- Henar María Morell Pereira (Nigrán, 1988) tiene una historia muy de emigración y muy gallega; un relato de miles de kilómetros que arranca y finaliza en nuestra tierra gracias a una de las becas BEME, que cada año ofrece la Xunta para facilitar la vuelta a casa de cientos de jóvenes gallegos
A veces hay historias que unen puntos en apariencia inopinados. Lugares distantes de escenarios muy diversos, donde el espacio y el tiempo se conjugan de formas diferentes. Puede suceder, no obstante, que acaben uniéndose a través de una historia personal, de palabras que suben y bajan en una armoniosa e inesperada asociación que construyen frases de un relato que terminar por resultar redondo.
Es el caso de Henar María Morell Pereira, una de esas gallegas emigrantes, como tantas, que nació y creció en Nigrán antes de estudiar Magisterio y conectar las Rías Baixas con el río Mapocho, que atraviesa Santiago de Chile y desemboca en el Maipo, paso previo a su irrupción en el Pacífico.
“En Chile tenía un amigo al que le surgió un trabajo allí, y que me contaba que había muchas oportunidades”, se explica Henar María aludiendo a una época pasada y mejor del país andino, en 2015. Posibilidades que, en su caso, se concretaron en el empleo que buscaba. “Trabajé primero en una guardería, y después en un colegio bilingüe”, expone mientras apunta que “mucha gente se fue para allí porque el país estaba muy bien económicamente”.
Una experiencia que ahora, con la tranquilidad que otorga el presente sobre el pasado ya vivido, cataloga de “muy buena”. “Estuvo muy bien; pude trabajar de profesora y adquirir experiencia”. Y, sin embargo, en otro giro de guion, Henar María cambia Chile por Reino Unido, Santiago por Bristol, el río Machopo por el Avon, América por Europa.
“Al irme a Chile me había sacado el First, por lo que al llegar pensaba que sabía inglés, pero la realidad es que no sabía tanto cómo creía”, reconoce Henar, que se enfrenta ahora a otra cultura, otro idioma u otro acento, otro país. Un mundo “más abierto” en el que se entremezclan formas de ver la vida diferentes. “En Chile la gente es más cercana, pero en Reino Unido es más abierta en el sentido de la facilidad para integrarse con gentes de distintas culturas, de otros países”, resume.
En Bristol, nuestra protagonista permanece 5 años trabajando también como maestra. Podría pensarse que la vida le sonríe, pero la morriña crece, ocupando paso a paso ese lugar en el que permanecen los recuerdos de otro tiempo, de otra época, que se multiplican y se expanden con la pandemia, con el Covid, con el echar de menos sin arreglo, sin vuelos, sin viajes.
Un nuevo mundo para un nuevo escenario que surge, justo, cuando Henar María acaba de dejar el trabajo para ir a hacer un voluntariado a Uganda. “En Inglaterra sí que es verdad que en cuanto a ayudas funcionan muy bien, pude pagar el alquiler, los gastos de comida… Y a los pocos meses estaba trabajando de nuevo en un colegio”, resume.
Las becas BEME
Sin embargo, el tiempo pasa y Galicia sigue lejos: “No podía venir, no había vuelos, se cancelaban”. Eran “momentos de tensión”, de querer viajar y no poder, de buscar alternativas. Y entre ellas aparecieron las BEME, unas becas que cada año promueve el Gobierno gallego y que ofrecen la oportunidad, a cientos de jóvenes de la Galicia exterior, de retornar a nuestra tierra para cursar sus estudios de postgrado.
Henar María llegó a ellas de una de las formas más habituales: buscando información en Internet. “Me apareció el anuncio en Facebook y la tramitación fue muy fácil”, argumenta ya desde Galicia, donde está cursando un Máster en Psicología Aplicada en la Universidad de A Coruña.
“Mi idea es quedarme aquí”, apunta con la vista puesta en cerrar un círculo perfecto. Uno que arranca en Nigrán, conduce a Chile, afluye en Bristol y finaliza de nuevo y siempre en nuestra tierra, en Galicia, donde, como en los cuadernos infantiles cuando uno junta con paciencia la línea de puntos, todo cobra sentido.