• Tamara Acha emprendió su aventura londinense en 2014. Allí acabó trabajando en una empresa de videojuegos: contrato indefinido y un futuro en la gran ciudad. Y pese a todo, echaba de menos Galicia a cada instante
  • Una beca BEME de la Xunta le ha permitido dejar todo atrás y volver a casa
05
May
2020
Tamara Acha Castrelo
Tamara, disfrutando del mar en uno de sus regresos.

Cada vez que volvía a casa, Tamara Acha sentía nostalgia de la ría. Una especie de atracción que tiraba de ella suavemente, hasta pararla delante de una playa cualquiera en Vilanova de Arousa. El mar otra vez ante sus ojos; el sonido de las olas que se arrullan sobre las piedras de la orilla; la arena que se desliza entre los dedos... Y entonces, sólo entonces, ya todo cobra sentido... Hasta que el avión de vuelta a Londres deja atrás esa misma ría enamorada, convirtiéndola en un pedacito azul en el olvido.  

“Cada vez que venía, me costaba más hacer las maletas y regresar a Londres”, confiesa Tamara, desde la felicidad que da saberse ya de vuelta en casa. Pero vayamos por partes, porque no todo ha sido tan sencillo. Tamara se graduó en Traducción e Interpretación en 2014, en la Universidad de Vigo. “En España no había mucho trabajo, así que decidí marcharme a Londres”.  

Dicho así suena sencillo, aunque ese primer viaje resultaba algo parecido a una aventura, con un tesoro aún por descubrir. La primera prueba de esa búsqueda duró 6 meses, el tiempo que estuvo trabajando como AuPair en una familia londinense. “Aprendí mucho inglés porque me pasaba el día hablando con los niños”, destaca.  

La mejora del idioma supuso el salvoconducto necesario hacia la segunda prueba de la búsqueda. Esta vez, la misión transcurría en un cine en la zona de Picadilly. Pero claro, los cines en la City no son como en provincias. Este, en concreto, tenía restaurante y bar privado. Además de la taquilla. Un escenario idóneo para seguir con el aprendizaje del inglés.  

La empresa de videojuegos

“Después del cine, ya tenía el nivel suficiente para plantearme buscar trabajo en lo mío”, prosigue su relato Tamara, con la seguridad de quien ya ha vivido lo que narra. Y así entramos en la tercera fase de la búsqueda de ese tesoro. Un periplo centrado en la ‘traducción multimedia’ o ‘audiovisual’. En este campo uno puede imaginar multitud de posibilidades en un mundo tecnológico e interconectado: cine, televisión, teatro, publicidad, medios audiovisuales o dispositivos móviles. Falta una: los videojuegos. 

TRAS TRES AÑOS Y MEDIO EN LONDRES, TAMARA COMENZÓ A TRABAJAR EN UNA EMPRESA DE VIDEOJUEGOS

“Nunca fue una cosa que pensara en un primer momento, pero surgió la posibilidad de trabajar en una empresa de videojuegos, y me sedujo la idea”, continúa Tamara uniendo los puntos hacia atrás. Había encontrado su tesoro... al menos por ahora. Porque la brisa de fondo traía siempre aromas de saudade. Pero no perdamos el hilo todavía.  

Winter Wonderland
Tamara co sus amigos en Winter Wonderland.
National Gallery
En la National Gallery.
Picadilly
En Picadilly con una amiga.

Continuamos en ese Londres mezcla de clásico y moderno, en el que los cubos acristalados de las nuevas construcciones se entremezclan con aquellas de aire señorial, resquicio del pasado en el presente. Y seguimos también en esa empresa en la que Tamara comienza su aventura como ‘tester 

Tiene dos funciones. Una, simple y más monótona: traducir juegos. La otra, vinculada a las grandes compañías que ya mandan su proyecto traducido: “Te daban el videojuego y tenías que testearlo. Revisar el texto, atendiendo a la gramática y la lengua; pero también observar si los gráficos estaban bien, si los personajes y la historia eran coherentes...”. Vamos, que había que jugar sin piedad para dejar el producto listo para el mercado. 

EN LA EMPRESA, TESTEABA LOS VIDEOJUEGOS PARA DEJARLOS LISTOS PARA EL MERCADO

“Estaba súper contenta, aprendí muchísimo, éramos un equipo de gente joven...”, expone Tamara. ¿Pero? Pero la ría continuaba de mar de fondo. Y eso que en Londres vive su hermana Lorena. “Con ella me quitaba el mono del gallego”, confiesa.  

La beca BEME 

Un consuelo diminuto entre dos mundos antagónicos: la calma frente al estrés, la cercanía en contraposición a las distancias, el hogar batallando con la City. “Allí las cosas pasan mucho más rápido. La vida es más frenética”. 

Así que cuando le concedieron una beca BEME no dudó. “Sin la beca no hubiese vuelto nunca”. Con ella, cerró los ojos e hizo las maletas dejando atrás un contrato indefinido, un proyecto ilusionante, el tesoro que había buscado durante casi 4 años. Sin duda, Galicia es mucho. Al menos, para algunos, más que Londres.  

Galicia
En Galicia, con sus amigos.
Madre
Con su madre.
Ría
Con la Ría de Arousa al fondo.

Estas becas son una iniciativa del Gobierno gallego para traer de vuelta a casa cada año a centenares de jóvenes de la comunidad que están en el exterior, ofreciéndoles la opción de cursar sus estudios de postgrado en una de las tres universidades gallegas.   

Tamara ha elegido Vigo, donde realiza un Máster en Traducción Multimedia. “Que además tiene una asignatura que es ‘Localización de videojuegos’”, añade a modo de anécdota. Lo que sí que no es una anécdota es su voluntad de permanencia: “Quiero quedarme. Es verdad que aquí no hay muchas opciones, pero puedo trabajar como autónoma, desde casa, para todas las empresas”. Cualquier cosa con tal de poder sentir cuando uno quiere la arena que se escurre entre los dedos, el mar mojándote los pies, el olor a salitre del amanecer... Cualquier cosa con tal de sentir Galicia a cada instante 

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