• La historia familiar de Sara Lavandeira se desarrolla, como tantas, en tres actos: Galicia, Brasil, Galicia
  • Una beca BEME le ha concedido la oportunidad de cursar en la tierra de sus abuelos un máster en Investigación en Educación, Diversidad Cultural y Desarrollo Comunitario
23
May
2020
Antonio Lavandeira
Antonio Lavandeira.

Esta historia, como muchas, arranca en Galicia a mediados del siglo pasado, en alguna de aquellas imágenes en blanco y negro que despiertan la añoranza sin quererlo. El relato se sumerge después en los vaivenes del Atlántico, y entre ola y ola arriba hasta Brasil. Luego, los años y la resaca lo traen de vuelta hasta Galicia, esa adicción que uno, o una, cuando descubre, ya no es capaz de perdonar.

Como tantos y tantos gallegos –única expresión capaz de abarcar aquella marea humana-, Antonio Manuel Lavanderia Lavandeira dejó Vimianzo atrás en 1956. Tenía apenas 25 años y una vida por delante… y por detrás, donde quedaban  mujer –María Ameijeiras-, e hijos –José y Avelina-. Una separación más que normal en la Galicia del siglo XX, causa y ejemplo de lo que Rosalía dio en llamar viudas de vivos. Aquellas heroicas mujeres que veían partir a sus maridos hacia la tierra prometida.

Por suerte, Antonio pudo llegar a Brasil, iniciar el futuro negocio familiar, y pensar en cómo reencontrarse con los suyos. A los dos años, y con ayuda de la iglesia de por medio, logró que su mujer y sus dos hijos emprendiesen el mismo viaje que él ya había recorrido.

Una vez allí, con la familia ya al completo, la vida siguió su curso. Antonio se hizo ayudante de cocina. Después ascendería a jefe. A continuación, compró un negocio que más tarde vendería… Y así transcurrieron los años con aquella Galicia juvenil azotada en las esquinas del recuerdo. 

“Mis abuelos no hablaban mucho de la tierra”, relata ya en presente Sara Lavandeira, nieta de Antonio, encargada de traer la historia de vuelta hasta Galicia. La tierra que su madre dejó atrás con apenas 3 años, y que ella descubrió en 2013.

Las becas BEME

Siete años después está cursando un máster en Investigación en Educación, Diversidad Cultural y Desarrollo Comunitario en la Universidad de Santiago de Compostela gracias a las becas BEME –acrónimo en gallego de Bolsas Excelencia Mocidade Exterior-. Una iniciativa que cada curso impulsa el gobierno de la región y que permite a 150 jóvenes de la diáspora emprender sus estudios de post grado en la Galicia de sus padres o sus abuelos. Como Sara. Como tantos.

Familia de Antonio
Familia
Familia 2

Sara llegó a ellas de casualidad, por esos caprichos que esconde el destino en cada esquina. “Fui al consulado español y había un cartel”, rememora. Suficiente para seguir recabando información y, medio siglo después, recorrer a la inversa el trayecto vital de su familia: de Brasil a Galicia. 

Una Galicia que casi siempre atrapa hasta engancharte. “Soy una adicta; me gusta muchísimo”, reconoce Sara desde su confinamiento en esta rara época del Covid-19. Un tiempo en el que prepara el TFM sobre educación sexual mientras espera, como todos, a descubrir qué nos deparará el futuro.

Sara Lavandeira 2

El suyo apunta a Galicia, a esa adicción. “Antes de la pandemia tenía ganas de volver a Brasil”, reconoce. Una opción que barajaba por la dificultad de homologar aquí el título. Los lentos trámites del gobierno central sitúan en una media de más de dos años lograr dicha convalidación. Sin embargo, el cambio del escenario político en Brasil provocó también un giro en su determinación: “Soy trabajadora social y no tengo claro qué va a hacer el actual gobierno en mi campo”, subraya Sara, que obtuvo su título de Servicio social en la Universidad Federal Fluminense de Niteroi.

Hoy Sara ya no duda. Quiere quedarse en la tierra de sus antepasados. Ese pedacito de mundo de color verde y “con una naturaleza tan bonita”. La Galicia de las Islas Cíes, del cañón del Sil, de las termas de Ourense, de la Torre de Hércules, de las playas de Vigo, de los festivales gastronómicos. La Galicia del Camino de Santiago, que iba a hacer este verano y no podrá. Tal vez más adelante, porque Galicia es como una droga. Cuando te atrapa, es casi imposible de dejar.

AÚN ESTÁS A TIEMPO. ¡SOLICITA AQUÍ TU BECA BEME!
Compartir