• Carlos González Siri es uruguayo pero bien podría ser gallego, como su padre. La gaita lo ha acompañado desde niño y este lunes se juega el pase a la gran final del programa Got Talent Uruguay
03
Sep
2021
Carlos con su hija Delfina.

Toda historia tiene un engarce; un hilo conductor que guía las madejas del relato, primero aquí, luego allá, más tarde aquí y allá, cruzando, quién sabe, océanos, y perdiéndose en el barro pasado de una guerra, de cualquier guerra civil. Ese nexo de unión comunica, en este caso, Galicia y Uruguay, tierras de diáspora, de gallegos que partieron sin dejar, jamás, de ser gallegos. Y lo hace a través de las notas de una gaita, la de Carlos González Siri, que en estos días de inmediatez y de espectáculo participa en Got Talent Uruguay, donde cautiva a público y jurado simplemente con su gaita.

Aunque atreverse a hablar de simple cuando hay de por medio talento gallego y uruguayo puede resultar demasiado pretencioso. Carlos echa la vista atrás y comienza a recordar. De padre gallego y madre uruguaya que, en el fondo, siempre quiso ser gallega. “Ella (Nidia Nelly), iba a los bailes del Centro Gallego de Montevideo, y soñaba con casarse con un gallego”, relata Carlos. Del mismo modo que luego soñó con tener un hijo que tocase la gaita.

Cosas del destino, o de la perseverancia, un día Nidia conoció a Vicente González Cuña, gallego del Val Miñor, que en “época de guerra” partió hacia Buenos Aires y terminó en Montevideo. Carlos recuerda en presente la historia, con la normalidad de quien ha hecho suyo algo extraordinario. Pero lo cierto es que al hijo de Nidia y Vicente le dio por tocar la gaita, aunque fuese casi sin querer.

“Fue todo de accidente. Con 4 años hacía de ‘mascota’ de Míguez, otro gaiteiro. Iba con un bombito chiquito. Un día, cuando tenía seis años, había que ir a tocar a otro departamento, en Colonia, con un grupo de baile de Casa Galicia, donde tocaba el maestro Pichel. Mi padre era el encargado del bombo, pero cuando tocaba la trompeta, no había quien atendiese al bombo. Así que dije, dejadme probar a mí. Y ahí empecé sin querer”, relata del tirón Carlos, ya metido en un viaje fugaz que derivó, a los 8 años, en el tambor, y a los 9 años en sus inicios con la gaita.

Un trayecto que llega hasta ahora, hasta los cuatro centros gallegos de Uruguay -Casa de Galicia, Centro Gallego de Montevideo, Val Miñor y Centro pontevedrés-, donde da clases a los de aquí y a los de allá, “porque gallegos nacidos en Galicia quedan muy pocos”; y hasta las semifinales de Got Talent, donde el lunes se juega el pase a la final.

“Voy a ir con bastante más gente. Son las semifinales y ya es por votación: el más votado por el público pasa directamente a la final, y entre los siguientes tres más votados, elige el jurado”, expone Carlos, que no esconde la búsqueda del apoyo de la colectividad.

Un escaparate para demostrar lo que es la gaita

Esos mismos compañeros y amigos que, desde el Centro Gallego, lo animaron a participar en el programa. “Recuerdo que pensé: ‘Es un show televisivo, pero es buen escaparate para demostrar lo que es la gaita’”.

Dicho y hecho. En la primera fase fue con sólo, tocando una introducción de la Alborada gallega que fue alternando con otros temas más cinematográficos como El Padrino o La pantera rosa. Una forma de mostrar que “la gaita es versátil”. El premio, la segunda etapa, donde ya asistió con el grupo Berrogueto, camino de las semifinales de este lunes, donde anticipa un espectáculo con otro grupo entre los que figuran su hija, Delfina, de 6 años, que ya escuchaba música de gaita en la barriga de su madre; y Carolina Simoes, su mujer, “que cuando comenzó conmigo no sabía lo que era una gaita”. Cosas de Galicia y del destino. Quién sabe.

Lo cierto es que todos aquellos que quieran disfrutar de la música de Carlos podrán hacerlo una vez más este lunes. Y todos los uruguayos que lo deseen ya pueden votar por él. Basta con enviar un SMS con la palabra Carlos al 7020.

Él sólo anticipa un espectáculo “variado” –“no puedo decir mucho más-, con gaita, percusión y baile. Una muestra de esa galleguidad universal capaz de encontrar su espacio en cualquier lado. En este caso, tal vez, en la gran final de Got Talent. Porque a veces, los sueños terminan por cumplirse. Lo sabía bien Nidia Nelly. Lo sabe Carlos. Lo saben los gallegos de Uruguay

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