• La de Anahí Iglesias Gualati es una de esas historias que ejemplifica la diáspora: un continuo viaje familiar de ida y vuelta, que ahora escribe una nueva página en la Universidad de Vigo, a la que esta bonaerense del 81 ha llegado para cursar un máster gracias a una de las becas BEME de la Xunta
22
Oct
2021

Esta es una historia de ida y vuelta, de vuelta e ida, para acabar yendo y viniendo nuevamente. Es el relato de la emigración y la diáspora, que se teje casi sin querer entre las olas oscuras del Atlántico, aquí y allá; entre Galicia y Argentina en este caso.

Porque de Galicia eran Jesús Iglesias Ramos y Carolina Pérez Carrera, dos jóvenes gallegos, de Lugo y Fonsagrada, a los que la guerra civil cogió, como a tantos, como a todos, con demasiadas cosas por hacer. Tantas, que en los 50 decidieron buscar un proyecto vital en Buenos Aires, a donde marcharon en una época en la que los viajes se hacían todavía en blanco y negro cargado de tristeza y nubes de vapor.

Allí, que casi es como aquí para un gallego, levantaron su propia historia, que incluye, entre otros, a Ricardo Iglesias Pérez, uno de los hijos del matrimonio, que se casó, también allí, con Alicia Gualati Canziani, antes de que ambos viniesen aquí, a Lugo, donde tuvieron dos niñas: Macarena y Anahí Iglesias Gualati. Llegamos, así, por fin, a la verdadera protagonista del relato.

Un cuento que transita otra vez a través del azul eterno del Atlántico, porque Ricardo y Alicia partieron de vuelta hacia Argentina cuando Anahí tenía apenas tres años. Corría el año 84 y la emigración seguía, y sigue, escribiéndose a ambos lados del océano.

“De esa época tengo sólo los recuerdos de las fotos, pero no personales; guardo en la memoria cosas que me han contado”, relata Anahí, cuyo primer recuerdo propio de Galicia es el de una fría Navidad en Lugo con 8 años. “Era un frío intenso, muy distinto a Buenos Aires. Allí las fiestas navideñas las celebramos con humedad, en pleno verano. Recuerdo el cariño con el que me recibió toda la familia y los amigos de mis padres”.

Un cariño recíproco que se mantiene a lo largo del tiempo, en todas esas idas y venidas que Anahí ha ido levantando con los años: “Después vine de chica muchas veces a visitar a la familia, en época de vacaciones en Argentina, siempre en contacto con Galicia y con España”. 

Sin embargo, el grueso de la vida de Anahí discurre en Argentina donde la niña deja paso a la mujer, donde crece y atesora sus recuerdos, aun ahora, aún incluso “sin perder ese incansable “vínculo con Galicia”. Allí, en Buenos Aires, estudia Sociología y trabajaba en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Ciudad Autónoma, en la parte de recursos humanos, labor que compatibilizaba con otro empleo en temas de responsabilidad social corporativa en la consultora AG Sustentable.

Pero eso, como el verbo indica, es ya pasado. El presente transcurre otra vez aquí, en Galicia, a donde ha vuelto gracias a una beca BEME (acrónimo en gallego de Bolsas Excelencia Mocidade Exterior), que cada año impulsa el gobierno gallego para facilitar la vuelta a casa de todos aquellos que un día tuvieron que partir.

Como Anahí, que tenía “muy claro” el máster que quería hacer: “Me postulé sólo a uno, al de Administración Integrada de Empresas y Responsabilidad Social Corporativa en la Universidad de Vigo, y por suerte salió bien”.

Ahora disfruta de Vigo y de su costa, de una ciudad caótica y bella por igual que no conocía, protegida siempre por el remanso de la Ría, ese “mar precioso que le da un encanto especial”.  Y lo hace después de haber vuelto vía Lugo este verano, “donde tengo familia”, y de haber celebrado en nuestra tierra su cuarenta cumpleaños.

Una tierra de la que disfruta mientras piensa en qué le deparará el futuro. “Mi vida estaba allí, aunque nunca perdí el vínculo con Galicia. Este año surgió la posibilidad a través de las becas y decidí postularme. Se fue dando todo de manera bastante sencilla”, continúa Anahí ya del tirón.  

Atrás deja una vida “bastante organizada” a la que no sabe si volver. “Vine pensando en hacer el máster y dejar que la vida me sorprenda”, resume Anahí, tranquila pese a todo ante “el vértigo” que produce “tanto cambio”. A fin de cuentas, sea donde sea, aquí o allá, su relato continuará en ese hogar común que une Galicia y Argentina, Argentina con Galicia. Qué más da.

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