“Al irme a Chile me había sacado el First, por lo que al llegar pensaba que sabía inglés, pero la realidad es que no sabía tanto cómo creía”, reconoce Henar, que se enfrenta ahora a otra cultura, otro idioma u otro acento, otro país. Un mundo “más abierto” en el que se entremezclan formas de ver la vida diferentes. “En Chile la gente es más cercana, pero en Reino Unido es más abierta en el sentido de la facilidad para integrarse con gentes de distintas culturas, de otros países”, resume.
En Bristol, nuestra protagonista permanece 5 años trabajando también como maestra. Podría pensarse que la vida le sonríe, pero la morriña crece, ocupando paso a paso ese lugar en el que permanecen los recuerdos de otro tiempo, de otra época, que se multiplican y se expanden con la pandemia, con el Covid, con el echar de menos sin arreglo, sin vuelos, sin viajes.
Un nuevo mundo para un nuevo escenario que surge, justo, cuando Henar María acaba de dejar el trabajo para ir a hacer un voluntariado a Uganda. “En Inglaterra sí que es verdad que en cuanto a ayudas funcionan muy bien, pude pagar el alquiler, los gastos de comida… Y a los pocos meses estaba trabajando de nuevo en un colegio”, resume.
Las becas BEME
Sin embargo, el tiempo pasa y Galicia sigue lejos: “No podía venir, no había vuelos, se cancelaban”. Eran “momentos de tensión”, de querer viajar y no poder, de buscar alternativas. Y entre ellas aparecieron las BEME, unas becas que cada año promueve el Gobierno gallego y que ofrecen la oportunidad, a cientos de jóvenes de la Galicia exterior, de retornar a nuestra tierra para cursar sus estudios de postgrado.