• La de Karina Lomba es una historia más de la diáspora gallega, marcada por lo que queda atrás y lo que hay delante: el nexo de unión entre Argentina y Galicia, entre el pasado y el futuro, entre lo que pudo ser y lo que es gracias al programa de retorno emprendedor que promueve el gobierno gallego
07
Jul
2021
Lara máquina
Lara, hija de Karina, probando la nueva máquina.

Cualquier historia de diáspora es como una gigantesca ola con resaca. Un relato que rompe a un lado del Atlántico, para volver siempre, con mayor o menor fuerza, a través de las corrientes del océano, en un ir y venir anónimo y personal, de historias compartidas de nombre y apellidos, que se entrelazan a ambos lados del azul inmenso del océano.

Bien lo sabe Karina Alejandra Lomba Díaz, que inició la novela de su vida en Argentina, nieta de gallegos, como muchos, como tantos, de aquellos que un día tuvieron que partir, dejando atrás, en el recuerdo, una delicada imagen de tristeza en blanco y negro. “Mis abuelos por parte de papá eran de Galicia, de Lugo y de Pontevedra. Mi papá ya nació en Argentina, con tres hermanos más”, expone Karina con la sencillez de la diáspora.

Ese mismo éxodo que, después de miles de vueltas y requiebros, la ha traído de vuelta hasta Galicia, inexplorada y conocida al mismo tiempo. Una Galicia de la que afirma, convencida: “Es mi lugar en el mundo; lo encontré”. Una frase redonda, contundente, que cobra más sentido, si cabe, en los labios de una nieta de emigrantes que nació, creció y se hizo mujer en Argentina, donde trabajó 20 años de enfermera antes de montar su propio estudio de pilates, y que, finalmente, decidió “vender todo y buscar nuevos horizontes” porque allá, por desgracia, ya no hay “nada”.

Horizontes familiares, eso sí. Los de la tierra de sus raíces, nuestra tierra. Los de una Galicia a donde ha llegado tras su hija, Lara, que decidió venir a trabajar a España con su novio, Juan Pablo. “Nos vinimos a Madrid; él tenía trabajo aquí. Cuando mi madre se vino con mi hermano, optamos por Galicia, que era donde estaban mis abuelos”, resume.   

“Allá no se puede”, retoma Karina el hilo del relato, una madeja de nostalgia y de morriña, que se abre paso hacia hoy desde un pasado reciente e imposible, en el que “hay que pagar desde seguridad social hasta educación”, y en el que “no se puede caminar por la calle con el celular en la mano o con la mochila colgada atrás”.

Karina
Foto de familia ya en Galicia.
Abuela
Abuela de Karina.

“En Argentina no puedes ir a la casa de un amigo a 400 metros porque es peligroso”, resume, contraponiendo esa incerteza a las certezas, a la Galicia “impagable” que ofrece “la posibilidad de progresar y de emprender”; a la Galicia de los recuerdos, de la uva tinta de los cuentos de la abuela, del “aire lindo” y la “gente muy amable”.  

Esa Galicia a la que Karina ha vuelto tras “vender todo” en “busca de nuevos horizontes”; un viaje que pudo emprender gracias, en parte, al programa de apoyo al retorno emprendedor que cada año impulsa el Gobierno gallego, y que le ha ayudado a poner en marcha una máquina totalmente innovadora.  

“Siempre tuve la idea de diseñar una máquina que había visto hace tiempo en Brasil. Mi hija y mi yerno me ayudaron con el plan de negocios”, prosigue Karina relatando, emocionada, el invento al que han logrado darle forma: una máquina que permite sostener en el aire una colchoneta sobre la que uno puede realizar cualquier actividad física. Pilates, yoga, entrenamiento funcional, taichí. “Es bastante versátil y la mandamos a fabricar aquí en Galicia”.

Un punto de apoyo sobre el que mover el mundo, su mundo. “La máquina no está en Europa en ningún lado”, retoma Lara con la explicación de este proyecto. “Mi madre la vio porque hace doce años que está en el mundo del pilates, y por redes sociales conoce de otros lugares”, continúa, relatando los cambios introducidos, “necesarios para un mejor funcionamiento”.

Un esfuerzo que ha dado sus frutos: la máquina ya está a la venta a través de la web kalewa.es. ‘En el aire’, en hawaiano, y nunca mejor dicho. El primer paso de un negocio que busca ahora un lugar físico para crecer, y en el que siguen abundando voluntad y decisión. Como la de Lara, modelo en las fotos, en busca de un equilibrio imperfecto que conduce a la perfección, a esa figura que se sustenta sobre una plataforma sostenida, ese punto en el que todo cobra sentido. A Galicia.

LARA MÁQUINA 2
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