• Michelle Mirón reside en Nueva York, donde ejerce de directora de ‘La Nacional’, un lugar que, como tantos, sortea la pandemia como puede. Desde allí nos habla de Galicia, de América, del Covid, del Capitolio… y de muchas historias personales.
28
Jan
2021
Michelle Mirón Portada

La primera vez que la pequeña niña de Brooklyn vio Galicia, se introdujo en un cuento maravilloso. Porque allí, como en las fábulas en la mente de cualquier criatura inocente de 8 años, “todo era natural”, incluso el tránsito de los rascacielos de Nueva York al paisaje de Lorbé, parroquia de Dexo, concello de Oleiros, A Coruña.

“Escuchar el ‘kikiriqui’ de los gallos por la mañana; despertar en el pueblo; esos olores de campo, de verde, de musgo, de humedad… Tengo un recuerdo tan bonito… Cambió mi vida para siempre”, señala, años después de aquel instante, Michelle Mirón, neoyorquina de nacimiento, gallega de corazón, y con su relato vital, como tantos, a caballo entre dos tierras; entre esos dos mundos, tan distintos y tan iguales, que se expanden a un lado y a otro del azul infinito del Atlántico.  

Hoy Michelle reside en Nueva York, donde ejerce de directora de ‘La Nacional, Spanish Benevolent Society’, el centro español más antiguo en los EEUU, que cumplió 152 años en noviembre. Un lugar que, como tantos, sortea la pandemia como puede, con la voluntad propia y ajena de aquellos que nunca dejan de ser nuestros.

Como Rogelio, “una figura en ‘La Nacional’”. “Es el socio más antiguo que tenemos: suma ya 55 años como miembro”, detalla Michelle, aunque él tiene más de 80, como muchos otros socios, gallegos de Nueva York, o neoyorquinos de Galicia. Qué más da, cuando en el fondo viene siendo lo mismo.

“Galicia siempre está presente en mi casa”, resume Michelle, que enumera entre la gastronomía de su hogar el marisco, el caldo gallego, los potajes, el cocido o una buena empanada. Todo ello en Brooklyn, por qué no. A fin de cuentas, la suya es una de esas historias que entrelazan la diáspora, formando un nudo imperecedero y cargado de recuerdos.

Una historia familiar extraordinaria

Enrique, su padre, emigró en 1.973. Allí, o aquí, depende quién hable y desde dónde, conoció a Norma, su mujer, con la que tuvo tres hijos. Hasta el momento, todo normal. El siguiente paso, sin embargo, eleva el valor humano de la historia a un nivel extraordinario: ambos eran sordos.

“Mi abuela María vivió con nosotros, y gracias a ella hablo el español”. Cuando Michelle tenía 6 años, María volvió a Galicia, pero sus padres la apuntaron en los Alce, cursos que entonces subvencionaba el Ministerio de Asuntos Exteriores para españoles nacidos fuera.

Michelle Evento 2
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Michelle Evento 3

Hoy Michelle domina el castellano, el inglés, el gallego, y las lenguas de signos americana y española. Trabaja como intérprete y ha montado su propio negocio, una empresa de idiomas y de comunicación que ofrece todo tipo de servicios lingüísticos y cobertura de eventos.

Recuerda, con una mezcla de cariño y de nostalgia que se aproxima a la morriña, la inauguración en el Ellis Island National Museum of Immigration de Nueva York de la muestra ‘Os adeuses’ (The farewells). Un “evento precioso con Cristina Pato” y que contó con la presencia, entre otros, del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Pasión similar a la que ofrece cuando habla del Desfile de la Hispanidad de Nueva York, de cuya directiva forma parte. “Es el más grande de USA, y se celebra el domingo más cercano al 12 de octubre”. Hasta 10.000 participantes cortan la Quinta Avenida en esa fecha, desde la 45 hasta la 75. Participan los 21 países de habla hispana, y acude gente de todos ellos. También de España, de Galicia.

Bueno, al menos antes era así. Porque en Nueva York ahora no hay desfiles, ni gente, ni aglomeraciones. Permanece el cuerpo de la urbe siempre iluminada, despierta y silenciosa, con sus grandes avenidas marcando los límites del fin del mundo; pero le han robado el alma.

“Es raro caminar por la ciudad y verla tan vacía. Podría definirse como inquietante. Esta no es la ciudad que conozco”, reconoce Michelle, dando al mismo tiempo un paso más. Una consecuencia: “Van cerrando tus restaurantes preferidos; y eso te rompe el corazón”. No La Nacional, que ha sabido reinventarse: “Sacamos afuera el restaurante, con una terracita, y ahí tenemos unas mesas donde vamos sorteando el frío”.

Los disturbios del Capitolio

Pero ese mismo corazón también te lo pueden romper otras historias, incluso las más inesperadas. Como los recientes disturbios del Capitolio. “La última vez que pasó algo así, fue en la guerra civil. Es una imagen que nunca esperábamos ver, como ejemplo que somos de la democracia y el progreso”, detalla Michelle.

Y añade, ya a tumba abierta, como es ella: “Me entraron ganas de llorar. No lo podía creer. Estaba trabajando y alguien de España me escribió: ‘¿Qué está pasando en el Capitolio?Oh, my God. Cogí el móvil y me entró un dolor enorme en el corazón. Puedes estar en contra de la política del otro, pero de ahí a ser violentos… Mataron a un poli con un extintor… Y con la bandera confederada, que nos inspira muchos recuerdos feos como país. Fue la primera vez que esta bandera entró en el capitolio. Y no puedes dejar de preguntarte qué hace ahí”.

María Dueñas_Villa
Michelle
Michelle_Feijóo

Por fortuna, el futuro acude a su cita puntual y lo acaba devorando todo, también los malos recuerdos, que acaban por dejar un poso de esperanza. “Tenemos mucha ilusión. La comunidad de gallegos y españoles también. Albergamos la esperanza de que la nueva administración pueda unir el país. Porque no podemos olvidar que la mitad de la nación votó a Trump”, detalla Michelle.

Vacunada contra el Covid

Una ilusión que se extiende, también, a la lucha contra el Covid, ahora más coordinada, más decidida, centralizada en la figura de Biden. “El camino va a ser largo”. Como siempre. Pero “la estrategia es totalmente diferente”. Se están implementando grandes espacios para vacunar 24 horas al día al tiempo que se amplían los grupos que pueden recibir la vacuna: trabajadores esenciales, algunos funcionarios que atienden a la ciudadanía, ancianos y tercera edad a partir de 65 años.

La propia Michelle, al trabajar de cara al público como intérprete en determinados actos, es de las que se encuentra ya vacunada. “Estoy bien; estoy perfectamente”, bromea al tiempo que reflexiona sobre la importancia de confiar en la ciencia para salir de esta situación. 

Michelle vacunación Covid

La conversación avanza fluida, rápida y alegre, con la soltura de un riachuelo de montaña descongelado por el sol en primavera. Entre salto y salto, el agua continúa, divertida, su camino. Ahora España, ahora América. Ahora otra vez España, a donde Michelle vuelve, una vez y siempre, desde aquella primera infancia en el rural.

“Cuando terminé aquí la carrera me mudé a Madrid. Hice un máster de Traducción e Interpretación en la Complutense y estuve cinco años allí. Al regresar, monté la empresa de idiomas y de comunicación”, prosigue Michelle el relato de su vida, con Galicia presente en cada uno de sus retazos: “Estamos a 7.000 kilómetros, pero eso es una cuestión física. Mentalmente, Galicia está muy presente en nuestra casa”

Hoy, aquella niña de Brooklyn, ya mujer, mantiene vivo el amor de ese encuentro originario con su tierra, que supuso el encaje de todos los relatos, de las historias narradas en un atardecer de rascacielos que aquel día, por fin, cobraron lógica: “Recuerdo la primera vez que vi la Catedral, la Plaza del Obradoiro; una culminación de todo lo que me habían contado, de lo que me querían transmitir”. Galicia en el corazón de Nueva York. O la gran metrópoli, abrazada, una vez más, a nuestra tierra. Eso es Michelle. Eso son muchos.

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