- Hay lugares que no salen en las postales, ni aparecen en los rankings de las guías de viaje, pero que guardan lo más puro de Galicia. Son rincones que se conocen por boca de abuela, por paseo de infancia o por casualidad. Y que, cuando uno se va, son los primeros que echa de menos
Cada gallego tiene un lugar al que volvería con los ojos cerrados.
Una playa donde aprendió a nadar, un camino con olor a eucalipto, una fuente donde se refrescaba tras la escuela o un monte que guarda silencios familiares. Son sitios pequeños, casi secretos, pero profundamente nuestros. Lugares que no necesitan promoción: solo necesitan que los volvamos a pisar.
Aquí va una selección de esos rincones que muchos llevan en el alma. Y que otros, tal vez, aún están a tiempo de redescubrir.
1. O Pozo da Ferida (Xove, Lugo)
Una cascada escondida en el corazón de la Mariña lucense, donde el agua se precipita desde más de 30 metros entre helechos y musgo. Poco señalizada, solo se llega si alguien te lleva o si escuchas bien al bosque. Un lugar para reconciliarse con la calma.
2. Praia de Arealonga (O Vicedo, Lugo)
Un arenal recogido, de aguas tranquilas y arena blanca, entre la ría y la montaña. Desde allí se divisa el puente de O Barqueiro y la silueta de los montes de Ortigueira. Menos conocida que su vecina de Esteiro, pero igual de mágica.
3. O Seixo y el santuario da Peneda (Cerdedo-Cotobade, Pontevedra)
Un monte cargado de leyenda y espiritualidad, con vistas infinitas y piedras que parecen hablar. Allí se alza un pequeño santuario entre nieblas, donde cada septiembre los romeros se mezclan con el viento. La Galicia mística en su máxima expresión.
4. Monte Neme (Carballo, A Coruña)
Una antigua mina reconvertida en paisaje insólito. Sus lagunas azul eléctrico contrastan con el verde del entorno. Un lugar que mezcla historia industrial, cicatrices del pasado y una belleza hipnótica. Ideal para quien busca rincones fuera del mapa.
5. O Portiño (A Coruña ciudad)
A solo unos minutos del centro urbano, este pequeño rincón entre rocas y mar abierto ofrece uno de los atardeceres más serenos de Galicia. Es un secreto bien guardado por los coruñeses, donde el mar rompe sin prisa y el viento acaricia en silencio.
6. Pena Corneira (Leiro, Ourense)
Una formación granítica gigantesca, como salida de un cuento de xigantes. Está dentro del parque natural del Carballiño y ofrece vistas sobre los viñedos del Ribeiro. Ideal para caminatas al atardecer y meriendas con pan y chorizo a la sombra de los pinos.
7. Ribeira do Ulla (Touro, A Coruña)
Un paseo fluvial que discurre entre alisos y molinos antiguos, con pasarelas de madera y pozas donde el agua canta. Un sitio ideal para perderse en los días calurosos y sentir que Galicia, cuando quiere, susurra al oído.
8. Castro de Baroña (Porto do Son, A Coruña)
Aunque más conocido que los anteriores, sigue siendo un lugar que impacta por su belleza silenciosa. Un poblado celta al borde del mar, entre rocas y acantilados, donde las ruinas parecen seguir habitadas por los antiguos. Visítalo al atardecer: comprenderás por qué muchos no quisieron irse nunca.
9. Ermida da Virxe do Porto (Valdoviño, A Coruña)
Una pequeña capilla sobre una lengua de tierra rodeada por el mar. Cuando sube la marea, parece flotar. Es un lugar de oración, sí, pero también de recogimiento natural, donde cada ola es una plegaria.
10. Praia da Mexilloeira (O Grove, Pontevedra)
Lejos del bullicio de A Lanzada, esta playa tranquila se esconde entre pasarelas de madera, dunas y marismas. Allí todo sucede más despacio: los cangrejos, las mareas, los recuerdos. Ideal para reencontrarse con uno mismo.
No hace falta que estén en los mapas.
Estos rincones están en la memoria colectiva de quienes los pisaron una vez.
Y para los gallegos que viven lejos, pueden ser el mejor motivo para volver.
Porque Galicia no siempre grita: a veces, susurra.
Y hay que estar cerca para volver a oírla.