- Algunas palabras no se pueden traducir porque son casi formas de sentir. En Galicia, términos como morriña, retranca o luscofusco dicen más de nosotros que mil discursos: son memoria, identidad y emoción, y siguen vivas incluso lejos de casa
Hay palabras que no se pueden traducir. No porque no tengan equivalentes aproximados en otros idiomas, sino porque encierran una manera de estar en el mundo. Galicia está hecha de mar y de monte, de niebla y de fuego, pero también de palabras. Palabras que no se aprenden, se sienten. Que no se explican, se viven.
Y es que ser galego no es solo haber nacido entre rías y carballeiras, es también hablar con palabras que cargan siglos de historia, melancolía, ironía o ternura. Palabras que, incluso cuando vivimos lejos, siguen resonando dentro. Aquí reunimos algunas de las más intraducibles y entrañablemente nuestras.
Morriña: la saudade con raíces galegas
No hay gallego que no haya sentido morriña. Es más que nostalgia. Es una tristeza suave y persistente por lo que se dejó atrás: la casa, la familia, el mar, la lengua. Se puede tener morriña de la infancia, de una canción, de un lugar donde uno fue feliz. Quienes están fuera de Galicia la conocen bien. No se cura del todo, pero se sobrelleva escuchando una alborada, cocinando un caldo o escribiendo en gallego.
Retranca: el arte de decir sin decir
La retranca es un humor sutil y en apariencia serio. Es ironía envuelta en cara de póker. Es responder “bueno, bueno…” cuando uno quiere decir “no tienes ni idea”. Es dejar una pulla con elegancia y que el otro tarde un segundo en darse cuenta. La retranca no se enseña, se mama. Y es una de las armas más sofisticadas de la galleguidad.
Luscofusco: la hora máxica do día
Ese momento en que el sol se va pero la noche aún no ha llegado. En castellano sería el crepúsculo, pero luscofusco tiene un sonido que reproduce ese vaivén entre luz y sombra. Es la hora en que Galicia se vuelve misteriosa, cuando los hórreos parecen flotar y los caminos se llenan de leyendas. Nadie dice “atardecer” con tanta poesía.
Enxebre: o auténtico, sen artificios
Algo enxebre es algo auténticamente gallego, sin contaminación ni artificios. Puede ser una comida, una fiesta o una forma de hablar. Pero también un bar de aldea donde te sirven polbo sobre tabla de madera y albariño en taza de porcelana. Enxebre es lo que resiste al olvido. Lo que no necesita traducción porque se impone por su verdad.
Amodiño: o ritmo do corazón galego
Amodiño es despacio, pero con cariño. Es una forma de hacer las cosas sin prisa, cuidando los detalles. Es el paso lento del abuelo por la carballeira, la abuela pelando patatas al sol o el mar rompiendo suave contra las rocas. En Galicia no se corre, se vive amodiño. Porque la prisa es para los que no saben disfrutar.
Fouciño, meiga, orballo…
Hay decenas de palabras que no necesitan explicación para un gallego:
- Fouciño, la hoz que corta y la luna que brilla curva en el cielo.
- Meiga, la mujer sabia, temida y respetada, que no es bruja ni santa.
- Orballo, esa lluvia finísima que parece que no moja, pero empapa el alma.
Más que palabras, identidad
Estas palabras son raíces. A veces olvidadas, a veces susurradas, pero siempre vivas. Son patrimonio emocional de quienes nacieron aquí y de quienes partieron. Y cuando un gallego vuelve, lo primero que recupera es la lengua. Porque en gallego, todo suena a casa.