• La de Álvaro Montes Gómez es una de esas historias tan típicas de la emigración gallega que llega incluso hasta asustar. Un relato de dos familias que cruzaron el inmenso azul Atlántico para volver siendo una, más grande y numerosa
09
Oct
2020
Álvaro despacho
Álvaro acaba de poner en marcha nukuku.com

Hay historias que vienen, y otras que van. Y algunas, es este el caso, que avanzan para acabar volviendo. Un largo relato de retorno al punto de partida, con Galicia como hilo conductor. Desde aquí marchó Francisco Javier Montes Pardo hace más de sietes décadas, en uno de aquellos buques de vapor que llenan escenas eternas pintadas siempre en blanco y negro.

Un poco más al norte, en el País Vasco, emprendía el viaje Liria Gómez Puntonet. Apenas una niña de 9 años cuya familia, como la de Luis, buscaba en Caracas esas oportunidades prometidas que nuestra tierra, entonces, lloraba por ofrecer.

Hoy, con 80 y 79 años, su vida esconde un cuento maravillo, de esos que cualquier padre está deseando susurrarle a sus hijos por la noche. Un ‘ir’ que les hizo conocerse en Venezuela, en una fiesta en la Hermandad Gallega de Caracas, dónde si no; casarse y tener hijos; prosperar, impulsar sus proyectos personales. Y un ‘venir’ que los trajo de vuelta hasta Galicia, hasta su casa, hasta esa tierra de acogida que hoy, en pleno siglo XXI, sí que ofrece aquellas oportunidades entonces anheladas.

Y como el destino es siempre caprichoso, ese ir y ese venir incorpora, cada uno a su momento, a los tres hijos del matrimonio: Francisco, Rafael y Álvaro, el protagonista principal de nuestra historia. El último, todo hay que decirlo, en emprender el camino de vuelta.

Porque a caballo entre el siglo XX y el XXI, cuando sus hermanos mayores venían, él empezaba allí con su negocio. “En el 2000 monte una perfumería que, con el tiempo, se convirtió en una cadena”, rememora. El mismo tiempo que ha terminado por arrasarlo todo en Venezuela. 

“Después de 18 años, resultaba evidente que el clima del país no era el adecuado ni el que le quería ofrecer a mis hijos”. Porque Álvaro, así de valientes somos los gallegos, emprendió el retorno con 52 años y en familia, felizmente casado con Gabriela López, y con dos hijos, Alejandro y Claudia, que, curiosidades de la vida, ya se había vuelto en 2016 para cursar sus estudios universitarios en Madrid. Una parte más de ese eterno ir y venir.

Álvaro con su mujer y sus hijos en la playa de Aguieira.
Álvaro con su mujer y sus hijos en la playa de Aguieira.
Álvaro familia
Con toda su familia, en Galicia.
Adiós a Venezuela

“El negocio dejó de ser un buen negocio. La perfumería no contaba con los productos que el consumidor quería, el inventario era cada vez menor. Había llegado el momento de venirse y empezar una vida desde cero”, continúa Álvaro con la tranquilidad del que ya ha andado ese camino. Por delante,  “dos maletas y nada más”.  Y atrás, una montaña entera de recuerdos, de anécdotas, de alegrías y tristezas, de mucho sufrimiento hacia el final.

Porque poco a poco “vas tolerando” cosas que resultan “increíbles” y que, a fuerza de repetirse, terminan por convertirse en “rutinarias”. Como los secuestros de dos de sus amigos. “Cuando te quieres dar cuenta, te estás jugando la vida” con una pistola en la cabeza para que les des el móvil o la cartera. “Y lo peor es cuando eso se convierte en cotidiano”, resume Álvaro.

Una cotidianeidad que llega a hacer posible que la inflación de los bolívares arruine hasta a los propios secuestradores; o que para comprar una barra de pan debas guardar una cola de una hora; o incluso que en el súper no haya papel, ni pasta, ni atún; o que puedas sentirte un privilegiado por acceder a este tipo de bienes.

Así que sí, había llegado el momento de partir. De reencontrarse con toda su familia al otro lado de ese inmenso Atlántico de olas y negrura. “Sabía que podía haber grandes limitaciones al venirme con 52 años y empezar una vida desde cero”, reconoce Álvaro.

Pero aquí estaban, están, sus padres. En esa Compostela a la que regresaron a comienzos de siglo, y de la que ahora disfrutan son su hijo.

Álvaro esquí
Álvaro es campeón gallego de esquí acuático.
Nukuku, innovación al servicio del descanso

Y como la vida curte, Álvaro sigue mirando al mundo decidido. Acaba de poner en marcha nunuku.com, un negocio online de venta de almohadas cervicales antiarrugas. “Son almohadas que alivian el dolor de cuello y espalda, y previene las arrugas y marcas de sueño en el rostro y en el cuello”, resume.

Una novedosa iniciativa empresarial para la que ha contado con el impulso de la línea de apoyo al retorno emprendedor que cada año promueve el gobierno gallego para facilitar la vuelta a casa de aquellos que algún día tuvieron que partir. Como Álvaro, o como otros 200 gallegos que ya se han beneficiado de esta iniciativa para activar nuevos proyectos empresariales en nuestra tierra.

Álvaro confía en el futuro. Y se muestra orgulloso del pasado. De todo su pasado. Incluso de aquel con el que te sorprende en un último regate. Campeón de esquí acuático gallego. “Lo aprendí en Venezuela, con cierta disciplina cuando era joven”, resume. “Nuestro plan de fin de semana era ir a la playa de Río Chico con el bote que teníamos”.

Al llegar aquí contactó con la Federación Gallega, y hasta la fecha ha participado en tres competiciones, imponiéndose en las tres. Un bagaje similar al que arroja en los Campeonatos de España de los tres últimos años, en los que también ha participado: primero en 2018, primero en 2019, y subcampeón en 2020.

Un relato lleno de sorpresas que transcurre entre dos vasos comunicantes: Galicia y Venezuela. Venezuela y Galicia. Ese eterno y venir para concluir siempre en Galicia.   

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