• Michelle Mirón, gallega de Nueva York o viceversa, completaba la semana pasada la ruta jacobea convirtiéndose en la primera gallega de la diáspora americana en hacerlo tras la reapertura del Camino: “Este Camino es para mi abuelo”
30
Jul
2021

El Camino discurre bajo los pies en una ofrenda eterna hacia su abuelo. Un peregrinaje de sol y lluvia, que mezcla un calor inopinado con el tic-tac silencioso del agua rozando cada piedra, cada instante. Galicia en julio. Tiempo de Compostela.

La Catedral surge empañada por las lágrimas, una catarata de emociones que emborrona la visión, poniendo punto y final a esta ofrenda tan particular: la de Michelle Mirón, primera peregrina de la diáspora gallega en Norteamérica en la reapertura de la ruta, que dedica el encuentro a su abuelo Ramón. Él no pudo hacerlo en vida, pero seguro que disfruta de su nieta en algún rinconcito de cielo, de cosmos, de memoria.

“Mi abuelo siempre quiso hacer el Camino. ‘Tú y yo lo haremos juntos’, me decía. Compró libros, vimos películas, iba midiendo las etapas… Tenía todo preparado. Sin embargo, pasó el tiempo, se enfermó y, finalmente, murió el año pasado sin poder realizarlo”, relata Michelle, cargada de tristeza y de alegría; de la tristeza del recuerdo y de la alegría que otorga Compostela. 

Un destino, a fin de cuentas, prácticamente inenarrable, en el que el peregrino, cualquiera, busca palabras que no existen para describir su encuentro con el Apóstol. El final de la ruta, el inicio de un futuro inabarcable. “Todavía estoy intentando comprender y asimilar todo esto”, subraya Michelle, gallega y neoyorquina al mismo tiempo. Peregrina, hoy, más allá de las fronteras.

Ella reside en Nueva York, donde ejerce de directora de relaciones institucionales de ‘La Nacional,’, el centro español más antiguo en los EEUU, camino ya de los 153 años. Pero su historia es tan nuestra como la de cualquiera que haya nacido a este lado del Atlántico. Gallega y con morriña de esa tierra que su padre tuvo que dejar atrás en 1.973.

Su familia, le enseñó lo que es un buen marisco, el caldo gallego o el sabor de la empanada... Y por supuesto, el Camino. Ese Camino que hace un par de semanas emprendía desde Oporto: la ruta portuguesa por la Costa; 220 kilómetros a Compostela

“He bajado a Santiago miles de veces. Pero vivir la experiencia así, entrando en la ciudad… Es algo totalmente diferente”, prosigue Michelle buscando las palabras adecuadas para narrar tanta emoción. Ese mismo sentimiento que le hace llorar al ver a Antonio Rodríguez Miranda, secretario xeral de Emigración, que no quiere perderse un momento ‘histórico’, el de la primera peregrina de la diáspora americana que se reencuentra con Santiago tras el incierto paréntesis del Covid. Él resume y tranquiliza con la galleguidad más absoluta: “Llora, que es normal. Terminaste el Camino después de haber vivido un año y medio muy duro de pandemia y cumpliste un sueño”

Su primer viaje en 16 meses

Lo cierto es que Michelle no podía o no quería esperar más porque, a fin de cuentas, la tierra siempre tira. Eso que se resume en la ‘morriña’: “Cogí uno de los primeros vuelos directos desde Nueva York cuando se reabrieron las fronteras”. Su primer viaje en 16 meses de pandemia tenía que ser a Galicia: “Es un resumen de lo que siento”. 

Un reencuentro con la tierra en el que el Camino surge de modo inopinado, en una conversación cualquiera de amistad: “He publicado videos y fotos en redes sociales a lo largo del Camino con el fin de compartir la experiencia con mi familia y mis amigos y también para dar a conocer a los que no conocen Galicia, su historia, su idioma, su gastronomía y por supuesto el Camino. Muchos me han escrito pidiendo más información porque después de haber visto tantos paisajes idílicos, platos típicos gallegos y la impresionante Catedral de Santiago, quieren conocer esta parte de España y emprender su propio camino. Es verdad cuando dicen que el Camino realmente empieza cuando lo acabas.” Dedicado a su abuelo Ramón. “Este Camino es para él; el siguiente, para mí y desde Francia”.

Porque habrá más; siempre hay más. A fin de cuentas, el Camino es el final y es el principio, el de una nueva etapa que comienza: la de la reflexión, la de “pensar en cuál es el propósito de mi vida ahora”.

Atrás quedan doce días de viaje, de heridas y de ampollas, de dolor en una rodilla, de lluvia, de cuestas… de Galicia. Una ruta que conduce a una especie de vacío cargado de esperanza, a un “¿y ahora qué?”. “No es tristeza, pero es como que se acabó la aventura”. Por fortuna, Santiago sigue aquí, para todo aquel que quiera volver a comenzar; una y otra vez; siempre.

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