- Desde las Rías Baixas hasta la Costa da Morte, hoy te ofrecemos un recorrido emocional por algunos lugares que, si visitaste, no has podido olvidar
Dicen que hay paisajes que uno lleva tatuados en el alma. Y en el caso de Galicia, muchas veces tienen forma de playa: con brumas de mañana, olor a percebe, risas de infancia y atardeceres que huelen a salitre y libertad. Para quien vive lejos, la morriña es ese pellizco silencioso que aparece al recordar la tierra. Pero hay un remedio que nunca falla: volver a pisar los arenales que nos vieron crecer, soñar o enamorarnos.
Hoy te invitamos a recorrer algunas de las playas gallegas que, más allá de su belleza natural, tienen la capacidad de reconectar con las raíces y curar la nostalgia. Porque volver a Galicia, aunque sea solo por unos días, es también reconciliarse con uno mismo.
1. Praia de Rodas (Illas Cíes): el paraíso que siempre soñaste
No hay morriña que se resista al azul turquesa de las Cíes. Declarada por The Guardian como una de las mejores playas del mundo, Rodas une dos islas con una lengua de arena blanca que parece no tener fin. Llegar en barco, caminar por los pinares y pisar su arena fresca es una experiencia que devuelve la paz. Y para muchos gallegos del exterior, una promesa cumplida: “algún día volveré”.
2. A Lanzada (O Grove - Sanxenxo): el verano de toda la vida
Para miles de familias emigrantes, A Lanzada fue y sigue siendo a praia da infancia. Inmensa, ventosa, de olas juguetonas, es el escenario perfecto para aprender a nadar, correr por las dunas o perderse en recuerdos. También es un lugar de rituales, como el baño de las nueve olas que tantas madres y abuelas transmitieron como promesa de fertilidad y protección.
3. Praia de Carnota (Costa da Morte): la Galicia más salvaje y serena
Con más de 7 kilómetros de longitud, Carnota no solo es la playa más larga de Galicia, sino un lugar casi místico. Aquí la naturaleza manda, el viento habla y el Atlántico impone respeto. Ideal para quien necesita un reencuentro íntimo con la tierra: sin artificios, sin turistas, solo mar, arena y cielo. Un lugar para cerrar los ojos y escuchar lo que de verdad importa.
4. Area Maior (Muros): donde las dunas guardan secretos
Entre el monte Louro y el océano se extiende esta playa de belleza cruda y silvestre. El contraste entre la laguna dulce y el mar bravo, el vuelo de las aves y el rumor del viento crean un espacio que parece suspendido en el tiempo. ¿Cuántas historias familiares se contaron bajo una sombrilla aquí? ¿Cuántas veces se pensó en volver mientras se recordaba este horizonte?
5. Praia das Catedrais (Ribadeo): postales que se llevan en la memoria
Aunque los arcos de piedra sean más famosos por su majestuosidad que por su intimidad, muchos gallegos del exterior tienen grabado en la retina ese primer paseo entre las formaciones rocosas al atardecer. Es un lugar que emociona, sobre todo si se visita con alguien que nunca ha pisado Galicia: “Mira —decimos con orgullo—, isto é tamén parte da miña terra”.
6. Praia de Patos (Nigrán): la libertad con olor a neopreno
Los que se criaron cerca de Vigo y el Val Miñor saben que Patos no es solo una playa: es una escuela de libertad. Con sus olas suaves y ambiente juvenil, sigue siendo el rincón preferido para quienes regresan y quieren revivir el espíritu surfero de sus veranos gallegos. Pisar Patos es reencontrarse con la versión más luminosa de uno mismo.
7. Praia de Razo (Carballo): un reencuentro con la energía del mar
Razo, con su amplitud, sus cielos inmensos y su energía constante, se ha convertido en símbolo de la Galicia moderna sin perder sus raíces. Aquí se cruzan los que vuelven del exterior, los jóvenes que redescubren su tierra y los mayores que se sientan al sol a recordar. En Razo, uno no solo se baña: se recarga.
Volver al mar para volver a Galicia
Hay muchas razones para volver a casa, pero pocas tan poderosas como la llamada del mar. Galicia no solo ofrece paisajes: ofrece memorias, raíces, silencios que hablan, y abrazos que huelen a sal. Volver a pisar estos arenales no es turismo, es un acto íntimo de reconciliación con lo que fuimos y con lo que aún podemos ser.
Este verano, si la morriña aprieta, ya sabes el remedio: Galicia está esperándote, con sus playas abiertas como un abrazo.