• Fabiola Monasterio Ríos llegó a las becas BEME de casualidad. Nacida en Chile hace 40 años, la suya es una historia urdida, sin saberlo, a través de las raíces gallegas de su padre.
13
May
2020
Fabiola y padre
Fabiola con su padre.

Pedro Monasterio Carrasco dejó A Coruña atrás en 1955, con apenas 16 años. Entonces tal vez no lo supiese. Pero lo cierto es que aquella era la última vez que pisaba su Galicia natal, el lugar en el que se guardan las historias de su infancia, camino de una fugaz adolescencia. Séptimo de ocho hermanos, Pedro arribó a Valparaíso con la vida por tejer, y entre nudo y nudo del relato, la trama lo fue asentando en Chile. “Allá tenía familia esperándolo. Mis tíos volvieron de viaje en alguna ocasión, pero él no quiso regresar más”, recuerda ya en presente Fabiola, su hija. Y lo hace, por uno de esos nudos de la historia, también desde Galicia. 

Antes, mucho antes, Pedro había montado un negocio familiar de ferreterías. En una de aquellas tiendas, en Santiago de Chile, conocería a Sonia Ríos. Se casaron a finales de los sesenta, y tuvieron dos hijos: Felipe (1973) y Fabiola (1979). “Mi padre era coqueto, divertido, callado, siempre atento a la cultura...”, prosigue ella tirando de memoria. Una afición, la cultural, que le llevó por ejemplo a comprarse, con apenas 17 años, la colección completa de ‘Revista de Occidente’, de José Ortega y Gasset. “Lo último que leyó fue Machado y Lope de Vega”.... La conversación se traba, rendida al silencio emocionado de quien ha perdido a su padre hace no mucho.    

Fabiola traga saliva y continúa. Ahora los recuerdos fluyen, en una catarata de hechos que guían el hilo conductor de lo que es. “Me decía que mi lugar estaba allá, que tenía que formarme, que estudiase Turismo...”. Y ella, buena hija, se formó y se licenció, aunque lo hizo en Filosofía. Se adentró en el mundo de la enseñanza; trabajó como profesora de Ética en la Fundación Educacional El Salvador. Algo que nunca le impidió seguir en contacto con la naturaleza. “En Chile hacía trekking”, recuerda.  

Más tarde, casi sin querer, se toparía con las becas BEME. “Fue en Facebook. Estaba navegando y me encontré un anuncio”, detalla, antes de continuar: “El escenario en Chile está muy feo. Yo estaba en paro, cesante, y cuando lo vi, lo tuve claro”.  

"LAS BEME HAN SIDO UN GRAN REGALO DEL UNIVERSO, DE DIOS, DE MI PAPÁ"

Estas becas ofrecen cada año, a 150 jóvenes gallegos del exterior, la posibilidad de cursar en Galicia sus estudios de postgrado. Una puerta abierta hacia un nuevo futuro profesional. Para Fabiola, la oportunidad de “empezar de cero”. “Las BEME han sido un gran regalo del universo, de Dios, de mi papá”, afirma con la seguridad que da saberse en el lugar donde una sólo se había imaginado.  

Siempre muy unido a Galicia 

Esta Galicia poco tiene que ver con aquella que Pedro Monasterio dejó atrás hace más de seis décadas. Sin embargo, hay cosas que permanecen exactamente igual, inamovibles al paso del tiempo y del relato: “Aquí las plantas se riegan solas. Mi papá siempre me lo decía”.  

Trekking 1
De trekking en Chile.
Trekking 2
De trekking en Chile.
Profesora
En su época de profesora.

Muchos años después, por supuesto, las plantas gallegas se siguen regando solas. Algo, al principio, incomprensible para Fabiola. “En Chile, el invierno pasado llovió dos o tres días”, expone. Y continúa tirando de recuerdos: “Mi papá siempre estuvo muy unido a Galicia”. Hay que estarlo para resumir de un modo tan simple y tan perfecto la esencia de esta tierra: el lugar donde las plantas se riegan solas.  

Un espacio frondoso, verde, henchido de plantas y de bosques, de naturaleza, de mar y de montaña... pero también de calidad de vida, de tranquilidad, de rutina y de quehaceres. “Me encanta Galicia”, sentencia Fabiola, al tiempo que retoma su añoranza: “Una semana antes de partir, me cantó el himno gallego”.    

Fabiola ha recorrido ya gran parte de esa Galicia verde y húmeda. Y lo ha hecho, en parte, gracias a las prácticas del Máster en Dirección de Actividades Educativas y de Naturaleza, que cursa en el campus de Lugo de la Universidad de Santiago de Compostela. El Castro de Baroña, las Fragas del Eume, los Picos de Europa...  

Y ahora aguarda paciente, a la espera de que los tiempos del Covid-19 nos concedan una tregua. En el horizonte, la opción de vivir en A Coruña, la infancia de su padre, la cuadratura del círculo. Y siempre, seguir disfrutando de Galicia. Aunque llueva, y mucho, porque este viaje concluye en el lugar donde las plantas se riegan solas.  

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Galicia 1
En Galicia.
Galicia 2
Otra de las excursiones por nuestra tierra.
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