- "Habíamos acordado que si salía la beca BEME nos íbamos a Galicia"
Agustín Gianre y Agustina Patiño tenían clara la fecha de su boda desde hacía ya casi un año: el 2 de noviembre de 2019. A caballo entre una bonita primavera y un verano caluroso en el corazón de Argentina: Córdoba. Todo resultaba tan evidente que fluía con la misma facilidad con la que avanzan los cuentos de final feliz: la pedida de mano se celebró en diciembre de 2018, preludio de lo que estaba por venir, ya definido.
Sin embargo, el mundo, como nos enseñó Forrest Gump, es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. Y la familia Gianre Patiño no iba a ser una excepción. Una beca BEME –acrónimo en gallego de Bolsas Excelencia Mocidade Exterior- trastornó todos sus planes. “El curso comenzaba el 18 de septiembre, por lo que tuvimos que cambiar la fecha de la boda”, argumenta Agustina con una excepcional sencillez, propia de quien tiene claro lo que quiere y no pone excusas para conseguirlo.
Dicho y hecho. La notificación de la beca le llegó a mediados de junio. Inmediatamente fueron al Registro y buscaron otra fecha: 17 de agosto. Invierno en Argentina.
“Pero lo pasamos muy bien. Nos lo tomamos como una fiesta de despedida con nuestra familia y nuestros amigos”, recuerda Agustina entre sonrisas mientras desgrana el devenir de aquellos días en los que hubo que hacer de todo mientras se preparaba una boda: vender el auto, dejar el departamento, arreglar los papeles en el Consulado…
De Córdoba a Gondomar
“La decisión estaba tomada. Habíamos acordado que si salía la beca nos íbamos”, sigue Agustina desglosando sus recuerdos. Aunque sería más correcto hablar de ‘volver’ que de ‘irse’ porque, a fin de cuentas, volvía a casa, a la Galicia en la que todo comenzó hace ahora 32 años.
Porque la historia de Agustina, como la de miles de gallegos y argentinos, se teje a través de las ondas del Atlántico, en un ir y venir irremediable que no cesa hasta que baja la marea.
De Córdoba a Gondomar, de Gondomar a Córdoba, y otra vez de vuelta en esa Galicia que recordaba de una forma casi igual a la que encuentra, con los matices propios de la modernidad.
“Es curioso ver cómo todavía hay muchas tiendas que ya estaban ahí antes”, resalta Agustina hablando de ese mismo Gondomar en el que su padre, Mario, montó una clínica dental cuando ella apenas sumaba un par de años. Una villa que rememora acogedora y cercana, como ahora, en la que permaneció hasta los 18 años, y en la que nacieron sus hermanas. “Mis papás se casaron en 1986. Yo nací en Argentina, pero Gala, Marcelina y Nazareth lo hicieron en Galicia”, relata.
Y así fueron pasando los años de una infancia feliz en Gondomar. Hasta el 2006. “A papá le tiraba la familia, los asados, la tierra… A mí me tocaba empezar la Universidad, y al final consideramos que era buena ocasión para volver a Argentina”, expone con la misma naturalidad y convicción con la que años más tarde cambiaría la fecha de su boda.
Al año se volvieron su madre, Bibiana, y sus hermanas. Y en 2008 Mario cerró el círculo: adiós a la clínica y vuelta a la Argentina de sus sueños.
Allí, Agustina se licenció en Arquitectura y la vida, como siempre, siguió abriéndose paso.
Aunque en ese caminar hay muchas rutas, y algunas, sin saberlo, terminan en un pozo cargado de contradicciones. Un espacio tan oscuro y tan absurdo que te hace ver normal lo extraordinario. Y entonces, en otro alarde de tranquilidad y sencillez, decides volver a Galicia.
La vuelta a Galicia
Y eso fue exactamente lo que le pasó a Agustina. Algo hizo ‘clic’ en su interior durante una cena de fin de año. Sus suegros se pusieron a narrar una anécdota: “Les habían robado el auto”. E inmediatamente todos los que estaban a la mesa tenían historias similares; una experiencia que contar.
“¡Era un tema normal de conversación! Y no lo es. Yo quería formar una familia, vivir tranquila… En ese momento me sentí fuera de lugar. Y analizando el historial político y económico del país me di cuenta de que, a corto o mediano plazo, nada iba a cambiar", expone del tirón, con la agridulce sensación de quien teme “dejar los mejores años” de su vida en “algo que no tracciona”.
Y no fue fácil. Nunca lo es. “Nos dolió muchísimo. Mis abuelas, una tenía 90 años y la otra, a punto de cumplir 91; mi marido tenía un abuelo de 90… Pero estaba decidido. Al final, si no, se te pasa la vida y ves que no has hecho nada”, apunta.
Así que no lo dudaron. Y en cuanto le concedieron la beca BEME iniciaron el camino de retorno, que de esta vuelta los ha dejado en Lugo, donde Agustina cursa su Máster en Dirección de Proyectos. “Lugo ha sido una grata sorpresa”, reconoce alguien que, 15 años después de haberse ido, sigue redescubriendo Galicia a cada instante.
“Volver a Galicia es volver a los mejores recuerdos de mi vida, los de alguien que ha tenido una infancia muy feliz. Volver a esos recuerdos te llena el corazón”, reconoce Agustina.
¿Y el futuro? Ya se verá. Aunque Lugo podría ser un buen destino. Por ahora, los Gianre Patiño disfrutan del momento en compañía de la pequeña Olivia: Agustín trabaja en una empresa de la zona mientras ella termina sus estudios de postgrado. Y lo hacen tranquilos, con la calma del que amanece cada día con tiempo para pensar en su rutina, tan lejos y tan cerca de aquella Argentina querida.