• Ana Lucía Barcia nació en Brasil hace 48 años, pero bien lo pudo hacer aquí, en Santa Comba, como sus padres, a donde ha vuelto para montar su propio negocio y para hacer suya esa tierra que tanto vivió de juventud
22
Sep
2021

Santa Comba, como tantos otros pueblos de Galicia, tiene su pedacito de historia; un retazo de vidas humanos que acaban por configurar un relato peculiar, el de nuestra tierra, el de la vida haciéndose a sí misma, año a año, golpe a golpe, con sus peculiaridades, con sus familias, con sus idas y venidas. Un trayecto recorrido a lo largo del último siglo por la diáspora, ese conjunto de hombres y mujeres que un día hubieron de partir, y que ahora, por los motivos que sea, vuelven para disfrutar de una Galicia más próspera y moderna, de vanguardia, pero siempre acogedora.

Lo sabe bien Ana Lucía Barcia, brasileña de 48 años, pero “un poco gallega de alma”. Así se define ella con la seguridad que confiere saberse, en el fondo, de ese conjunto de historias de Santa Comba, de donde eran sus padres antes que de Brasil, a donde partieron en busca del futuro que, entonces, no podían conseguir aquí.

El relato, como tantos, como todos, se teje entorno a ese Atlántico que se cruza una y otra vez. “Mi abuelo por parte de madre partió para Brasil, donde estuvo un tiempo antes de llevarse a un hermano, y luego a otro. Allí empezaron a trabajar en lo que aparecía. En la colonia hicieron un grupo de conocidos de la región de Santa Comba”, resume Ana Lucía con la sencillez propia de la emigración, esa que da por supuesto cosas tan difíciles como dejar atrás tu patria y tu presente. Y añade: “Mi abuelo por parte de padre se fue primero a Cuba y luego a Uruguay”. Más diáspora, más idas y venidas.  

Y así, casi sin quererlo, el relato se tejió al otro lado del azul inmenso del océano, tan lejos y tan cerca de Galicia. “Al final, mi familia se quedaría en Brasil hasta 2018”, continúa Barcia su relato, en el que se mezcla algún viaje de infancia y juventud a nuestra tierra, antes de este volver definitivo marcado por su nuevo negocio, para el que ha contado con el apoyo de la Xunta a través del programa de retorno emprendedor.

Ana Lucía, en el medio, de niña en Brasil.
En su primera visita a Galicia.
Durante su estancia en Galicia en los carnavales de 1993.

Pero vayamos por partes. El primer reencuentro con Galicia se produjo con apenas 8 años. Una estancia de un año en la que Ana Lucía llegó a continuar aquí parte de sus estudios. De esa época apenas conserva algún recuerdo; imágenes que se hacen más vívidas, más presentes, en el segundo viaje: “Volví cuando tenía 20 años, y me quedé otros tres”.

Sin embargo, y pese a todo, el relato prosigue de nuevo en Brasil, donde “la vida fue pasando, pero siempre con ganas de venirme de nuevo a Galicia”. Una Galicia empapada de recuerdos y cultura ya aprendida, en la Casa de España, en Río, donde “la mayoría éramos gallegos”, y donde “teníamos muchos eventos que me hacían sentirme como aquí: romerías, orquestas…”.

Y así, tal vez porque la tierra tira, o porque el alma gallega pesa más que el cuerpo brasileño, Ana Lucía emprendió la aventura del retorno. Hace apenas tres años. Atrás dejaba presente ya pasado, con la promesa de un futuro por delante: “Estaba complicado; allí le daba a la cabeza por todo. El negocio de mi padre, el miedo al asalto sufrido, el estrés diario por no conseguir trabajo…”.

Un trabajo que, reconoce Barcia, llegó justo en el momento de partir: “Pero era con desplazamiento, a un sitio no muy recomendable”. Otra vez el miedo, la falta de seguridad como contraposición a esa tranquilidad tan gallega, descubierta en aquel segundo encuentro juvenil, con veinte años.

“Entonces me di cuenta de lo que era el sosiego: todo era mucho más seguro, no había comparación posible. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo un máster, y paro el coche en el aparcamiento, con la ventanilla bajada, sin problema. Allí no me lo plantearía”, describe Ana Lucía, que ha vuelto a Galicia con sus padres y con su hermana, un grupo al que se ha sumado recientemente su sobrina.

En Galicia, con su sobrina.
De vuelta en Galicia.
Con sus padres en nuestra tierra.

Aquí ha puesto en marcha su propio negocio, una tienda de productos naturales y ecológicos, como un herbolario, que tiene previsto abrir físicamente en Santa Comba antes de que acabe el año. Por ahora, cuenta ya con su propia página web: nosomundoverde.com, donde se pueden adquirir estos productos, tanto en la parte alimenticia como de utensilios del hogar.

Un negocio para el que ha contado con el apoyo del programa de retorno emprendedor que cada año promueve el Gobierno gallego, para facilitar la vuelta a casa de todos aquellos que un día tuvieron que partir. “Conocí el programa por GaliciaAberta. Primero intenté lograr un trabajo, pero estaba difícil. Soy psicóloga de profesión, y la homologación del título era complicada”, expone Ana Lucía.

Lo hace, ya, desde Galicia, desde esa Santa Comba que un día sus padres tuvieron que dejar y a la que han vuelto, casi sin querer, medio siglo después. Cosas de la morriña, de la diáspora, o del alma gallega que nunca ha dejado de existir.

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