• “En Argentina fui feliz, pero nunca me terminé de sentir parte del todo. Tardé en integrarme, y echaba de menos Galicia”
  • “La Xunta está invirtiendo para darnos un futuro mejor en Galicia, para que nos quedemos e impulsemos nuestro proyecto personal y profesional aquí"
25
Mar
2020
Gala Patiño y su marido en la USC Galicia

Gala Patiño camina tranquila por la facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela. Es un lunes cualquiera del mes de febrero. Fuera luce el sol y el mundo aún está lejos de cambiar. Dentro, en el salón de actos, comienza una jornada para los beneficiarios de las BEME –acrónimo en gallego de Bolsas de Excelencia Mocidade Exterior-, una iniciativa que cada año promueve el gobierno autonómico para que aquellos gallegos del exterior que lo desean puedan volver a su tierra a cursar estudios de postgrado en alguna de las universidades de la Comunidad.

Gala es una de ellas.

“Siempre quise volver”, afirma con la seguridad de quien lleva demasiado tiempo esperando ese momento.

Pero la vida tiene obligaciones y tiene padres. Los suyos se casaron en Argentina y se vinieron a Gondomar (Galicia), donde Mario abrió una clínica dental. “Yo nací en Fátima (centro médico de Vigo)” relata; como tres de sus cuatro hermanas.

Y allí, a caballo entre Vigo y Gondomar, esa pequeña villa del Val Miñor, flanqueada por la sierra del Galiñeiro y la ribera del propio río Miñor, vivió una infancia plena: “Nunca nos preocupamos por nada, simplemente de ser niños”. Taekwondo, tenis, equitación, viajes por Europa… Una lista digna de los Reyes Magos.

Tal vez por eso la morriña se enganchó a su alma cuando llegó el momento de partir: “Siempre tuve mucha nostalgia por Galicia”. La misma que su padre sentía por Argentina, por los asados y las fiestas familiares, por el calor que da sentirse en casa.

Allí Gala se hizo mujer, se licenció en Veterinaria, conoció al que hoy es su marido, Leo Aybar… pero al final, una esquinita de ella echaba de menos la otra tierra; toda la otra tierra; hasta la lluvia y la humedad.

“En Argentina fui feliz, pero nunca me terminé de sentir parte del todo. Tardé en integrarme, y echaba de menos Galicia”, expone.

Por eso a cada instante tenía en la cabeza volver, o, al menos, explorar. Australia y Nueva Zelanda surcaban su cabeza, y la biodiversidad y el cuidado del planeta la anidaban. Quería salir, vivir, comprender…

“En Argentina tenía trabajo pero pocas posibilidades de crecer”, resume.

Gala Patiño, a la derecha, becaria BEME
Gala Patiño, a la derecha, becaria BEME

La posibilidad de volver a Galicia

Y entonces aparecieron las BEME, y con ellas la posibilidad de volver a Galicia. Otra vez la tierra. Aquí lleva seis meses cursando el máster en Biodiversidad de la Universidad de Santiago de Compostela.

“Hay cosas que siguen exactamente igual, y otras que han cambiado mucho”, relata. Entonces tenía 14 años, ahora 27. Media vida a caballo entre dos tierras: “Allí la inseguridad existe; siempre está la posibilidad de que pase algo. Tienes la puerta cerrada, hay situaciones que te levantan sospechas... Aquí, en Galicia, no valoramos esas cosas, no existen esas amenazas”.

No en el Pedroso, el barrio verde y apacible de Santiago que ha escogido para vivir. Precisamente por eso, por verde y apacible. Un buen lugar para disfrutar del campo en la ciudad. Por delante tiene un año y medio de estudios e investigación, y todo un futuro por hacer. Si puede ser en Galicia.

El presidente de la Xunta de Galicia con Gala y su marido

Porque Gala, como la inmensa mayoría de los que un día tuvieron que partir, disfruta de la tierra a cada paso. Sin embargo, los buenos cuentos de final feliz siempre ofrecen al lector alguna traba. Papeles, homologación de títulos, permisos de residencia…

Por eso concluye con una petición: “La Xunta está invirtiendo para darnos un futuro mejor en Galicia, para que nos quedemos e impulsemos nuestro proyecto personal y profesional aquí; pero hay cosas que otras administraciones tendrían que mejorar”.

La burocracia daría para cualquier otro relato. Más extenso y más tedioso. El de Gala, por ahora, prosigue aquí, en su Galicia. Y lo hace con Leo: “Cuando nos conocimos ya le dije que quería volver”. Lo dicho: la convicción propia de quien lleva toda una vida esperando ese momento.  

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