- El proyecto, realizado por la Secretaría Xeral da Emigración y el Consello da Cultura Galega, ofrece fotografías y documentos que ayudan a entender la realidad migratoria gallega de los años centrales del siglo pasado
A partir de 1959 la emigración gallega se dirigió hacia aquellos países europeos que se encontraban en pleno desarrollo industrial y tecnológico y que precisaban mano de obra extranjera. Alemania, Suiza, Francia y Holanda, seguidos del Reino Unido y Bélgica se convirtieron en los países de destino de las nuevas ondas migratorias. La duodécima entrega del especial “Historias de ida y vuelta”, un proyecto web realizado por el Consello da Cultura Galega en colaboración con la Secretaría General de la Emigración, ofrece fotografías y documentos que ponen de manifiesto a emigración gallega hacia Europa en este período.
En el especial se pueden ver imágenes de emigrantes gallegos en Lisboa, que fue uno de los principales destinos ya que compartir frontera facilitó el intercambio e integración de trabajadores en ambas "rayas".
Francia fue uno de los principales focos de atracción de emigrantes gallegos a Europa. Al contrario de otras zonas de España, Galicia no tuvo una notable participación en la emigración de temporada la este país, más bien fue una emigración permanente. Aunque la emigración asistida a países europeos fue mayoritariamente masculina, existió un notable contingente de mujeres que nutrió igualmente la cantidad de mano de obra inmigrante y que llegaba al país no siempre por la vía regular de contratación. Muchas parejas de emigrantes, aun siendo vecinos del mismo ayuntamiento, se conocían en el país de acogida y formaban allí una familia. En el especial se puede ver un grupo de escolares descendentes de emigrantes españoles.
En la segunda mitad del siglo XX Alemania potenciaba la llegada de emigrantes que ocuparan temporalmente los numerosos puestos laborales vacantes, generalmente los más pesados y menos cualificados. Eran los "gastarbeiter" o "trabajadores invitados" procedentes del sur de Europa. En el especial se puede ver un ejemplar del folleto “ Consejos para trabajadores españoles empleados en lana República Federal de Alemania” que fue publicado por el Instituto Federal de Colocación y Paro de Nüremberg en colaboración con el Instituto Español de Emigración. Era uno de los ejemplares que el trabajador recibía cuando firmaba el contrato de trabajo y en el que aparecía la información sobre las cuestiones laborales que podían encontrar (condiciones de trabajo, contratos, derechos y deber, sindicatos) pero también sobre la reagrupación familiar, las condiciones de vida en el país, como hacer giros bancarios a España o como disfrutar del tiempo de ocio.
El especial describe también las características de esta onda que, aunque era eminentemente masculina, “muchas mujeres gallegas se incorporaron de manera clandestina. Se integraron en nichos de trabajo en los que su mano de obra cobraba un papel dominante. Hombres y mujeres desarrollaron su actividad productiva en los sectores secundario y terciario mayoritariamente”. Con todo, también aclara que no todos los países seguían dinámicas idénticas en cuanto a la acogida, contratación, derechos laborales o protección socio-sanitaria.
Las diferencias culturales, el idioma, las características de las viviendas de los trabajadores extranjeros impedían de algún modo a interacción social con la sociedad de acogida y, mismo, la propia reagrupación familiar. Segundo el especial “el grado de integración en las nuevas sociedades fue relativo, excepto los que no llegaron a retornar o formaron parejas mixtas. A veces la línea que separaba las relaciones sociales en el trabajo era muy difusa, ya que se trababa de compañeros, amigos y mismo vecinos a la vez, por lo que compartían espacios comunes tanto en el ámbito público como en el privado. El tiempo de ocio en numerosas ocasiones era cambiado por horas extraordinarias de trabajo, con el fin de incrementar los ahorros en el menor tiempo posible”.
La crisis del petróleo y la consiguiente desaceleración económica hizo que a partir de 1973 el mercado de trabajo de los principales países de acogida se vise afectada. A pesar de todo, tras lo retorno de protagonistas de la emigración exterior continental de los años 60, no se llegó a romper por completo el vínculo inherente al propio proceso migratorio. El especial asegura que “buena prueba de eso son los movimientos migratorios que se están produciendo en la actualidad. Muchos de los descendientes de los que fueron pioneros repiten hoy los mismos destinos, pero con una formación académica superior, que les permite desarrollar trabajos más cualificados”.