrían 4 hijos -la propia Belén, que es la pequeña; Pablo, María y Francisco-, en un constante ir y venir entre Galicia y Uruguay. “Con el tercero, mis padres decidieron quedarse allí. Volvíamos en verano”, detalla Belén, que inicia entonces su “lazo afectivo con Galicia”. Recuerdos que van y vienen, “no tanto de acentos sino de olores”. Aromas de julio y agosto que huelen a monte y a plaza… a Perales.

Y para matar la morriña, surge entonces el Centro gallego de Montevideo, con sus clases de baile: “Mi otra familia”. El tiempo pasa y los lazos se estrechan a través de diferentes programas que va ofreciendo la Xunta: Escolas Abertas, monitora en los Campos de trabajo… “Estas actividades acompañan tu vida, refuerzan los lazos con Galicia que quedan para siempre en la memoria psicoafectiva. Te sientes muy cerca, más allá de los kilómetros. Sientes como tuyos los dos países”.

Y tal vez llega uno a comprenderlos y quererlos hasta el punto de realizar el trabajo final de carrera -Comunicación Social allá, Periodismo, aquí- sobre los emigrados gallegos a Uruguay entre los 40 y los 60. Un instante en la vida de Belén en el que se cruza otra de esas enseñanzas que a veces nos golpea de modo inesperado, como una ráfaga de aire frío en el invierno; como el hambre después de una comida.

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La familia de Belén en el pueblo, en la década de los 60.
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Su padre y sus abuelos.
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De niña con su familia.

“Me lo dijo una de las señoras con las que hablé, y no se me olvidará nunca: ‘Cuando fue la emigración, sentí que muchos tuvimos que bajar del barco para que se mantuviera a flote’”. Una metáfora perfecta de aquella Galicia en blanco y negro, que apuraba los problemas de postguerra buscando un futuro mejor en otro lado. En una América hermana, siempre hospitalaria.

La oportunidad de volver a casa

Las tornas ahora han cambiado, y los hijos y los nietos de aquellos que un día tuvieron que partir para que el barco no se hundiese, retornan hoy a Galicia para impulsar aquí sus proyectos vitales y profesionales.

Es también el caso de Belén, que gracias a las becas BEME, que cada año ofrece la Xunta para que la juventud gallega en el exterior pueda cursar aquí sus estudios de postgrado, ha vuelto a casa. Y lo ha hecho en compañía de su marido, Juan Manuel, y su hija, Elisa. “Galicia nos ha dado la oportunidad de retornar cerrando el círculo”.

Un círculo, eso sí, perfecto, con un máster en la Universidad de Santiago finalizada con un trabajo sobre los emigrantes retornados y su integración social en función de los estudios. Cómo no. Porque cerca ya de devorar el primer cuarto del siglo XXI, hay barcos que continúan amenazando con hundirse. Pero ya no es Galicia, que ha pasado de ser los recuerdos de Perales y los olores a montaña y a verde, a convertirse en una “realidad mayor que la expectativa”.

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Con su familia ya en Galicia.
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Con su madre.
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Con su marido y su hija.

“Tú eliges Galicia, pero también Galicia te escoge a ti”, subraya Belén al tiempo que defiende la calidad humana y el sentido de comunidad de nuestra tierra, “el lugar idóneo para hacer crecer nuestra familia”. “Se lo recomendaría a todas las familias. Es un lugar maravilloso”.

Identikit verbal: proyecto de empresa y de familia

Tanto como para montar tu propia empresa. Algo que Juan Manuel y Belén no han dudado en hacer y para lo que han contado con la ayuda del programa de retorno emprendedor que ofrece también el Gobierno gallego.

“Vinimos con mucho trabajo de Uruguay. Y ahora hemos puesto en marcha nuestro proyecto -Identikit verbal-, sobre identidad verbal de empresa: cómo se constituye, define y presenta una compañía en su ámbito comunicacional. Cuál es su narrativa; cuáles sus atributos y cómo los va a comunicar”, detalla Belén.

Una inserción laboral que ella misma define como “un desafío”, pero que está dispuesta a afrontar en compañía de los suyos para seguir aquí, en esa Galicia evocada por Perales cuando cantaba a América. Curiosidades de la vida; o de dos tierras hermanas que no hacen más que añorarse eternamente.

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