• Rafael Pardo nació en México hace 37 años, pero bien lo pudo hacer en Galicia, a donde ha vuelto para montar su propia empresa gracias al programa de apoyo al retorno emprendedor que cada año promueve el Gobierno gallego
10
Jun
2021
Rafael Pardo
En Londres, tras fundar su empresa en 2015.

Hay historias que vienen y van, y otras que duran toda una vida; que se balancean sobre el azul oscuro del océano en un peregrinaje inconcluso que, cosas del destino, siempre acaba encontrando una salida, un puerto, un templo al que arribar.

Podría ser el caso de Rafael Pardo, gallego de 37 años; o mexicano de esa edad; o londinense a tiempo parcial. Ciudadano del mundo con nuestra tierra de fondo, en un paisaje difuminado pero presente, que acompasa la trayectoria personal y profesional de este publicista que hoy vuelve a empezar su vida en esa Galicia tan nostálgica, tan definida, a trazos, por la emigración, de él y de muchos, con sabor a morriña en cada paso.

“La emigración gallega es muy diferente; siempre tienes como la morriña, la sensación de que hay que volver, hay que volver... Y muchas veces, cuando vuelves, ya no eres ni de aquí ni de allá”, resume Rafael ese sentimiento de diáspora, de caminar en busca de un relato, de una tierra, la propia o la ajena.

De familia gallega -su abuelo era de Doade (Ourense)-, Rafael, como tantos, nació ya en México, donde se crio y se formó hasta que, con 20 años, volvió a Galicia. “Monté una empresa de márquetin y me fue muy bien. Estuve casi siete años y medio, pero al final me marché a Londres”, recuerda, con la rapidez de quien se sabe de memoria lo vivido.

Este primer reencuentro con la tierra llega en compañía de sus padres y su abuelo, que entonces tenía ya 94 años. “En México no se vive como aquí. Fueron mis padres los que decidieron volver, porque había mejores oportunidades”, prosigue Rafael. Eso, y algo más, algo que probablemente sólo Galicia y los gallegos entienden y que llega a provocar milagros: “Mi abuelo se rejuveneció. Llegó en silla de ruedas y salió andando”.

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En Canary Wharf, Londres, en 2018.
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Con el secretario xeral da Emigración, Antonio Rodríguez Miranda.

Rafael, sin embargo, dejaba atrás una vida, el recuerdo de un trayecto de la infancia a la madurez: amigos, clases, fiestas, universidad, planes… Morriña, aunque invertida. “Ya no miré para atrás; dejé toda la vida atrás, porque estaba como en un dilema: me gustaba Galicia, pero en México se quedaba todo lo que conocía”.

El peso de la morriña

 Una situación distinta a la de Londres. Allí “la morriña era súper fuerte”. “Me fui con la idea de marcharme un mes, aunque finalmente me quedé. Iba con la maleta y con lo que llevaba en la cartera”, prosigue Rafael un relato que se acelera entre trabajar de camarero, limpiando váteres, de relaciones públicas o de ayudante en una discoteca. “Tuve más de doce empleos en tres meses”.

Luego volvió a lo suyo, a una agencia de márquetin y publicidad, antes de fundar su propia empresa y de volver, cómo no, a Galicia. Eso sucedió ya en 2019, después de 8 años en la City.

Un segundo encuentro con la tierra que se produce, en esta ocasión, con el apoyo del programa de retorno emprendedor que cada año promueve el Gobierno gallego para facilitar la vuelta a casa de aquellos que un día tuvieron que partir, y que ahora buscan impulsar en nuestra tierra sus proyectos profesionales y personales. 

Este retorno está marcado por el Brexit. “Ya sabía que tenía que regresar”, asume con franqueza. Una venida que coincide con el inicio de la pandemia: “Me vino fenomenal para ver qué hacer. Fue justo entonces cuando encontré las ayudas al retorno emprendedor y monté la empresa, la agencia digital de márquetin, Somar Media”.

Ahora Rafael prosigue su sueño en Pontevedra, aunque con un vínculo directo con Londres, donde tiene el 60% de sus clientes. Un escenario fácil, asumible, apenas un vuelo de dos horas después de media vida entre dos tierras. Tiempo suficiente para saber lo que uno quiere y, sobre todo, para aprender a disfrutar de la morriña.  

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