• La de Diana Benítez Carballeira es una más de las múltiples historias de gallegos o hijos de gallegos que un día tuvieron que partir y que ahora vuelven a casa para continuar aquí con su vida y sus proyectos. En este caso, gracias a una de las becas BEME que cada año ofrece la Xunta de Galicia
05
Feb
2024
Diana, antes de venir a Galicia.

La de Diana Benítez Carballeira es una más de las múltiples historias que atraviesan el azul violento del Atlántico, en un viaje de ida y vuelta acompasado entre las irregulares olas del océano. Pero es su historia, por eso resulta irrepetible. Un ir y volver siempre a Galicia, a la tierra de sus raíces, que arraigan tan profundo que se cruzan, casi sin querer, con esa Venezuela que también extraña a ratos, en aquellos momentos en los que la calidez del agua le viene a la memoria. 

Pero Galicia es Galicia, “un encanto” lleno de “energía”, de un continuo contacto con la tierra, con una “naturaleza pura” difícil de olvidar. El rinconcito de su familia, al que Diana ha vuelto gracias a una de las beca BEME que cada año impulsa la Xunta.

Galicia es, en definitiva, el origen de todo, el lugar de Paca y Guillermo, sus abuelos, que hubieron de emigrar en otra época, en otro tiempo, en un espacio que el hambre, el miedo, la guerra o lo que fuese hace que se recuerde siempre en blanco y negro.

Estamos hablando de comienzos de la década de los 50. Poco después, en el 57, nacería Francisca, la madre de Diana, ya en Venezuela. Atrás quedaba Oleiros (A Coruña), a donde Paca y Guillermo volverían cuando sus hijos -tres en total- se hicieron ya mayores. Porque la tierra, a fin de cuentas, siempre tira.

Lo sabe bien Diana, que durante años volvía en verano a ver a sus abuelos, para retornar después a Venezuela. Un balanceo continuo que cambió a raíz de un accidente de tráfico. “Tenía un spa en Venezuela, terapias complementarias, estética relacionada con la medicina natural, recuerda.

Pero ese accidente fue la puerta de entrada hacia otro lugar más incómodo, más oscuro, menos plácido. “Me tocó pagar todo. Económicamente estábamos bien, pero me provocó una depresión horrible”, relata.

En el acto de graduación.
Con su familia, en las luces de Vigo.
Las becas BEME

Así que ahondó en la idea que había comenzado a barruntar: “Si me voy para España voy a buscar un máster”. Y así, casi sin quererlo, entró en la web de la Universidad de Santiago de Compostela donde descubrió las BEME, acrónimo, en gallego de Becas Excelencia Juventud Exterior (Bolsas Excelencia Mocidade Exterior).

Este programa, que cada año impulsa la Xunta de Galicia y que tiene actualmente abierta una nueva convocatoria, ofrece a los jóvenes gallegos del exterior completar su formación en las universidades públicas de la Comunidad, contribuyendo así a la lucha contra el reto demográfico.

Las becas alcanzan este su octava edición, y lo hacen con un incremento de la dotación económica asignada, que aumenta en 500 euros en las cuantías de la ayuda. El objetivo, otro año más, es traer de vuelta a Galicia a 250 titulados universitarios gallegos y de currículo brillante, residentes en el extranjero y con una titulación de grado, licenciatura, ingeniería o arquitectura, que quieran cursar estudios de máster en la Comunidad.

Como Diana, que no acababa de fiarse cuando presentó la documentación: “Nadie sabía si iba a ser verdad o no. Como en Venezuela te prometen una cosa y es mentira, teníamos ese miedo. Apliqué a la beca y fui seleccionada entre las 20 primeras”.

Así que, casi sin esperarlo, Diana se vio envuelta otra vez en el azul inmenso del Atlántico, pero esta vez para dejar atrás todo aquello que tanto había querido, “la alegría de la gente”, su vida, su pasado. Aunque por delante tenía un futuro y, por supuesto, una familia: “Cuando le dije a mis tíos que venía, ellos ya estaban en Oleiros y no dudaron en decirme que ya tenía donde quedarme”.

El proyecto profesional

Diana, por supuesto, no volvió sola. Lo hizo, primero, con su madre, Francisca, y con su hija, Stefani. Luego llegaron el resto, sobre todo Luis, su marido, que viajó cuatro meses después. “Ahora ya estamos todos. Llegamos a la casa de los abuelos, que ya habían fallecido”, rememora esta hija de emigrantes que en Galicia ha vuelto a encontrar su vida y su futuro.

Lo ha hecho tras cursar un máster de gerontología clínica, paso previo a abrir en Betanzos un herbolario, Naturalísima, junto a su hermana Tatiana: “Ella lleva la parte más energética. Yo la medicina natural y de estética”.

Ambas han vuelto a Galicia completando ese viaje de la emigración, de aquellos que un día tuvieron que partir y que ahora vuelven a la que siempre fue su casa. Tal vez sea cosa de morriña.

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