• Manuel Sangiao nació en Compostela pero la vida, siempre caprichosa, acabó por llevárselo hasta Londres. Allí conoció a su mujer, Liping Zhao, antes de que esa misma vida se lo trajese de vuelta a Galicia con la ayuda del programa de retorno emprendedor que cada año promueve el gobierno autonómico
12
May
2021
Manuel Sangiao

‘El lápiz del carpintero’ es una de esas novelas de Manuel Rivas que nos conducen a través de una prosa sencilla y bien escrita a la España en blanco y negro de post guerra; el relato vital de un represaliado que, desde la cárcel, rehace su vida siendo punto de apoyo y transición para presos y familia.

Pero el ‘Lápiz de carpintero’ es también un proyecto vital, en este caso de otro Manuel, Sangiao, que reescribe su relato, pero no con el presidio como fondo, por fortuna, sino desde Boqueixón (A Coruña), a donde ha vuelto vía Londres en una conexión directa con su infancia. 

Porque Manuel, como tantos, como todos, creció absorbiendo lo que era, o una parte, o lo que podía llegar a ser; empapándose de recuerdos infantiles de su padre, carpintero, que tallaba aquí y allá entre restos de virutas de madera. “Él fue carpintero toda su vida. Tuvo un pequeño negocio, y durante mi pubertad estuve trabajando con él y aprendiendo”.

El relato transcurre en el presente, tres décadas después de aquella infancia adolescente, a la que Manuel ha vuelto casi sin querer. Porque lo suyo también era el deporte. “Crecí haciendo deporte en mi juventud, y lo compaginaba con los estudios mientras que echaba una mano en casa”, continúa.

Así, casi sin querer, realizó primero un módulo superior de actividades físicas, paso previo hacia el INEF, la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Sin embargo, la crisis de 2008 torció los guiones de la historia, y como tantos jóvenes gallegos de ese tiempo, hubo de emigrar. Él lo resume fácil, con la sencillez de quien se ha forjado en el empeño: “La gente de mi generación hemos emigrado mucho”.  

Manuel se fue a Londres, en donde desempeñó diferentes puestos de trabajo, siempre relacionados con el deporte: spas, gimnasios y hoteles. Y en donde conoció a la que hoy es su mujer, Liping Zhao.

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Del sur de China, aunque afincada gran parte de su vida en Pekín. Una China de la que Manuel esconde también algún recuerdo en mitad de su relato. Quince días en “otro mundo”. “En occidente no sabemos realmente lo que es China. Independientemente de su sistema político, la riqueza que hay allí es algo que no nos podemos ni imaginar hasta que lo vemos. Que si pobre, masificada, que si pasa hambre… y nada más lejos de la realidad. Shanghái, Pekín… son ciudades que están a años luz de las nuestras, en tecnologías, en infraestructuras…”. 

De Londres a Galicia

Pero esa es otra historia y otro tiempo. La nuestra, la de Manuel, transcurre, ya con Liping, de Londres a Galicia, a la tierra y a las labores de su infancia. “Tenía mi vida asentada en Londres, pero mi padrastro enfermó de Alzheimer y lo mandaron a una residencia. Mi madre se quedó sola en una casa grande. Cogió una depresión muy fuerte, unida a problemas de salud. Y entonces llegó la pandemia”, continúa del tirón Manuel, con la certeza que sólo es capaz de otorgar el presente.  

Porque Manuel, como buen hijo, decidió rehacer su vida y “volver para cuidarla”. “Necesita atención bastante permanente, así que me puse a buscar un trabajo que me permitiese trabajar desde casa”. Y así, lejos del deporte y del INEF, llegamos, de nuevo, al ‘Lapiz de carpintero’. Su propio taller particular.

“Básicamente estuve toda mi vida enseñando. En otros tiempos, deporte; y ahora, carpintería”, resume de modo tan sencillo como gráfico Manuel. El galpón de su madre es el lugar donde rescata recuerdos de su infancia, de aquellas enseñanzas de su padre que, hoy, muchos años después, le permiten ofrecer tutoriales de madera.

“En Londres era algo que no podía hacer. Uno, cuando es pequeño, absorbe muchísimo, aprende las cosas mucho más rápido. Era un conocimiento que estaba ahí”, prosigue Manuel, que ha añadido a aquel aprendizaje adolescente otras cosas nuevas, “viendo cómo trabaja la gente en otros países”. “Con mi padre, ves lo que se hace en Galicia hace 20 o 30 años. Internet y YouTube me abrieron las puertas al mundo. Ves técnicas que hacen japoneses, de americanos… y vas aprendiendo y mejorando”, añade.

Hoy, ‘Lápiz de carpintero’ suma casi 1.000 suscriptores, aunque a Manuel, como a cualquier emprendedor, le gustaría que fuesen más. Un negocio que arrancaba en octubre y que ha contado con el apoyo del programa de retorno emprendedor, que cada año pone en marcha la Xunta de Galicia para ayudar a todos aquellos gallegos del exterior que, por los motivos que sea, vuelven a casa a impulsar su propio negocio. Como Manuel, que ha cambiado Londres por Boqueixón, el deporte por la madera, pero que, en esencia, sigue haciendo lo que siempre hizo: enseñar a los demás.

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