El pueblo gallego que llegó a tener más vecinos en América que en sus propias calles

  • En el corazón de O Ribeiro, es mucho más que el municipio de las mansiones mexicanas: es uno de los lugares que mejor explican la historia de la emigración gallega y el profundo vínculo con la tierra de quienes un día se marcharon.
29
May
2026
Embalse de Avión

Hay lugares en Galicia que no pueden entenderse sin la emigración. Avión, un pequeño municipio ourensano situado entre las montañas de la comarca de O Ribeiro, es uno de ellos. Durante décadas, cientos de familias hicieron las maletas rumbo a América en busca de oportunidades que su tierra natal no podía ofrecerles. Muchos encontraron fortuna al otro lado del Atlántico; otros no tuvieron la misma suerte. Pero todos dejaron una huella imborrable en este rincón gallego que llegó a convertirse en uno de los grandes símbolos de la diáspora.

La magnitud del fenómeno fue tal que durante buena parte del siglo XX había más vecinos de Avión repartidos por países como México, Cuba, Venezuela o Brasil que residiendo en sus propias aldeas. Aún hoy, cuando llega el verano, el municipio vive una transformación única. Los cerca de 2.600 habitantes que permanecen durante el invierno ven cómo la población prácticamente se duplica con el regreso temporal de emigrantes y descendientes que vuelven para reencontrarse con sus raíces.

El pueblo que inspiró un documental sobre la emigración gallega

La singular historia de Avión llamó la atención de los hermanos María y Marcos Hervera, autores del documental Avión, el pueblo ausente. La película retrata las múltiples caras de la emigración gallega a través de las voces de quienes se fueron, de quienes regresaron y de quienes permanecieron esperando.

Lejos de limitarse a mostrar las conocidas historias de éxito empresarial vinculadas a México, el documental profundiza en las consecuencias humanas del éxodo: las despedidas, la separación de familias enteras, la soledad de quienes se quedaron y el sentimiento de pertenencia que continúa uniendo a varias generaciones con Galicia.

Porque detrás de las grandes mansiones construidas por algunos emigrantes retornados existe una realidad mucho más compleja. Avión es también la historia de los sacrificios, de las oportunidades perdidas y de la nostalgia permanente por una tierra que nunca desaparece de la memoria.

Mucho más que emigración

Sin embargo, reducir Avión únicamente a su pasado migratorio sería injusto. Mucho antes de convertirse en referencia de la emigración gallega, este territorio rebosaba actividad gracias a la agricultura y al comercio. Su ubicación estratégica convirtió la zona en paso habitual de arrieros que transportaban mercancías entre O Ribeiro y otros puntos de Galicia.

Ese pasado aún permanece visible en un extraordinario patrimonio tradicional repartido por sus aldeas. Los conjuntos de hórreos son uno de sus mayores tesoros. Los de Beresmo y Barroso figuran entre los más conocidos y ofrecen una imagen casi intacta de la Galicia rural de otros tiempos, con grandes eiras de mallar rodeadas por estas características construcciones.

Cada parroquia conserva además sus propios ejemplos de arquitectura popular, formando un paisaje cultural único que ayuda a comprender cómo era la vida cotidiana antes de la gran emigración.

Puentes, caminos y vestigios de siglos de historia

La importancia histórica de Avión también puede rastrearse en sus antiguos puentes. El Ponte Contán, de origen anterior al siglo XVIII, fue durante generaciones una infraestructura fundamental para las comunicaciones de la zona. Aunque una riada destruyó uno de sus arcos en el siglo XIX, fue reconstruido respetando su aspecto original.

Otro de los lugares destacados es el Ponte Baíste o Ponte Garfián, que comunica Avión con Beariz y conserva buena parte de su estructura histórica. También el Ponte de Valderías forma parte de un paisaje fluvial especialmente atractivo, rodeado de naturaleza y de elementos etnográficos tradicionales.

Entre montañas, castros y chozos de pastores

El patrimonio de Avión no termina en sus aldeas. Desde el antiguo castro de San Vicenzo se obtienen algunas de las mejores panorámicas del municipio, con vistas al embalse de Albarellos y a las sierras de O Suído y Faro de Avión.

Precisamente O Suído guarda otro de los elementos más singulares de la zona: los chozos utilizados durante siglos por los pastores que llevaban el ganado a los pastos de altura durante los meses de verano. Algunas de estas construcciones sorprenden por la calidad de su arquitectura, con arcos de medio punto y sistemas constructivos que revelan siglos de ocupación humana en estas montañas.

Una cascada espectacular y un paisaje que invita a regresar

Entre los rincones naturales más destacados se encuentra la Fervenza da Feixa, en Abelenda. Durante los meses de mayor caudal, esta cascada se convierte en una de las más impresionantes de toda la comarca. El agua del Rego das Fragas se precipita sobre una gran pared rocosa creando un espectáculo que recompensa una sencilla ruta a pie.

El paseo fluvial de Valderías, los bosques de ribera, las montañas de O Suído y las numerosas aldeas tradicionales completan una oferta que convierte a Avión en uno de esos lugares capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer bien Galicia.

Quizás por eso, pese a que generaciones enteras tuvieron que marcharse para buscar un futuro mejor, la mayoría nunca rompió el vínculo con esta tierra. Avión sigue siendo hoy un ejemplo perfecto de cómo la emigración transformó Galicia, pero también de cómo Galicia continúa llamando a quienes un día se fueron.

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La canción que mantuvo viva Galicia en Buenos Aires y La Habana

  • Durante décadas, miles de emigrantes gallegos encontraron en “Os Pinos” una forma de volver emocionalmente a casa. El himno gallego sonó en muchos rincones de América como símbolo de identidad, nostalgia y unión con nuestra tierra
08
May
2026
Os Pinos

Hubo un tiempo en el que miles de gallegos vivían a un océano de distancia de su tierra, pero bastaban unos pocos acordes para regresar emocionalmente a ella. Ocurría en teatros de Buenos Aires, en sociedades gallegas de La Habana, en banquetes multitudinarios o en pequeñas reuniones de emigrantes. Cuando comenzaba a sonar Os Pinos, muchos contenían las lágrimas. Otros ni siquiera lo intentaban.

Porque para quienes habían dejado atrás aldeas, familias y una vida entera en Galicia, el himno no era solo una canción. Era un vínculo. Una forma de seguir sintiéndose cerca de casa incluso después de décadas lejos.

Un himno nacido entre nostalgia y orgullo gallego

La letra de “Os Pinos” fue escrita por Eduardo Pondal, una de las grandes figuras del Rexurdimento, mientras que la música fue compuesta por Pascual Veiga a finales del siglo XIX.

La obra estaba profundamente impregnada de identidad gallega. Pondal imaginaba una Galicia orgullosa de sí misma, consciente de su historia y de su cultura, en una época en la que muchos gallegos sentían que su tierra vivía olvidada y empobrecida.

Pero lo más curioso es que el himno encontró una parte esencial de su alma lejos de Galicia.

Aunque hoy forma parte de cualquier acto institucional gallego, durante décadas fueron los emigrantes quienes lo mantuvieron vivo con especial intensidad. En América, donde la morriña golpeaba con más fuerza, “Os Pinos” adquirió un significado todavía más emocional.

La Habana, el lugar donde el himno comenzó a hacer historia

Uno de los episodios más simbólicos ocurrió en 1907, cuando el himno fue interpretado oficialmente por primera vez en La Habana.

No fue casualidad. Cuba era entonces uno de los grandes destinos de la emigración gallega. Miles de gallegos habían cruzado el Atlántico buscando oportunidades y habían levantado una poderosa red de sociedades y centros culturales que mantenían viva la conexión con Galicia.

En aquellos espacios no solo se hablaba gallego o se compartían comidas típicas. También se defendía una identidad colectiva que muchos se negaban a perder.

Y allí, a miles de kilómetros de Santiago, Vigo, Lugo o Ourense, el himno comenzó a convertirse en un símbolo emocional para toda una generación de emigrantes.

Buenos Aires y la Galicia del otro lado del océano

Si hubo una ciudad donde la galleguidad alcanzó dimensiones gigantescas esa fue Buenos Aires.

Durante buena parte del siglo XX llegó a decirse que la capital argentina era “la ciudad gallega más grande del mundo”. Decenas de miles de emigrantes construyeron allí una auténtica Galicia paralela: centros gallegos, periódicos, asociaciones culturales, coros, teatros y mutualidades.

En muchos de esos actos, “Os Pinos” ocupaba un lugar central.

Sonaba en celebraciones, homenajes y reuniones multitudinarias. También en momentos especialmente emotivos, como despedidas o funerales. Para muchos emigrantes, escuchar el himno era recordar a los padres que habían quedado en Galicia, las aldeas de infancia o incluso un regreso que quizá nunca llegaría.

No eran pocos los que llevaban décadas sin pisar su tierra.

Una canción capaz de hacer llorar 

La emigración gallega estuvo marcada por separaciones larguísimas. Muchas familias pasaban años sin verse. Algunas nunca volvían a reunirse.

Por eso, pequeños símbolos como el himno tenían una fuerza enorme.

Los testimonios de la época hablan de emigrantes emocionados hasta las lágrimas cuando escuchaban los primeros versos:

“Que din os rumorosos…”

Era mucho más que música. Era una forma de sentirse todavía parte de Galicia.

En una época sin videollamadas, sin vuelos baratos y con comunicaciones lentas, el himno ayudaba a mantener viva una identidad compartida al otro lado del Atlántico.

El himno que sobrevivió gracias a la Galicia exterior

La historia de “Os Pinos” también demuestra hasta qué punto la emigración fue fundamental para conservar y proyectar la cultura gallega.

Mientras Galicia atravesaba décadas difíciles económica y socialmente, las colectividades emigrantes ayudaron a mantener vivas tradiciones, publicaciones, instituciones culturales e incluso proyectos educativos.

Y el himno formó parte de todo ello.

De alguna manera, la Galicia exterior actuó como una gran memoria colectiva que seguía latiendo lejos de casa.

Todavía hoy, en muchos centros gallegos repartidos por América y Europa, “Os Pinos” continúa sonando en fechas señaladas. Y aunque las generaciones han cambiado, la emoción sigue siendo parecida.

Porque hay canciones que no solo se escuchan.

También se recuerdan.

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10 sabores que saben a casa

  • Hoy os proponemos una ruta gastronómica por Galicia para curar la morriña
16
Sep
2025
Pulpo á feira

Hay cosas que caben en una maleta y cosas que no. La brisa atlántica, las romerías de verano o las sobremesas eternas en familia son imposibles de empaquetar. Pero hay algo que, incluso a miles de kilómetros, devuelve al instante la sensación de estar en casa: los sabores de Galicia. Esta tierra se reconoce con el paladar, y quienes viven fuera lo saben bien. Aquí reunimos diez de esos platos y productos que despiertan la morriña y hacen querer volver.

1. Pulpo á feira

El plato por excelencia de Galicia, presente en ferias, fiestas y domingos familiares. Cocido en cobre, cortado a tijera y aderezado con sal gorda, pimentón y un buen chorro de aceite de oliva, el pulpo no es solo comida: es un ritual compartido.

2. Empanada gallega

De zamburiñas, de atún, de bacalao con pasas, de berberechos… cada zona presume de su empanada. En las mesas gallegas siempre está presente, y para muchos emigrantes el recuerdo de una empanada casera basta para regresar mentalmente a la cocina de la abuela.

3. Queso de tetilla

Su forma inconfundible y su sabor suave lo convierten en uno de los quesos más queridos de Galicia. Perfecto para acompañar pan de Cea, membrillo o simplemente disfrutarlo tal cual. Es uno de esos sabores que nunca se olvidan.

4. Pimientos de Padrón

“Uns pican e outros non”. Esa ruleta de la huerta gallega ha dado fama mundial a estos pequeños pimientos que, fritos en aceite y espolvoreados con sal, se convierten en un vicio irresistible.

5. Pan gallego

Crujiente por fuera, con miga húmeda y esponjosa por dentro. El pan gallego tiene un sabor que lo distingue y que hace que, para muchos gallegos en el exterior, ningún pan se le acerque.

6. Mariscos de las rías

Percebes, almejas, navajas, mejillones, vieiras… Galicia es mar y lo lleva en la mesa. El sabor a marisco fresco es un privilegio que quienes viven lejos echan especialmente de menos.

7. Lacón con grelos

Un plato contundente, ligado a los inviernos gallegos y al Carnaval. El lacón, cocido lentamente, acompañado de grelos, patatas y chorizo, es sinónimo de reunión familiar alrededor de la mesa.

8. Caldo gallego

Reconforta el cuerpo y el alma. Hecho con grelos, berza, patata, chorizo y a veces fabas, es una de las recetas más humildes y, a la vez, más identitarias. Un caldo gallego en invierno es pura Galicia en un cuenco.

9. Tarta de Santiago

Crujiente por fuera, húmeda por dentro y con la cruz de Santiago dibujada en azúcar glas. Esta tarta de almendra, con siglos de historia, es embajadora de Galicia en todo el mundo.

10. Albariño

El vino más internacional de Galicia, fresco y afrutado, que acompaña a la perfección a los pescados y mariscos de las rías. Un brindis con Albariño es también un brindis con la tierra.


Sabores que llaman al retorno

Estos diez sabores son solo una muestra de la riqueza gastronómica de Galicia. Cada bocado guarda un recuerdo y una invitación a volver. Porque quien regresa y se sienta en la mesa familiar sabe que el verdadero viaje no empieza en el aeropuerto, sino en el primer sorbo de caldo, en el crujir del pan o en el picor inesperado de un pimiento de Padrón.

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Este es el paraíso que no te puedes perder si vuelves a Galicia en 2025

  • National Geographic apuesta por visitar este lugar con “aguas sacadas de un cuento” que “Ptolomeo bautizó como Islas de los Dioses”
17
Jan
2025

Si estás planeando tu retorno a Galicia o simplemente deseas reconectar con las maravillas de tu tierra natal, hay un destino que no puedes dejar fuera de tu lista: las Illas Cíes, el mayor tesoro de la ría de Vigo. Reconocidas por su incomparable belleza y su riqueza natural, estas islas han sido destacadas por National Geographic como una de las visitas imprescindibles de 2025, y no es difícil entender por qué.

Las Cíes forman parte del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas, un enclave protegido que abarca también las islas de Ons, Sálvora y Cortegada. Estas islas, prácticamente vírgenes, son un refugio para la biodiversidad y ofrecen paisajes que parecen sacados de un sueño. En ellas encontrarás playas de arena blanca finísima y aguas cristalinas, como la playa de Rodas, reconocida por The Guardian como "la mejor playa del mundo".

Un viaje inolvidable entre naturaleza e historia

El archipiélago está compuesto por tres islas principales: Monteagudo, O Faro y San Martiño. Las dos primeras están unidas por la playa de Rodas y una pasarela que te permitirá disfrutar del sonido del oleaje mientras cruzas. Además, entre el arenal y el puente se forma la pintoresca Lagoa dos Nenos, hogar de una rica fauna marina.

Estas islas no solo son un paraíso para los amantes del relax en la playa, sino también para los entusiastas del senderismo y la aventura. Sus rutas te llevan a descubrir escarpados acantilados, históricos faros y miradores con vistas de ensueño, como el Alto do Príncipe o el faro de Monte Faro, situado a casi 180 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, podrás contemplar panorámicas únicas de la ría de Vigo, los acantilados y la isla de San Martiño.

Un encuentro con la fauna y flora gallega

Las Illas Cíes son también un auténtico santuario para la fauna marina y las aves. Delfines, gaviotas y cormoranes serán tus compañeros de viaje durante el trayecto en barco desde Vigo, Cangas o Baiona. Una vez allí, podrás explorar sus aguas cristalinas practicando submarinismo o snorkel, y maravillarte con los secretos que albergan sus fondos marinos.

Para quienes disfrutan de la observación de aves, las Cíes cuentan con varios puntos ideales para practicar birding, hogar de una de las colonias de aves marinas más importantes de Europa. Su riqueza biológica, tanto en tierra como en el mar, convierte a estas islas en un destino único.

Un paraíso sostenible

La conservación es uno de los pilares fundamentales de este enclave natural. Con un límite de 1.800 visitantes diarios, las islas mantienen su carácter virgen y garantizan una experiencia tranquila y respetuosa con el entorno. Si deseas prolongar tu estancia, puedes optar por el área de acampada, desde donde podrás disfrutar de amaneceres inolvidables.

Redescubre Galicia desde su esencia

Las Illas Cíes son mucho más que un destino turístico; son un símbolo de la riqueza natural y cultural de Galicia. Si vuelves a esta tierra mágica este año, no dejes de visitarlas. Aquí encontrarás un lugar que conecta la tranquilidad del pasado con la majestuosidad de la naturaleza gallega.

Porque volver a Galicia es también redescubrirla. Y las Islas de los Dioses te están esperando.

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Galicia y la muralla romana mejor conservada del mundo

  • Construida entre finales del siglo III y comienzos del IV d.C., la muralla de Lugo ha llegado casi íntegra hasta nuestros días rodeando la ciudad con un perímetro de 2.266 metros
11
Dec
2024
Muralla de Lugo

En el corazón de Lugo, la ciudad más antigua de Galicia, se alza una de las maravillas arquitectónicas más impresionantes del mundo: su muralla romana. Este coloso de piedra, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, es hoy el ejemplo mejor conservado de arquitectura militar romana que ha llegado hasta nuestros días. 

Única en el mundo por mantenerse íntegra tras casi 17 siglos, la muralla de Lugo sigue siendo un testimonio vivo del esplendor del Imperio Romano y de la ingeniería de la antigüedad.

Una estructura imponente y única

Construida entre finales del siglo III y comienzos del IV d.C., la muralla de Lugo rodea el casco histórico de la ciudad con un perímetro de 2.266 metros. 
Este cinturón de piedra, coronado por 71 torres de las 85 originales, alcanza una altura media de 10 metros, con tramos de adarve que llegan a medir hasta 7 metros de ancho. Sus muros fueron diseñados no solo como una formidable defensa, sino también como una obra estética que sigue impresionando a visitantes de todo el mundo.

La función original de la muralla era proteger la ciudad de Lucus Augusti, fundada en el año 13 a.C. por orden del emperador Augusto. Sin embargo, según una de las leyendas más conocidas, no fue la ciudad lo que los romanos querían salvaguardar, sino un lugar sagrado conocido como el "Bosque Sagrado de Augusto". 

Este bosque, rodeado de misterio, habría sido el origen del nombre de Lugo, y aunque no queda rastro del bosque, la muralla permanece, conectando a la ciudad moderna con su pasado mítico.

Las puertas de la historia

La muralla cuenta actualmente con diez puertas que conectan el interior y el exterior de la ciudad, aunque originalmente solo tenía cuatro. Cada una tiene su propia historia y características arquitectónicas. 

La Puerta de Santiago, una de las más emblemáticas, data de época romana, aunque fue modificada en siglos posteriores. Durante la Edad Media, fue la única puerta que permanecía abierta durante las epidemias de peste. Hoy, es el acceso principal para quienes desean recorrer el adarve de la muralla, y su diseño la convierte en un símbolo de la ciudad.

Puerta Campo Castelo
Puerta Miñá o del Carmen
Puerta del Obispo Aguirre

Otra puerta destacada es la Puerta Miñá, también conocida como Puerta del Carmen, considerada la más fiel a su diseño original romano. Esta entrada, que conecta la ciudad con el río Miño, ofrece una experiencia especial a quienes buscan sumergirse en la atmósfera histórica de Lugo.

La Puerta del Obispo Odoario, en cambio, es un ejemplo de cómo la modernidad ha intervenido en la muralla: fue abierta en 1921 mediante dinamita, en un acto que causó gran polémica y llevó a que la muralla fuera declarada Monumento Nacional.

Un viaje al pasado

Caminar por la muralla es mucho más que un paseo turístico; es un viaje en el tiempo. Desde su adarve, que se ha convertido en una calle más de la ciudad, los visitantes pueden observar cómo la vida fluye a ambos lados del muro. 

Dentro del recinto amurallado, la ciudad histórica conserva monumentos imprescindibles como la Catedral de Santa María, cuya Puerta Norte daba la bienvenida a los peregrinos del Camino de Santiago. Su altar mayor, con el Santísimo Sacramento en exposición permanente, y las capillas barrocas de San Froilán y la Virgen de los Ojos Grandes son algunos de los puntos más destacados.

Además, el interior de la muralla alberga el Museo Provincial, situado en el antiguo Convento de San Francisco. Este espacio preserva mosaicos romanos y otros tesoros arqueológicos, ofreciendo una visión fascinante de la vida cotidiana en la antigua Lucus Augusti. 

El recinto histórico incluye también plazas emblemáticas como la Plaza Mayor y la Praza do Campo, donde los soportales y las calles estrechas invitan a perderse en un ambiente cargado de historia.

Más allá de las murallas

La importancia de la muralla trasciende su función defensiva. Forma parte del Camino Primitivo de Santiago, el primero de los caminos de peregrinación hacia Compostela, y su adarve es transitado cada año por miles de peregrinos y turistas que buscan una conexión espiritual y cultural con el pasado.

La muralla de Lugo no es solo un vestigio histórico, sino también un elemento vivo que forma parte de la identidad de la ciudad y sus habitantes. Su hermanamiento con la Gran Muralla China en 2007 resalta su importancia como símbolo de la humanidad. Además, su inclusión en la ampliación del Camino de Santiago en 2015 por la UNESCO reafirma su valor universal.

En palabras de los propios lugueses, "quien camina sobre la muralla pisa la historia". Este monumento, que combina majestuosidad, misterio y funcionalidad, invita a locales y viajeros a descubrir los secretos de una ciudad bimilenaria. 
 

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La Torre de Hércules: un Faro de historia y leyenda

  • Según la leyenda, Hércules construyó la torre como parte de sus Doce Trabajos, específicamente para rescatar a Geryon y sus vacas; su conexión con la mitología añade un aire de misterio y encanto a este antiguo faro
15
Aug
2023

Continuamos nuestro verano estival por Galicia y lo hacemos visitando la Torre de Hércules. Situada en la ciudad de La Coruña, este amtiguo faro se levanta sobre una estructura monumental que fusiona historia, mitología y belleza arquitectónica en un solo lugar. La torre milenaria se erige como un testigo silencioso de innumerables generaciones y eventos que han dado forma a nuestra tierra a lo largo de los siglos.

Construida en el siglo I d.C. durante el dominio romano, la Torre de Hércules tiene el honor de ser uno de los faros en funcionamiento más antiguos del mundo. Su propósito original era guiar a los navegantes a lo largo de la traicionera costa atlántica, ayudando a prevenir naufragios y asegurando la seguridad de los barcos que transitaban por estas aguas.

La torre recibe su nombre de Hércules, el famoso héroe mitológico conocido por sus innumerables hazañas y su fuerza sobrehumana. Según la leyenda, Hércules construyó la torre como parte de sus Doce Trabajos, específicamente para rescatar a Geryon y sus vacas. Su conexión con la mitología añade un aire de misterio y encanto a este antiguo faro.

La arquitectura de la Torre de Hércules es un testimonio asombroso de la destreza y la visión de los ingenieros romanos. La torre tiene una altura de unos 55 metros y consta de varios niveles que reflejan distintas épocas de su historia. En su base, se pueden apreciar restos arqueológicos que datan de la época romana, mientras que el cuerpo principal de la torre muestra características de la arquitectura románica y renacentista.

A lo largo de los siglos, la Torre de Hércules ha sido testigo de numerosos eventos históricos y ha sido objeto de admiración por parte de viajeros, poetas y artistas. Su importancia cultural y su belleza única le valieron el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2009, reafirmando su lugar en la historia y la identidad de Galicia.

Hoy en día, la Torre de Hércules sigue siendo un faro en funcionamiento, guiando a los barcos con su luz a lo largo de las noches. Además, se ha convertido en un destino turístico popular, donde los visitantes pueden explorar su historia a través de exposiciones interactivas y disfrutar de impresionantes vistas panorámicas desde su cima.

En resumen, la Torre de Hércules es mucho más que un simple faro; es un símbolo de la habilidad humana para construir y preservar monumentos a lo largo de los siglos, un recordatorio de la rica herencia histórica de Galicia y una conexión viva entre la realidad y la mitología de la antigüedad.

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ORELA PODCAST: RAÚL LOIS CARRO, UNA HISTORIA QUE MEZCLA EMIGRACIÓN E INGENIERÍA PARA HACER PRESENTE EL FUTURO

  • Continuamos con los podcast sobre la diáspora de Laboratorio de Radio, y lo hacemos, en esta ocasión, de la mano de Raúl Lois Carro, fundador de una empresa de 'software embebido' que ha vuelto a Galicia de la mano del Programa Merlo que impulsan la Xunta y la Fundación Ronsel
13
Apr
2022

Raúl Lois Carro nació en Pontevedra, estudió Ingeniería Industrial en Vigo y emigró, paso previo por Mánchester, hasta Alemania. Desde allí ha vuelto a Galicia con la ayuda del Programa Merlo, que impulsan la Secretaría Xeral de Emigración y la Fundación Ronsel para ofrecer a jóvenes retornados la posibilidad de cumplir sus sueños.

“Cuando retornamos, una de las cosas que necesitas para emprender es un poco de ayuda financiera (…) pero este programa te ofrece también la posibilidad de tener un mentor”, resume Raúl, que define con brillante sencillez esta figura: “Es una persona que está a 10 años de donde tú estás”.  

Hacia allí se dirige ahora Raúl para hacer realidad su sueño: Lois Engineering (lifeandheart.de), una empresa de lo que se conoce como ‘software embebido’, es decir, con capacidad para “dar vida a las cosas”.

Seguro que quieres conocer más. Descubre toda su historia en este nuevo capítulo de Orela Podcast que nos acerca Laboratorio de Radio.

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Una gaita que une Galicia y Uruguay

  • Carlos González Siri es uruguayo pero bien podría ser gallego, como su padre. La gaita lo ha acompañado desde niño y este lunes se juega el pase a la gran final del programa Got Talent Uruguay
03
Sep
2021
Carlos con su hija Delfina.

Toda historia tiene un engarce; un hilo conductor que guía las madejas del relato, primero aquí, luego allá, más tarde aquí y allá, cruzando, quién sabe, océanos, y perdiéndose en el barro pasado de una guerra, de cualquier guerra civil. Ese nexo de unión comunica, en este caso, Galicia y Uruguay, tierras de diáspora, de gallegos que partieron sin dejar, jamás, de ser gallegos. Y lo hace a través de las notas de una gaita, la de Carlos González Siri, que en estos días de inmediatez y de espectáculo participa en Got Talent Uruguay, donde cautiva a público y jurado simplemente con su gaita.

Aunque atreverse a hablar de simple cuando hay de por medio talento gallego y uruguayo puede resultar demasiado pretencioso. Carlos echa la vista atrás y comienza a recordar. De padre gallego y madre uruguaya que, en el fondo, siempre quiso ser gallega. “Ella (Nidia Nelly), iba a los bailes del Centro Gallego de Montevideo, y soñaba con casarse con un gallego”, relata Carlos. Del mismo modo que luego soñó con tener un hijo que tocase la gaita.

Cosas del destino, o de la perseverancia, un día Nidia conoció a Vicente González Cuña, gallego del Val Miñor, que en “época de guerra” partió hacia Buenos Aires y terminó en Montevideo. Carlos recuerda en presente la historia, con la normalidad de quien ha hecho suyo algo extraordinario. Pero lo cierto es que al hijo de Nidia y Vicente le dio por tocar la gaita, aunque fuese casi sin querer.

“Fue todo de accidente. Con 4 años hacía de ‘mascota’ de Míguez, otro gaiteiro. Iba con un bombito chiquito. Un día, cuando tenía seis años, había que ir a tocar a otro departamento, en Colonia, con un grupo de baile de Casa Galicia, donde tocaba el maestro Pichel. Mi padre era el encargado del bombo, pero cuando tocaba la trompeta, no había quien atendiese al bombo. Así que dije, dejadme probar a mí. Y ahí empecé sin querer”, relata del tirón Carlos, ya metido en un viaje fugaz que derivó, a los 8 años, en el tambor, y a los 9 años en sus inicios con la gaita.

Un trayecto que llega hasta ahora, hasta los cuatro centros gallegos de Uruguay -Casa de Galicia, Centro Gallego de Montevideo, Val Miñor y Centro pontevedrés-, donde da clases a los de aquí y a los de allá, “porque gallegos nacidos en Galicia quedan muy pocos”; y hasta las semifinales de Got Talent, donde el lunes se juega el pase a la final.

“Voy a ir con bastante más gente. Son las semifinales y ya es por votación: el más votado por el público pasa directamente a la final, y entre los siguientes tres más votados, elige el jurado”, expone Carlos, que no esconde la búsqueda del apoyo de la colectividad.

Un escaparate para demostrar lo que es la gaita

Esos mismos compañeros y amigos que, desde el Centro Gallego, lo animaron a participar en el programa. “Recuerdo que pensé: ‘Es un show televisivo, pero es buen escaparate para demostrar lo que es la gaita’”.

Dicho y hecho. En la primera fase fue con sólo, tocando una introducción de la Alborada gallega que fue alternando con otros temas más cinematográficos como El Padrino o La pantera rosa. Una forma de mostrar que “la gaita es versátil”. El premio, la segunda etapa, donde ya asistió con el grupo Berrogueto, camino de las semifinales de este lunes, donde anticipa un espectáculo con otro grupo entre los que figuran su hija, Delfina, de 6 años, que ya escuchaba música de gaita en la barriga de su madre; y Carolina Simoes, su mujer, “que cuando comenzó conmigo no sabía lo que era una gaita”. Cosas de Galicia y del destino. Quién sabe.

Lo cierto es que todos aquellos que quieran disfrutar de la música de Carlos podrán hacerlo una vez más este lunes. Y todos los uruguayos que lo deseen ya pueden votar por él. Basta con enviar un SMS con la palabra Carlos al 7020.

Él sólo anticipa un espectáculo “variado” –“no puedo decir mucho más-, con gaita, percusión y baile. Una muestra de esa galleguidad universal capaz de encontrar su espacio en cualquier lado. En este caso, tal vez, en la gran final de Got Talent. Porque a veces, los sueños terminan por cumplirse. Lo sabía bien Nidia Nelly. Lo sabe Carlos. Lo saben los gallegos de Uruguay

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UN CAMINO PARA RAMÓN

  • Michelle Mirón, gallega de Nueva York o viceversa, completaba la semana pasada la ruta jacobea convirtiéndose en la primera gallega de la diáspora americana en hacerlo tras la reapertura del Camino: “Este Camino es para mi abuelo”
30
Jul
2021

El Camino discurre bajo los pies en una ofrenda eterna hacia su abuelo. Un peregrinaje de sol y lluvia, que mezcla un calor inopinado con el tic-tac silencioso del agua rozando cada piedra, cada instante. Galicia en julio. Tiempo de Compostela.

La Catedral surge empañada por las lágrimas, una catarata de emociones que emborrona la visión, poniendo punto y final a esta ofrenda tan particular: la de Michelle Mirón, primera peregrina de la diáspora gallega en Norteamérica en la reapertura de la ruta, que dedica el encuentro a su abuelo Ramón. Él no pudo hacerlo en vida, pero seguro que disfruta de su nieta en algún rinconcito de cielo, de cosmos, de memoria.

“Mi abuelo siempre quiso hacer el Camino. ‘Tú y yo lo haremos juntos’, me decía. Compró libros, vimos películas, iba midiendo las etapas… Tenía todo preparado. Sin embargo, pasó el tiempo, se enfermó y, finalmente, murió el año pasado sin poder realizarlo”, relata Michelle, cargada de tristeza y de alegría; de la tristeza del recuerdo y de la alegría que otorga Compostela. 

Un destino, a fin de cuentas, prácticamente inenarrable, en el que el peregrino, cualquiera, busca palabras que no existen para describir su encuentro con el Apóstol. El final de la ruta, el inicio de un futuro inabarcable. “Todavía estoy intentando comprender y asimilar todo esto”, subraya Michelle, gallega y neoyorquina al mismo tiempo. Peregrina, hoy, más allá de las fronteras.

Ella reside en Nueva York, donde ejerce de directora de relaciones institucionales de ‘La Nacional,’, el centro español más antiguo en los EEUU, camino ya de los 153 años. Pero su historia es tan nuestra como la de cualquiera que haya nacido a este lado del Atlántico. Gallega y con morriña de esa tierra que su padre tuvo que dejar atrás en 1.973.

Su familia, le enseñó lo que es un buen marisco, el caldo gallego o el sabor de la empanada... Y por supuesto, el Camino. Ese Camino que hace un par de semanas emprendía desde Oporto: la ruta portuguesa por la Costa; 220 kilómetros a Compostela

“He bajado a Santiago miles de veces. Pero vivir la experiencia así, entrando en la ciudad… Es algo totalmente diferente”, prosigue Michelle buscando las palabras adecuadas para narrar tanta emoción. Ese mismo sentimiento que le hace llorar al ver a Antonio Rodríguez Miranda, secretario xeral de Emigración, que no quiere perderse un momento ‘histórico’, el de la primera peregrina de la diáspora americana que se reencuentra con Santiago tras el incierto paréntesis del Covid. Él resume y tranquiliza con la galleguidad más absoluta: “Llora, que es normal. Terminaste el Camino después de haber vivido un año y medio muy duro de pandemia y cumpliste un sueño”

Su primer viaje en 16 meses

Lo cierto es que Michelle no podía o no quería esperar más porque, a fin de cuentas, la tierra siempre tira. Eso que se resume en la ‘morriña’: “Cogí uno de los primeros vuelos directos desde Nueva York cuando se reabrieron las fronteras”. Su primer viaje en 16 meses de pandemia tenía que ser a Galicia: “Es un resumen de lo que siento”. 

Un reencuentro con la tierra en el que el Camino surge de modo inopinado, en una conversación cualquiera de amistad: “He publicado videos y fotos en redes sociales a lo largo del Camino con el fin de compartir la experiencia con mi familia y mis amigos y también para dar a conocer a los que no conocen Galicia, su historia, su idioma, su gastronomía y por supuesto el Camino. Muchos me han escrito pidiendo más información porque después de haber visto tantos paisajes idílicos, platos típicos gallegos y la impresionante Catedral de Santiago, quieren conocer esta parte de España y emprender su propio camino. Es verdad cuando dicen que el Camino realmente empieza cuando lo acabas.” Dedicado a su abuelo Ramón. “Este Camino es para él; el siguiente, para mí y desde Francia”.

Porque habrá más; siempre hay más. A fin de cuentas, el Camino es el final y es el principio, el de una nueva etapa que comienza: la de la reflexión, la de “pensar en cuál es el propósito de mi vida ahora”.

Atrás quedan doce días de viaje, de heridas y de ampollas, de dolor en una rodilla, de lluvia, de cuestas… de Galicia. Una ruta que conduce a una especie de vacío cargado de esperanza, a un “¿y ahora qué?”. “No es tristeza, pero es como que se acabó la aventura”. Por fortuna, Santiago sigue aquí, para todo aquel que quiera volver a comenzar; una y otra vez; siempre.

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ORELA PODCAST: NOELIA Y NELI, O CÓMO SER GALLEGAS A LOS DOS LADOS DEL ATLÁNTICO

  • Retomamos nuestros podcast sobre la diáspora de la mano de Laboratorio de Radio, que hoy conecta esas dos orillas (orelas) de la emigración a través de dos becarias BEME de nuestra tierra: una de Ourense (Noelia), otra de México (Neli), las dos gallegas a su manera
28
May
2021

NOELIA Y NELI, BECARIAS BEME

Noelia nació en Ourense y Neli en México. Ambas son gallegas a su manera y han vuelto a nuestra tierra gracias a las becas BEME, que cada año promueve la Xunta para que los jóvenes gállegos del exterior cursen aquí sus estudios de post grado. 

Les une el máster que están terminando de Investigación en educación, identidad cultural y desarrollo comunitario. Pero les une, sobre todo, Galicia. "Una mezcla de rural y de ciudad que no hay en otros lugares". "El viento fresco, suenan las hojas de los árboles de los carballos, se pisan las hojas secas, suena el agua del río y los pájaros… Se respira mucha tranquilidad".

¡Dale al play y conoce toda su historia!

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