- Durante generaciones, miles de familias conservaron en América los recuerdos de una Galicia que sus nietos nunca habían pisado. Hoy, programas de la Xunta permiten a muchos de esos descendientes conocer la tierra de sus antepasados y reencontrarse con sus raíces.
Hay quien conoce el nombre de una aldea gallega antes incluso de saber situarla en un mapa. Quien ha crecido escuchando hablar de una casa de piedra, de una fiesta patronal o de un pueblo donde siempre llovía. Y quien ha aprendido palabras en gallego sin haber pisado nunca Galicia, simplemente porque eran las que utilizaban sus abuelos.
En miles de hogares de Argentina, Uruguay, Cuba, Venezuela o Brasil, Galicia ha estado presente durante generaciones de una manera muy particular: a través de los recuerdos.
Los abuelos hablaban de la tierra que habían dejado atrás. Los hijos crecían escuchando aquellas historias. Y los nietos, muchos años después, descubren que existe un lugar al otro lado del océano que, de alguna manera, también forma parte de su propia historia.
Una Galicia que sobrevivió en los recuerdos
Para quienes emigraron durante buena parte del siglo XX, Galicia era mucho más que el lugar donde habían nacido. Era la familia que se quedaba, las calles que conocían de memoria, el paisaje de su infancia y las costumbres que intentaban mantener vivas a miles de kilómetros de distancia.
Muchos encontraron en América una nueva vida. Formaron familias, abrieron negocios y echaron raíces en los países que los acogieron. Pero eso no significaba olvidar de dónde venían.
En las reuniones familiares seguían apareciendo nombres de pueblos gallegos. Se preparaban recetas aprendidas de las madres y abuelas. Se conservaban fotografías, cartas y documentos que habían viajado en las maletas de los emigrantes.
Y así, casi sin darse cuenta, muchos nietos crecieron con dos geografías: la del país en el que habían nacido y la de aquella Galicia que existía en los recuerdos familiares.
El día en que los recuerdos se convierten en lugares
Visitar Galicia por primera vez puede tener un significado muy distinto para quien ha crecido escuchando hablar de ella.
En ocasiones, el verdadero destino no es una ciudad ni un monumento, sino una pequeña parroquia, una casa familiar o una iglesia donde fueron bautizados sus antepasados.
Quizás la casa que describía la abuela ya no exista. Tal vez el pueblo haya cambiado tanto que resulte difícil reconocerlo en las fotografías antiguas. O puede que todavía permanezcan la fuente, el camino y la plaza de los que tanto se hablaba en casa.
Es entonces cuando aquellos recuerdos heredados adquieren una dimensión diferente. El nombre de una aldea deja de ser una palabra repetida durante años y se convierte en un lugar real.
De escuchar las historias de los abuelos a vivir Galicia en primera persona
Ese vínculo entre generaciones es precisamente el que buscan reforzar distintos programas impulsados por la Secretaría Xeral da Emigración de la Xunta de Galicia, que facilitan que jóvenes residentes en el extranjero y descendientes de emigrantes puedan conocer la tierra de sus antepasados.
Uno de ellos es Conecta con Galicia no Camiño, que en su edición de 2026 ofreció 100 plazas para jóvenes residentes en el exterior de entre 18 y 21 años. Durante su estancia recorrieron diferentes etapas del Camino de Santiago y participaron en actividades culturales para descubrir el patrimonio, la sociedad y la realidad actual de Galicia.
La experiencia permite algo que va mucho más allá de una visita turística: compartir días con otros jóvenes que también tienen raíces gallegas, recorrer los paisajes de los que escucharon hablar en sus familias y establecer una relación propia con Galicia.
Otra iniciativa es Conecta co Voluntariado en Galicia, que combina el conocimiento del territorio con actividades de conservación y puesta en valor del patrimonio natural y cultural. En 2026, el programa contempló 50 plazas, de las cuales 40 estaban destinadas a jóvenes de origen gallego residentes en el extranjero.
De esta forma, los participantes no solo descubren Galicia, sino que también contribuyen a cuidar aquello que forma parte de su historia y de su identidad.
Cuando el viaje se convierte en un proyecto de futuro
Para algunos descendientes de gallegos, aquel primer contacto despierta el deseo de regresar. Otros encuentran en Galicia una oportunidad para continuar su formación y comenzar una nueva etapa.
Las Bolsas Excelencia Mocidade Exterior (BEME) representan una de esas posibilidades. Este programa de la Xunta facilita que jóvenes gallegos residentes en el extranjero puedan cursar estudios de máster en las universidades públicas de Galicia.
Desde su puesta en marcha, las becas han permitido que numerosos descendientes de emigrantes lleguen a Galicia para formarse, establecer nuevos vínculos y valorar la posibilidad de desarrollar aquí su carrera profesional.
Así, la tierra que para sus abuelos representaba el pasado puede convertirse, para sus nietos, en una oportunidad de futuro.
Dos generaciones, una misma tierra
La Galicia que dejaron muchos emigrantes era muy diferente de la que encuentran hoy sus descendientes. Durante décadas, miles de personas tuvieron que marcharse porque las oportunidades laborales eran limitadas. La emigración dejó una profunda huella en innumerables familias.
Hoy, sus nietos descubren una Galicia con universidades, empresas, centros de investigación y nuevas posibilidades de desarrollo personal y profesional.
Para los abuelos, Galicia podía representar la infancia, los recuerdos y la familia que habían dejado atrás. Para sus nietos, puede convertirse en un descubrimiento, una experiencia compartida o incluso en el lugar donde construir su futuro.
Y quizás ahí esté lo más hermoso de estas historias: que alguien pueda llegar por primera vez a un lugar y sentir que, de alguna manera, llevaba toda la vida escuchando hablar de él.
¿En tu familia también se han transmitido historias sobre Galicia? ¿Has podido conocer el pueblo del que salieron tus abuelos? Nos encantará que compartas tu experiencia.