Un de músico de Presqueiras entrega al Concello una obra en recuerdo de la emigración

  • José María Álvarez Sanmartín regresó ya jubilado a su tierra natal en Presqueiras. Este músico y acordeonista forcaricense acaba de componer la letra y la melodía de un tema que tituló Terra de Montes. Loanza á emigración, que ya registró en la Sociedad General de Autores.
12
Apr
2022
Compartir

Nigrán, Chile, Bristol… y otra vez Galicia

  • Henar María Morell Pereira (Nigrán, 1988) tiene una historia muy de emigración y muy gallega; un relato de miles de kilómetros que arranca y finaliza en nuestra tierra gracias a una de las becas BEME, que cada año ofrece la Xunta para facilitar la vuelta a casa de cientos de jóvenes gallegos
18
Mar
2022
En el desierto de Atacama.

A veces hay historias que unen puntos en apariencia inopinados. Lugares distantes de escenarios muy diversos, donde el espacio y el tiempo se conjugan de formas diferentes. Puede suceder, no obstante, que acaben uniéndose a través de una historia personal, de palabras que suben y bajan en una armoniosa e inesperada asociación que construyen frases de un relato que terminar por resultar redondo.

Es el caso de Henar María Morell Pereira, una de esas gallegas emigrantes, como tantas, que nació y creció en Nigrán antes de estudiar Magisterio y conectar las Rías Baixas con el río Mapocho, que atraviesa Santiago de Chile y desemboca en el Maipo, paso previo a su irrupción en el Pacífico.

“En Chile tenía un amigo al que le surgió un trabajo allí, y que me contaba que había muchas oportunidades”, se explica Henar María aludiendo a una época pasada y mejor del país andino, en 2015. Posibilidades que, en su caso, se concretaron en el empleo que buscaba. “Trabajé primero en una guardería, y después en un colegio bilingüe”, expone mientras apunta que “mucha gente se fue para allí porque el país estaba muy bien económicamente”.

Una experiencia que ahora, con la tranquilidad que otorga el presente sobre el pasado ya vivido, cataloga de “muy buena”. “Estuvo muy bien; pude trabajar de profesora y adquirir experiencia”. Y, sin embargo, en otro giro de guion, Henar María cambia Chile por Reino Unido, Santiago por Bristol, el río Machopo por el Avon, América por Europa.  

Suspension Bridge (Bristol).
Torres del Paine (Chile).
Cajón del Maipo (Chile)

“Al irme a Chile me había sacado el First, por lo que al llegar pensaba que sabía inglés, pero la realidad es que no sabía tanto cómo creía”, reconoce Henar, que se enfrenta ahora a otra cultura, otro idioma u otro acento, otro país. Un mundo “más abierto” en el que se entremezclan formas de ver la vida diferentes. “En Chile la gente es más cercana, pero en Reino Unido es más abierta en el sentido de la facilidad para integrarse con gentes de distintas culturas, de otros países”, resume.

En Bristol, nuestra protagonista permanece 5 años trabajando también como maestra. Podría pensarse que la vida le sonríe, pero la morriña crece, ocupando paso a paso ese lugar en el que permanecen los recuerdos de otro tiempo, de otra época, que se multiplican y se expanden con la pandemia, con el Covid, con el echar de menos sin arreglo, sin vuelos, sin viajes.

Un nuevo mundo para un nuevo escenario que surge, justo, cuando Henar María acaba de dejar el trabajo para ir a hacer un voluntariado a Uganda. “En Inglaterra sí que es verdad que en cuanto a ayudas funcionan muy bien, pude pagar el alquiler, los gastos de comida… Y a los pocos meses estaba trabajando de nuevo en un colegio”, resume.

Las becas BEME

Sin embargo, el tiempo pasa y Galicia sigue lejos: “No podía venir, no había vuelos, se cancelaban”. Eran “momentos de tensión”, de querer viajar y no poder, de buscar alternativas. Y entre ellas aparecieron las BEME, unas becas que cada año promueve el Gobierno gallego y que ofrecen la oportunidad, a cientos de jóvenes de la Galicia exterior, de retornar a nuestra tierra para cursar sus estudios de postgrado.

Torres del Paine (Chile).
Brean (reino Unido).

Henar María llegó a ellas de una de las formas más habituales: buscando información en Internet. “Me apareció el anuncio en Facebook y la tramitación fue muy fácil”, argumenta ya desde Galicia, donde está cursando un Máster en Psicología Aplicada en la Universidad de A Coruña.

“Mi idea es quedarme aquí”, apunta con la vista puesta en cerrar un círculo perfecto. Uno que arranca en Nigrán, conduce a Chile, afluye en Bristol y finaliza de nuevo y siempre en nuestra tierra, en Galicia, donde, como en los cuadernos infantiles cuando uno junta con paciencia la línea de puntos, todo cobra sentido.  

Compartir

La añoranza del mar frente al Támesis

  • María José Castro Valencia nació en Poio, estudió en Pontevedra y trabajó en Londres. Un círculo que esta maestra en Educación Primaria busca cerrar ahora volviendo a casa gracias a una beca BEME
10
Mar
2022
María José, en el puente colgante de Clifton.

La de María José Castro Valencia es una historia gallega, muy gallega, de emigración y de diáspora, de ir para volver, de añorar estando aquí y estando allá. De morriña, esa palabra tan perfecta que resume la nostalgia… y mucho más. Un echar de menos sin echar. Un anhelar, primero desde Poio, más tarde desde Londres.

Porque el relato de María José, como el de muchos, se escribe con renglones torcidos que, a la postre, resultan quedar rectos. Una palabra detrás de otra que conduce, primero, a Reino Unido, en 2016, a donde llega como au pair en una “primera toma de contacto”. Maestra en Educación Primaria, decide irse entonces a Inglaterra, “para mejorar mi inglés y mi empleabilidad”, resume con maravillosa delicadeza.

Al año siguiente, en 2017, se va definitivamente. Al menos de momento. Tras concluir sus estudios en la facultad de Pontevedra en 2010, acepta ahora una oferta en Londres para trabajar en una escuela infantil. Allí permanecerá un año y medio antes de dar el salto a los colegios para trabajar como maestra tutora.  

“Fue un gran cambio, sobre todo porque me fui sola, sin conocer a nadie”, recuerda María José con la tranquilidad que solo concede narrar un pasado ya vivido. Uno en el que todo cuesta al principio: el idioma, el cambio cultural, la familia, los amigos, la comida… Todo.

Por suerte, estando fuera “te gusta descubrir sitios nuevos, y así conocí a muchos españoles”, prosigue su relato. Un grupo con el hace una “pequeña piña” y que le ayuda con los trámites y con ese inacabable proceso de adaptación. “Lo que más me llamó la atención fue lo poco que me entendían. Como tú lo pronuncias no es como se dice”.  

En los acantilados de Seven Sisters.
En Primrose Hill.
En el metro de Londres.

Además, continúa, “se cenaba muy pronto, algo a lo que también me costó habituarme”. Frente a esto, María José agradece “lo abierta que era la gente”, una ventana al interior donde “nadie se mira en el metro” y en donde “todo el mundo se respeta”. Pese a ello, la morriña sigue ahí. Ese lugar secreto donde se echa de menos Galicia: la familia, la comida, el mar para evadirse. Porque el Támesis no es lo mismo. Un gran “río marrón”.  

Una BEME para volver a casa

Y así pasan cuatro años, hasta agosto de 2021. Entonces, en plena pandemia, la morriña crece y aparecen las BEME -acrónimo en gallego de Bolsas Excelencia Mocidade Exterior-, becas que cada año impulsa el gobierno de Galicia para facilitar la vuelta a casa de todos aquellos gallegos que un día tuvieron que partir.

“Las había visto durante varias convocatorias, pero todavía no había decidido nada”, reconoce María José. Sin embargo, el mundo cambia y los anhelos giran. El covid, el Brexit, las circunstancias…  “Ya no tenías la vida de antes; estabas más tiempo dentro de casa que fuera. Era como estar en Londres pero sin estar en Londres”, apunta María José.

Durante más de año no pudo viajar a Galicia. “La ventaja del Reino Unido es que estás a dos horas en avión; no tener esa opción tanto tiempo, y estar tan lejos de la familia en esos momentos de incertidumbre… Además, mi inglés había mejorado, así que había llegado el momento de decidir”, razona en su relato.

Una decisión en la que las BEME jugaron un papel importante: “Surgió la beca y me coincidió en ese momento en el que me apetecía volver”. Un retorno de Londres a Nigrán, donde disfruta otra vez de la tranquilidad que sólo el mar otorga; de la familia, de la comida y los amigos.

Mientras tanto, María José cursa un máster en “Necesidades específicas de apoyo educativo” en la Universidad de Vigo, en la misma facultad de Pontevedra donde todo empezó y a donde ha vuelto con la voluntad de cerrar el círculo. “Espero que valoren mi experiencia y mi inglés. Me gustaría quedarme en Galicia”. ¿Dónde mejor?

Con un grupo de amigas.
En la escultura 'Out of order'.
En Londres, con nieve.
Compartir